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Niveles

(Aviso importante: no traten de hacer esto en casa)

Fotografías de Alberto Flores
Fotografías de Alberto Flores

Bienvenidos de nuevo a La Tercera Fase, nuestro pequeño rinconcito del desfase, del más allá que pacá, de los límites de la psiconáutica y de quienes los habitan. Hoy, con todos ustedes, un invitado de excepción: Beto, uno de nuestros lectores, que ha tenido la deferencia de querer compartir con nosotros un breve resumen de su transitar diario por los confines de la mente poniéndolo en relación con los cinco niveles de la experiencia psiconáutica. En definitiva, un testimonio instructivo a la par que divertido que, como bonus extra para los más exigentes e instruidos, será complementado con la intervención del inquietante y perturbador Ciudadano X (¡ojo!, que podría ser su mismísimo vecino, el de ustedes, queremos decir, no el de Beto).

Nivel 1

Este nivel produce un efecto de alguna potenciación visual (colores más brillantes) y sonidos musicales más “anchos” o más punzantes a los oídos. Este nivel puede alcanzarse por medio de una dosis normal o baja de marihuana o una dosis muy pequeña (0,25-0,50 gramos) de una droga como la psilocibina (Wikipedia dixit).

Beto: “Nunca he bajado de ahí”.

 

Nivel 2

Colores brillantes, visualizaciones, formas geométricas… Este nivel se puede alcanzar con una dosis pequeña de psilocibina (0,50-1 gramo) o muy pequeña de LSD (25-35 ug), también puede ser alcanzado consumiendo una dosis potente de marihuana.

Beto: “Mariconadas”.

 

Nivel 3

Efectos visuales muy obvios, patrones caleidoscópicos, fractales, alucinaciones con los ojos cerrados. Confusión de los sentidos, sinestesia. Distorsiones del tiempo y momentos de eternidad. Obtenibles con dosis medias de psilocibina (1-2,5 gramos) o mescalina (200-300 mg) y bajas de LSD (50-75 ug).

Beto comentando una embriaguez de DOC/DOB (anfetaminas psicodélicas de larga duración, pudiendo llegar hasta 20 horas o más en el caso del DOC): “Cuando llegué a casa me puse a escuchar Extremoduro y el puto Robe, que es un máquina; el hijoputa empezó a guiarme. Lo que iba diciendo en cada canción era justo lo que me pasaba, lo que pensaba. Cerré la persiana. Me dio el punto, me puse a bailar y… Nunca más volveré a tener esa fusión con el ritmo de la puta música. Pero, de repente, digo: ‘¿qué estás haciendo, gilipollas? Para’. Y me tumbo. Y, ¡alucina,! empecé a tener unas visiones que no conocía. Nunca había sentido eso. Me esforcé para sentirlo más, más y más, hasta que tuve que parar porque flipé: veinte horas pedo y alucinando”.

 

Nivel 4

AF

Efectos visuales fuertes como objetos que se transforman en otros objetos. El ego se disuelve o se divide: los objetos comienzan a hablar, se sienten cosas contradictorias simultáneamente. El tiempo se distorsiona y los participantes pueden percibir una actividad que apenas dura unos minutos como si hubiera durado horas. Experiencia de “salir del cuerpo”. Este estado se logra, por ejemplo, con una dosis normal o alta de LSD (150-400 ug).

Beto reseñando su pedo de 5-MEO-DMT (triptamina alucinógena de corta duración, presente en las glándulas del sapo Bufo alvarius y en varias plantas empleadas habitualmente en las tradiciones chamánicas latinoamericanas): “Lo que más me llamó la atención de la mierda esta es lo de no controlar el tiempo. Yo sentía que a veces estaba en un sitio y luego de repente aparecía en otro. Sabía que eso no era posible. Entonces, luego, cuando estaba en el otro lado, el tiempo pasaba mucho más rápido, todo se aceleraba, hasta mis palabras, todo, todo, todo, a toda hostia hasta recuperar el tiempo perdido. Yo era consciente de que había perdido ese tiempo, así que lo recuperaba, tío. Luego eran las tres de la mañana, estaba la tele puesta y estaba un gilipollas de estos del tarot y se le cayeron las cartas, pero se le caían hacia arriba y cuando las recogió, va, eso ya fue una movida, porque bajaba las manos arriba”.

 

Nivel 5

Pérdida total de la conexión visual con la realidad. Los sentidos cesan de funcionar en la forma normal. Pérdida total del ego. Sensación de mezclarse con el espacio u otros objetos del universo. Sensación de alcanzar el comienzo o el fin del espacio y el tiempo. Estados parecidos al sueño o a una película. Este nivel puede alcanzarse con dosis altas de LSD (400 ug o más) o ketamina (150-250 mg) o muy altas de psilocibina (5 gramos o más) o con Salvia divinorum (por ejemplo: 0,10-0,25 gramos de extracto X5) o con DMT (40-60 mg).

Beto respecto a su experiencia con la ketamina: “Creo que ha sido el ciego más grande que he pillado en mi vida… Lo entendía todo, te lo juro, entendía la vida… No me parece raro, no me parece raro… Somos cosas, somos materia, energía… Lo entendía todo, ¡todo!”.

Beto, tras degustar una macedonia de frutos psicotrónicos (MDMA, 2CB, 5-MEO-DMT en dosis altas y repetidas): “En la pared se reflejaba un hilito de luz. Y sentí que la luz se convertía en una gota de agua y dije: ‘¡joder, qué guay!’. La gota se hizo grande hasta alcanzar el tamaño de una llanta de coche, no más, y me metí dentro. Empecé a subir por una escalera cuadrada, con curvas. Y me costaba mucho subir, y de improviso la escalera se empezó a derrumbar para arriba. Y tuve que decir: ‘salgo, salgo, salgo’; y cuando salí, volví en mí y tenía la mano arriba, saliendo y… Aquí estoy, con dos cojones”.

 

Fuera de órbita

Estas han sido las experiencias que nuestro estimado amigo Beto ha tenido a bien relatarnos. Experiencias, suyas y personales, que van de lo más liviano y suave a lo más alto y profundo, aun cuando eso en sí mismo parezca ser inalcanzable, pues es ley universal que, cuente uno el ciego que cuente, jamás faltará el iniciado, el iluminado o el gurú de turno que suelte aquello de “Si crees que has llegado a lo más alto, es que no has llegado”.

Pero, tranquilos, que para satisfacer también a nuestros queridos Maestros Yoda de la psiconáutica hemos ideado un ultimísimo nivel, el fuera de órbita, del que, sin la necesidad de mayores descripciones, podrán hacerse una perfecta idea de sus peculiaridades escuchando a nuestro siguiente invitado:

Ciudadano X (juro por las criaturas de Shulgin que no es Beto) tras ingerir 2CE en dosis indeterminada (feniletilamina psicodélica de duración media): “Estaba sentado en el coche, en los sótanos de debajo de El Corte Inglés. Una banda me había secuestrado y me pedía diez mil dólares para salir. ¡Puto agobio! Entonces vi pasar a una señora de la limpieza y, de inmediato, caí en la cuenta de que la situación era otra: estaba en el garaje de una urbanización donde la noche anterior había venido con una mujer. Recordé que cuando su marido llegó a casa yo me fui diciéndole: ‘Total, ya me la he follao’. Ese día no sé quién fliparía más, si él o yo, y tampoco me preguntes qué es más desquiciada, si la realidad o la alucinación”.

 

Toma falsa

¿Qué es lo que todo el mundo quiere y espera ver al final de su serie favorita? Efectivamente: ¡las tomas falsas! ¿A que ustedes también quieren ver una de La Tercera Fase? ¿A que lo están deseando? Pues aquí la tienen: disfruten de la experiencia gastrodélica del insigne Beto bajo los efectos del 2CB, una feniletilamina psicodélica de media duración (4-15 horas):

Beto: Me comí un bocadillo con el 2CB y te juro que lloré.

Entrevistador: ¿Por hacerle daño al pan?

Beto: No, porque hacía mucho que no comía y tenía hambre... Y fue ¡maravilloso! ¡Comeeeeeeeeer! Si es que, joder, el cachondo del Florián me decía que me estaba desintegrando, y claro, yo que andaba espantando moscas que no existían y viendo el aire, pues me lo creí, así que se me ocurrió que igual con un bocata podría revertir el proceso. Y el caso es que todo apunta a que lo hice.

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