Mescalina, ¿la droga de los místicos?
Fotos: Laura Aranda

Mescalina, ¿la droga de los místicos?

Reyes Tagamanent
Este artículo se publicó originalmente en el número 265 de la revista Cáñamo España

La mescalina (3,4,5-trimetoxifenetilamina), un alcaloide psicodélico natural de la clase de las fenetilaminas, caracterizada por sus efectos alucinógenos, algo comparables a los del LSD y la psilocibina. Es habitualmente reconocido como el principal químico activo en el cactus peyote (Lophophora williamsii) y el cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi).

Julia y María compran a través de internet un par de cactus maduros. Siguiendo las instrucciones de diversos foros de internet, separan unas pocas tapas duras, llamadas botones, y se las toman. Al principio sienten fuertes náuseas, pero el mareo desaparece y las dos pasan por un viaje psicodélico como dios manda. Aun así, las experiencias son muy distintas. María se pasa el rato paseando por el jardín y flipando con las plantas y los insectos, mientras que Julia afirma haber tenido una experiencia mucho más trascendental: en algunos momentos tenía la sensación de salir de su propio cuerpo y en otros se sentía omnisciente, como si flotara por el cosmos. Una vez pasado el colocón, el regreso a la normalidad se le hace mucho más difícil que a María, que no para de contar cosas sobre los colores que ha visto y lo bien que se lo ha pasado. La vuelta a la rutina se le hace rara, y empieza a buscar información sobre el cactus peyote en internet, donde encuentra relatadas experiencias místicas y esotéricas. Julia, agnóstica de toda la vida, ante tanta información empieza a preguntarse si será verdad que la planta tiene un carácter divino, pero el hecho de que la experiencia de María sea tan distinta le confunde.

Mescalina encantada

La sustancia de la que estamos hablando es la mescalina (3,4,5-trimetoxifenetilamina), un alcaloide psicodélico natural de la clase de las fenetilaminas, caracterizada por sus efectos alucinógenos, algo comparables a los del LSD y la psilocibina. Es habitualmente reconocido como el principal químico activo en el cactus peyote (Lophophora williamsii) y el cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi).

La mescalina fue aislada e identificada por primera vez en 1897, y sintetizada por primera vez veinte años más tarde. El cactus crece salvaje en el suroeste de Estados Unidos y en el norte de México, y es un componente clave en muchas de las ceremonias religiosas de sus habitantes, los indios nativos desde hace, al menos, 5.700 años.

En 1971 se prohibió a nivel internacional en la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas (CSP), incluyéndose en la tabla I de los alucinógenos. En España, el estatus legal de la mescalina es el mismo que para otras drogas consideradas ilegales (MDMA, anfetamina, heroína): tanto su consumo como su tenencia están sancionados administrativamente cuando son en la vía pública, y su venta es considerada como un delito contra la salud pública, así como su extracción.

Una curiosidad sobre la legislación de la mescalina en Estados Unidos –la cual se prohibió antes de que lo hiciera la CSP– es la excepción legal actual para los nativos americanos organizados en la Iglesia Nativa Americana, que sí tienen permiso para “el uso, posesión o transporte de peyote por un indio para fines de ceremonia tradicional”. Esto se debe a que la penalización de los indios que seguían utilizando peyote en las ceremonias entraba directamente en contradicción con The Indian Religious Freedom Act de 1978. Esta ley fue aprobada precisamente para proteger su cultura y libertad de culto, por lo que, después de varios conflictos y enmiendas, los nativos consiguieron protección legislativa formal en 1994.

‘Las puertas de la percepción’

Pero ¿qué efectos tiene realmente la mescalina? En mayo de 1953, Aldous Huxley tomó 400 mg de mescalina en un experimento supervisado. Quizá lo conoceréis por ser el autor de la distopía Un mundo feliz, para muchos considerada la otra cara de 1984, de Orwell, a la vez que una predicción mucho más acertada del futuro que ahora estamos viviendo. El caso es que, un año más tarde, publicó el ensayo Las puertas de la percepción, donde relataba en primera persona los efectos que había manifestado en su experiencia psicodélica, así como las reflexiones que había obtenido de esa.

Las alucinaciones visuales que relataba distan mucho de tópicos como ver “rostros o formas de hombres o animales”, sino que implicaban una percepción mayor de la intensidad de los colores, tal y como “una lenta danza de luces doradas, suntuosas superficies rojas que se hinchaban y expandían desde brillantes nódulos de energía”.

Las referencias espaciales y temporales también cambian. No solamente es que se vean deformadas, sino que, tal y como Huxley lo expresa, “dejan de importar mucho, se produce una indiferencia completa, [...] mi reloj estaba en otro universo”. Es habitual que se produzcan también disociaciones corporales, es decir, tener la sensación de que los movimientos corporales tienen un pequeño delay, o tener la sensación de estar observándose fuera del propio cuerpo. A veces se llega a experimentar la famosa “disolución del ego”, la sensación de dejar atrás momentáneamente el ser un individuo y estar conectado con el resto del universo, de percibir(se) como un todo homogéneo.

Así como la capacidad de moverse, recordar y pensar bien “quedan poco o nada disminuidas”, “las impresiones visuales se intensifican mucho y el ojo recobra parte de esa inocencia perceptiva de la infancia”. Precisamente, una de las experiencias compartidas más comunes con la mescalina u otros alucinógenos son las llamadas “regresiones a la infancia”, en las que los estímulos y los objetos se perciben como si los viéramos por primera vez y no se tuvieran preocupaciones típicas de la edad adulta. Huxley bautiza este estado como “la existencia desnuda”, la apertura de la última puerta de percepción que permite ver sin los filtros habituales. En este estado, Huxley se atrevió a afirmar que “siempre deberíamos ver las cosas así”, aunque inmediatamente rectifica porque razona que “esta contemplación es incompatible con la acción y hasta con la voluntad de actuar”, es decir, que no podríamos aguantar el día a día en este estado por maravilloso que pueda parecer al estar bajo sus efectos.

A pesar de que los efectos de los alucinógenos como la mescalina son tremendamente subjetivos, la narrativa de Huxley nos puede dar un par de pistas sobre el porqué del potencial espiritual de la mescalina: el tipo de sensaciones que provoca y la posibilidad de percibir nuestro entorno de una forma radicalmente distinta que en nuestras rutinas, de “cambiar de lugar” sin alterar la capacidad de razonar, propician la posibilidad de lograr una meditación y contemplación deseadas, así como la posibilidad de reflexionar fuera de los hilos de pensamiento habituales. Aun así, es importante recordar que la mescalina es una sustancia que produce unos efectos perceptivos concretos; cómo leemos e integramos estas experiencias ya es cosa de las personas y el contexto cultural donde vivimos. Y de ahí, su potencial espiritual.

La cabeza que flote, pero los pies, al suelo

¡Pero que lo bueno no nos despiste! La mescalina es una sustancia psicotrópica, y, como el resto de ellas, implica tener en cuenta una serie de factores para disminuir los riesgos de su consumo. Los podemos dividir en tres: sustancia, persona y contexto.

Cantidad

Temporización

Baja

100-200 mg

Activación

60-180 min

Común

200-300 mg

Duración

6-12 h

Alta

300-500 mg

Postefectos

3-5 h

1. Sustancia. La mescalina es una sustancia físicamente muy segura; no se conocen casos de muertes directamente relacionadas con su consumo y, por lo tanto, los riesgos principales con dosis elevadas son los de posibles accidentes físicos o de dificultades psicológicas. Aun así, conviene analizar la muestra antes de tomarla (al fin y al cabo, la mescalina sintética no es un producto muy común y a veces se ponen a la venta otros psicodélicos como LSD o DOx bajo el mismo nombre) y medir bien las cantidades. En general, también se desaconseja mezclar mescalina con otras sustancias, especialmente si no se tiene mucha experiencia.

2. Persona. Los efectos de los alucinógenos como la mescalina son muy sugestionables. Si nos sentimos nerviosos, alterados, con cansancio mental, con problemas psicológicos o sencillamente estamos pasando un mal momento y no tenemos un buen mood, habrá que pensarlo dos veces: el inconsciente está removido y nos puede jugar una mala pasada en forma de un viaje accidentado. Aunque no sea el caso, es bueno intentar iniciar la experiencia con una actitud positiva y unas expectativas razonables.

3. Contexto. El ambiente debería ser agradable, seguro y amigable. Un lugar donde encontrarnos cómodos y podamos experimentar libremente sus efectos, pero que también transmita confianza para poder comunicarnos bien. Los espacios naturales pueden resultar apropiados, pero también conviene tener algún sitio interior donde poder recostarse si es necesario. Crear un buen ambiente antes de consumir, así como expresar dudas, preocupaciones y expectativas con la gente que compartiremos la experiencia (se desaconseja hacerlo solo o sin nadie que no haya consumido haciendo compañía), es una buena manera de crear un buen ambiente. También se recomienda despejar el día siguiente (no tener obligaciones y permitirse descansar) para integrar bien la experiencia.

Los principales efectos secundarios son náuseas, nerviosismo, ansiedad, frío o calor, efectos visuales que provocan confusión y, en general, los habituales que pueden provocar los alucinógenos. Durante la subida pueden aparecer ansiedad y nervios; es oportuno poder dejarse llevar en vez de resistirse hasta que se estabilicen los efectos. Si se empieza a producir un mal viaje (experiencia psíquica desagradable), es conveniente buscar un lugar tranquilo y seguro; buscar la compañía de una persona cercana emocionalmente y recordar que los efectos desagradables son pasajeros, que terminarán, igual que lo hará el efecto de la sustancia. En caso de que el estado psicológico sea muy grave, es preferible buscar la ayuda de un servicio médico.

Volviendo al caso de nuestra amiga Julia, es normal que después de una experiencia intensa sea difícil integrarla. Para conseguirlo es recomendable trabajarlo individual y colectivamente. Puede ser de ayuda escribir el viaje o explicarlo en voz alta para intentar ordenarlo, así como hablarlo con las personas con las que has compartido la toma de mescalina en un espacio seguro y sin juicios. Igual que pasa con los viajes intensos a otros países, la resaca emocional puede ser intensa, y no hay necesidad alguna de asimilarlo todo en poco tiempo.

¿Puede ser la mescalina una buena herramienta para visitar lo espiritual? Puede. ¿Es su viaje revelador de verdades divinas absolutas? Lo más probable es que no. Las verdades las definimos entre todos a través de las culturas compartidas, y al final los efectos alucinógenos no nos separan de nuestro yo y de nuestra memoria. Más bien los desordenan y nos permiten mirarlo desde otra perspectiva.

Referencias

https://www.erowid.org/chemicals/mescaline/mescaline.shtml https://psychonautwiki.org/wiki/mescaline http://drugs.tripsit.me/mescaline https://www.erowid.org/references/refs_view.php?ID=7116 https://www.erowid.org/library/books_online/pihkal/pihkal096.shtml https://www.erowid.org/freedom/civil_rights/religion/religion_airfa.shtml https://energycontrol.org/infodrogas/otras/mescalina.html https://www.erowid.org/chemicals/mescaline/mescaline_timeline.php https://en.wikipedia.org/wiki/American_Indian_Religious_Freedom_Act