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Ilustración: Oscar Noguera

Los problemas de la legalización en Canadá

Oswaldo Pérez Cabrera
Este artículo se publicó originalmente en el número 255 de la revista Cáñamo España

“No me ha llegado mi paquete”; “No hay producto”; “El mío llegó dos semanas tarde”; “Perdieron mi pedido”. Estos son algunos de los comentarios más comunes que se pueden leer en las redes sociales, en las conversaciones de café y al lado del garrafón de agua en las oficinas. La legalización en Canadá enfrenta un par de problemas principales en mi humilde opinión. El primero es el gobierno con sus leyes duras y absurdas para poder producir, distribuir y vender. El otro es que los que manejan la legalización son unos papanatas cabezas de chorlito, que forman parte del mismo gobierno, casualmente.

¿Ustedes pondrían a los de Podemos a dirigir al Barca [LM1] o al PP a manejar la Comisión de Derechos Humanos? Claro que no, así como yo no voy a trabajar de físico nuclear ni ustedes de toreros. Esos dos factores, la burocracia y la ineficacia de los empresarios y políticos, que al final son los mismos, han provocado un desabasto que ha hecho que el mercado negro crezca para poder suplir la demanda. Es una legalización a medias, ya que se cultiva suficiente en Canadá y hay canales de distribución ya establecidos, pero el gobierno no les da licencias porque quiere que solo sus allegados se beneficien de la venta de la marihuana. Hay una sobre producción de marihuana en Oregón que se podría importar fácilmente, es decir, hay desabasto porque el gobierno quiere, y tardarán tres años en normalizarse.

Desde las primeras semanas de la legalización se empezaron a vaciar los estantes. En Quebec, The Société Québécoise du Cannabis (SQDC) tuvo que cerrar sus puertas tres días después de haber abierto. A pesar de que la droga es legal, ahora es inaccesible legalmente. Los impedimentos burocráticos son el mayor obstáculo a la falta de oferta. La nueva ley federal, el Acta del Cannabis, dice que los productores tienen que aplicar por las licencias de Health Canada[LM2] , pero no las dan lo suficientemente rápido, pues no quieren competencia.

Sobran ejemplos: Julian Fantino, exjefe de la Policía en Toronto, que se convirtió en un político conservador bajo Stephen Harper, ahora forma parte de la junta directiva de Aleafia, una compañía de marihuana medicinal. Qué decir de Martin Cauchón, exministro de Justicia bajo Jean Chrétien en el 2003, cuando se descriminalizó la posesión de pequeñas cantidades, pues ahora es el jefe de la junta directiva de 48North, otra compañía de marihuana medicinal. Herb Dhaliwal, otro ministro de la era Chrétien, fundó National Green Biomed Ltd. en la Columbia Británica, donde tienen un terreno para producir marihuana de dos mil ochocientos metros cuadrados.

Así es, amiguitos, todas estas personas que perseguían a los marihuanos y decían que era una droga peligrosa ahora se lucran con ella. Como en el caso de Terry Lake, que fue alcalde de la ciudad de Kamloops y ministro de Salud de la Columbia Británica y ahora produce marihuana con HEXO, cuyo socio es Adam Miron, quien fue uno de los directores del Partido Liberal. También la oposición se metió de lleno en el negocio, como Mike Harcourt, quien fuera premier [LM3] de la Columbia Británica por el NDP y ahora su vocación lo llevó a la junta directiva de Leaf Medicine International Ltd. Otros políticos incluyen a Ernie Eves de los conservadores, expremier [LM4] de Ontario, y Chuck Rifici, CFO del Partido Liberal de Canadá, ambos en sendas empresas cannábicas. ¡Vaya!, hasta el ex primer ministro Brian Mulroney se ha unido a Acreage Holdings, una compañía estadounidense de cannabis. Hay muchos más, pero da flojera tanto para mí escribirlas como para ustedes leer una lista de hipócritas burocráticos.

Estas personas no tienen experiencia en el mercado cannábico; se quisieron comer todo el pastel ellas solas y han hecho un cagadero. Ya hemos mencionado que el encargado de llevar el asunto de la marihuana por parte del gobierno es Bill Blair, otro expoli. Nunca se imaginaron que iba a ser tan difícil. Los consumidores no están felices, particularmente en Ontario, donde el cuarenta por ciento de la gente que ha ordenado sus productos en línea en Ontario Cannabis Store, marihuana gubernamental, han dicho que el servicio es menos que satisfactorio. Por su parte, las largas filas de horas fuera de las tiendas gubernamentales han frustrado a muchos. Solo existen pocos dispensarios legales, y en Ontario ninguno hasta la fecha, lo que ha provocado que el mercado negro vuela a florecer. Un estudio del periódico nacional The Globe and Mail ha arrojado un resultado espeluznante: el mercado negro ha roto récord de ventas desde la legalización debido al descontento del cliente, la falta de producto de calidad y la falta de oferta.

Ahora que uno puede poseer marihuana es más fácil realizar una transacción clandestina, pero hay que seguir teniendo cuidado al fumar en público, pues te puede caer una multa pesada de más de cien dólares. El gobierno quiere su tajada.