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Menos opioides entre pacientes que usaron cannabis en Israel

Un seguimiento de cinco años con 241 pacientes israelíes con dolor lumbar crónico asoció el uso de cannabis inhalado con mejoras sostenidas en el dolor. También registró una fuerte reducción del consumo simultáneo de opioides pasando del 100 % al inicio al 4,6 % al final del periodo observado.

Investigadores del Rabin Medical Center, en Israel, publicaron en mayo en la revista Biomedicines el análisis retrospectivo de una cohorte con 241 personas que padecían dolor lumbar resistente al tratamiento. Antes de sumar cannabis inhalado, habían probado durante al menos un año opioides, anticonvulsivos, antidepresivos, antiinflamatorios y fisioterapia. Cinco años después, casi el 90 % reportó una reducción del dolor superior al 30 %, y el 77 % superior al 50 %.

El resultado que más circuló fue el de los opioides: su uso simultáneo cayó del 100 % al inicio del estudio al 4,6 % en el quinto año. También disminuyó notablemente el empleo de antiinflamatorios, antidepresivos y gabapentinoides. El hallazgo coincide con estudios anteriores según los cuales el cannabis podría reducir el uso de opioides en personas con dolor crónico, aunque no permite atribuirle por sí solo esa reducción.

La retención fue inusualmente alta. De los 241 participantes, 238 aportaron datos al quinto año y 224 –el 92,9 %– seguían usando cannabis; cinco abandonaron por efectos adversos o falta de eficacia. Esa continuidad fortalece el seguimiento, pero no elimina sus sesgos: era una cohorte seleccionada de pacientes refractarios que accedieron al tratamiento y no existió un grupo comparable sin cannabis. Tampoco puede saberse cuánto influyeron otros cambios clínicos. Por eso los autores piden ensayos aleatorizados antes de afirmar que el cannabis puede reemplazar a los opioides.

El trabajo se suma a evidencias obtenidas en otros contextos, como la asociación entre la apertura de dispensarios y menos muertes por opioides en EE UU. Ninguno de esos análisis, incluido este, es un ensayo clínico capaz de demostrar causalidad: describen correlaciones en poblaciones específicas, no una alternativa universal a los opioides.

La reducción observada en el uso de opioides merece atención, pero sus límites impiden convertirla en una conclusión general. El estudio aporta un seguimiento prolongado de una cohorte muy específica y abre una vía de investigación que todavía deberá comprobarse mediante ensayos clínicos controlados.

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