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Tres genes están explicando cómo el cannabis define su sexo

Un grupo de investigadores identificó tres genes que explicarían cómo el cannabis define su sexo. El hallazgo aporta nuevas pistas sobre la biología de la planta, abriendo un escenario relevante para el desarrollo de cultivos más estables y precisos según las necesidades de producción.

La determinación sexual del cannabis ha sido, durante décadas, uno de esos territorios donde la botánica todavía conserva zonas oscuras. Se sabía que las plantas femeninas suelen portar dos cromosomas X y que las masculinas presentan un cromosoma X y uno Y, pero esa explicación resultaba insuficiente para comprender por qué algunas variedades desarrollan flores masculinas y femeninas en una misma planta o cómo se activa, en términos genéticos, esa diferencia. Para el cultivo el sexado del cannabis define decisiones prácticas desde las primeras fases de desarrollo.

En ese punto se sitúa el nuevo estudio publicado en New Phytologist, que dirige la atención hacia una región genética llamada Monoecy1. Dentro de esa zona, los investigadores identificaron tres genes estrechamente vinculados —CsREM16, lncREM16 y CsKAN4— que podrían participar en la forma en que la cannabis regula la aparición de flores masculinas, femeninas o mixtas. La importancia del hallazgo no reside únicamente en señalar tres nombres dentro del genoma, sino en mostrar que el control sexual de la planta parece depender de una arquitectura más compleja de lo que sugería la simple presencia del cromosoma Y.

Según el trabajo, CsREM16 aparece asociado con la expresión femenina, mientras que lncREM16 muestra un patrón relacionado con características masculinas. CsKAN4, por su parte, estaría implicado en la diferencia entre plantas dioicas y monoicas, es decir, entre aquellas que separan los sexos en individuos distintos y aquellas capaces de producir flores de ambos sexos lo que permite pensar que la sexualidad del cannabis como un sistema de regulación gradual, donde varios genes interactúan para orientar el desarrollo floral y podrían complementar futuras herramientas de marcador genético para sexar cannabis.

La investigación incorpora además una comparación con el lúpulo, una especie emparentada con el cannabis. La presencia de genes equivalentes en ambas plantas sugiere que este mecanismo podría tener un origen antiguo, anterior a la separación evolutiva entre las dos especies, estimada en torno a 28 millones de años. La pista evolutiva amplía el alcance del estudio, porque conecta el cultivo del cannabis con procesos más amplios de adaptación y diferenciación vegetal.

Para la agricultura, estas conclusiones pueden tener consecuencias prácticas ya que en los cultivos destinados a la producción de cannabinoides suelen buscarse plantas femeninas, una preferencia que también se relaciona con la mayor producción de CBD en plantas hembra observada en investigaciones recientes. En el cáñamo industrial, en cambio, pueden interesar variedades monoicas por su uniformidad y rendimiento en fibra. Comprender mejor los mecanismos que orientan el sexo de la planta permitiría afinar los programas de selección, reducir riesgos de polinización no deseada y avanzar hacia cultivos más estables.

Este estudio confirma que el cannabis todavía guarda zonas poco exploradas incluso en aspectos fundamentales de su biología. En una industria donde la estabilidad genética y la estandarización son cada vez más importantes, descubrir cómo la planta define su sexo puede transformarse en una herramienta clave para el futuro del cultivo comercial y científico.

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