A fines de septiembre, la Cannabis Licensing Authority (CLA) continuaba una gira por Jamaica para explicar y facilitar el acceso a dos permisos especiales destinados a cultivadores que hasta ahora habían tenido dificultades para ingresar a la industria regulada. La iniciativa busca acercar el sistema a productores con menos recursos y acompañarlos durante la formalización.
El Cultivator’s Transitional Special Permit permite a cultivadores individuales trabajar durante un periodo de hasta dos años mientras desarrollan las condiciones necesarias para avanzar, como mínimo, hacia una licencia de cultivo Tier One. La autoridad no cobra tasas de solicitud ni de permiso y ofrece asistencia técnica durante esa transición. Para acceder se exige, entre otros requisitos, ser mayor de 18 años, residir en Jamaica, acreditar identidad, presentar antecedentes policiales y disponer de al menos media acre de tierra.
La segunda vía, denominada Special Community Permit, está pensada para grupos organizados de agricultores de comunidades con tradición de cultivo. Les permite reunir recursos y producir colectivamente hasta diez acres de cannabis dentro del circuito autorizado. La medida busca corregir una de las contradicciones del mercado legal jamaicano, donde muchos cultivadores tradicionales quedaron fuera mientras avanzaban operadores con mayor capacidad financiera.
Ese problema ya aparecía en la cobertura que hicimos sobre Jamaica y su relación histórica con la ganja. En 2023, productores locales señalaban que los mecanismos anunciados para incorporar a pequeños cultivadores no habían logrado materializarse. La nueva regulación intenta responder a esa brecha mediante permisos específicos y menores barreras de entrada.
La propia CLA reconoce que el desequilibrio persiste. Según su director sénior de Operaciones, Shandel Hannam, alrededor del 70 % de los participantes de la industria regulada son minoristas, lo que deja una proporción mucho menor de cultivadores autorizados. Ampliar la base productiva es también una necesidad del mercado, no solo una medida de inclusión.
La experiencia jamaicana se suma a una discusión más amplia sobre cómo priorizar a pequeños agricultores en los mercados regulados de cannabis. Sin embargo, abrir una vía administrativa no demuestra todavía que esos productores hayan conseguido integrarse de forma estable. El resultado dependerá del acceso efectivo a tierra, asistencia técnica, financiación y compradores para sus cosechas.
Para Jamaica, donde el cannabis forma parte de una historia social y cultural mucho anterior al mercado legal, el desafío será comprobar si esta vez la regulación logra incorporar a quienes ya cultivaban antes de que existieran licencias.