Publicado en el Journal of Cannabis Research, el trabajo de Niara A. Nichols, A. John Dane y Rabi A. Musah buscó separar una pieza concreta de la química del humo para determinar qué compuestos pueden originarse a partir del propio Δ9-THC cuando se somete a temperaturas similares a las de la zona de pirólisis de un cigarrillo encendido. El estudio llega después de otro trabajo del mismo equipo dedicado al CBD y se concentra en moléculas pequeñas de entre tres y diez átomos de carbono.
Para hacerlo, los investigadores utilizaron un estándar de Δ9-THC con una pureza de 98,44 % y sometieron 0,25 miligramos a calentamientos de 30 segundos entre los 400 y 800 °C. Los ensayos se realizaron en condiciones diseñadas para imitar la escasez de oxígeno que se produce cerca de la zona de combustión y los productos resultantes fueron analizados mediante cromatografía de gases bidimensional y espectrometría de masas de alta resolución. No se utilizaron cogollos ni se reprodujo una sesión real de consumo.
En conjunto, las diferentes temperaturas produjeron 79 compuestos distintos dentro del análisis y la diversidad aumentó con la temperatura y alcanzó su máximo a 700 °C. Entre los compuestos aparecieron hidrocarburos aromáticos, fenoles, cetonas y otros grupos químicos. Treinta y cuatro de las moléculas identificadas ya habían sido descritas en humo de cannabis, una coincidencia compatible con que el THC sea uno de sus precursores durante la combustión.
Ese resultado complementa un artículo que publicamos sobre cómo vaporizar cannabis reduce subproductos tóxicos de la combustión. Aquella investigación analizaba emisiones producidas por flor calentada o quemada, pero, en este trabajo, se aísló el THC para seguir su transformación térmica. La planta contiene además otros cannabinoides, terpenos y componentes que también pueden generar productos cuando reciben calor.
Los autores relacionan varios de los compuestos identificados con efectos adversos descritos en estudios anteriores, entre ellos genotoxicidad y neurotoxicidad. Esos efectos no fueron medidos en este experimento, que tampoco cuantificó cuánto de cada molécula se produciría durante una sesión habitual de consumo. Para pasar de la identificación química a una estimación del riesgo será necesario determinar las concentraciones que aparecen en humo real y la exposición efectiva de quienes lo inhalan.
Está quedando claro que quemar cannabis implica algo más que liberar el THC contenido en la planta, porque el calor también transforma esa molécula. Este estudio empieza a identificar parte de esa química, mientras deja para trabajos posteriores qué cantidades aparecen de esos productos durante el consumo real.