Mendoza aparece como una provincia que quiere construirse a sí misma como un polo económico, donde confluyen empresas, cultivadores, laboratorios, profesionales de la salud y funcionarios. Ese corrimiento del eje no es menor, más aún considerando que la cultura política durante décadas sólo supo hablar del cannabis en clave policial.
Sin embargo, esta transformación no se sostiene con un entusiasmo puntual producto de un encuentro como del MendoCann y es bueno precisar que Mendoza cuenta hoy con una ley específica, la Ley 9617 y con su decreto reglamentario 1928/2025, que ordenan el desarrollo del cannabis medicinal y del cáñamo industrial en la provincia. La novedad más concreta de ese andamiaje es la creación del Registro Provincial del Cannabis y Cáñamo Industrial, bajo la órbita del Ministerio de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial.
Si bien hablar de “industria” resulta seductor, una industria no nace de un slogan ni de una expo y se requiere coordinación administrativa, controles sanitarios, seguridad jurídica, capacidad técnica y articulación entre provincia y Nación. En Argentina, además, el escenario normativo está dividido entre dos carriles que no conviene confundir. Por un lado, la Ley 27.350 regula el uso medicinal y crea el programa nacional correspondiente. Por otro lado, la Ley 27.669 establece el marco para el desarrollo industrial y comercial del cannabis medicinal y el cáñamo industrial. El acceso de pacientes, la investigación, el autocultivo autorizado y la dimensión productiva conviven, pero no son lo mismo. Mezclarlos suele producir ruido político y malas decisiones.
También por eso conviene moderar lo que está ocurriendo en esta provincia ya que el cannabis puede abrir una oportunidad para economías regionales, laboratorios, cooperativas, pymes y desarrollos tecnológicos, pero sólo si esa expectativa se traduce en procedimientos verificables y en productos con estándares. En el plano medicinal, además, la legitimidad del sector depende de la indicación médica, evidencia disponible, seguimiento y acceso regulado. El REPROCANN, con todas sus limitaciones, existe justamente para ordenar esa dimensión y para sacar a muchos usuarios del limbo entre necesidad terapéutica y persecución.
En ese punto, como deja ver también la nota publicada por el medio local El Sol, Mendoza parece estar ensayando algo más interesante que una moda productiva pasajera. En cambio la provincia busca transformarse en un actor relevante del sector, aunque eso dependerá de la capacidad de sostener un ecosistema regulado, técnico y legible para pacientes, productores e inversores.