Setas alucinógenas
Foto: Laura Aranda

Setas alucinógenas

Este artículo se publicó originalmente en el número 267 de la revista Cáñamo España

Un grupo de amigos organiza una pequeña salida a la colina de su ciudad. El plan está claro y lleva meses preparándose: pícnic y toma conjunta de setas. Siguiendo los consejos de uno de ellos que ya ha probado antes, comen bien por la mañana, y al cabo de unas horas toman todos a la vez. Pasado un buen rato, todos empiezan a notar los efectos menos Gorka, que no siente nada notable y decide tomar el rol de cuidador. Pasan las horas y Edu se empieza a rallar. Algo que ha visto o ha pensado le ha provocado mal rollo, y ahora no se lo quita del cuerpo. Gorka se sienta con él y le habla de temas sencillos para distraerle, hasta se ponen a ver una película de animación juntos. Edu se va relajando poco a poco y se encuentra mejor, y todos terminan bien el viaje.

Setas

¿De qué hablamos cuando hablamos de setas alucinógenas? Lo más probable es que en nuestra cabeza aparezca la imagen de una seta roja con puntitos blancos, la famosa Amanita muscaria. Aunque esta seta es alucinógena, suele tener efectos secundarios difíciles de gestionar, y requiere un proceso concreto para consumirla adecuadamente. Lo cierto es que las setas alucinógenas suelen hacer referencia a todo el conjunto de hongos del género Psilocybe. Su nombre viene de los vocablos griegos psilos (‘pelado, desnudo’) y kube (‘cabeza’), que traducido literalmente significa ‘cabeza pelada’, seguramente en referencia a su apariencia. Estas setas son mucho más seguras y fáciles de cultivar y consumir. Este género de hongos principalmente contiene dos componentes psicoactivos: la psilocibina y la psilocina (y en menor grado, la baeocistina y la norbaeocistina).

Historia

Hay evidencias que sugieren que los hongos psicoactivos han sido usados en ceremonias religiosas durante miles de años alrededor del globo: se han encontrado restos arqueológicos, murales y artefactos en España, Argelia y México, entre otros. Hay varios indicios de que dichas ceremonias han influido en rituales y religiones de culturas indoeuropeas, perdurando el legado cultural aun después de dejar de lado la experiencia alucinógena con el hongo.

Un divertido ejemplo es el del que parece ser el origen de la simbología del famoso Papa Noel en las tradiciones paganas de pueblos del norte de Europa. Se dice que los chamanes siberianos tenían la costumbre de vestirse de los colores de la amanita (rojo y blanco) para salir a recolectar esta seta días antes del solsticio de invierno. Para secar los hongos, se colgaban dentro de un calcetín junto al fuego, y para entrar en las casas que tenían la puerta bloqueada por la nieve, diseñaron una abertura en el techo de las casas por donde se entraba y salía.

Aunque pueda apetecer recrear el proceso de recolección de hongos, se tiene que tener en cuenta que los chamanes eran personas muy experimentadas y con amplios conocimientos de la naturaleza. Se precisa conocimiento experto para reconocer y recoger setas, no se debe probar sin ayuda ni formación.

A finales de los años cincuenta del siglo pasado, Hofmann –el creador del LSD– y su grupo de investigación sintetizaron varios compuestos relacionados químicamente con la psilocibina natural, para ver cómo los cambios estructurales afectarían a la psicoactividad. Durante la década de 1960, la Universidad de Harvard fue un hervidero de pruebas con la psilocibina sintetizada. Algunos experimentos como el de la Prisión de Concord sugirieron resultados prometedores en psiquiatría clínica. Pero a medida que se acababa la década el panorama cambió: una reacción violenta y estigmatizante contra el uso del LSD (relacionándolo con el movimiento hippie) arrastró a la psilocibina junto con esta categoría. El cambio de paradigma se institucionalizó en 1971, cuando se prohibieron decenas de drogas a nivel internacional en la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas (CSP). Desde entonces, las restricciones sobre el uso de estas sustancias en la investigación en seres humanos dificultaron la obtención de fondos para tales proyectos, y los científicos que trabajaron con drogas psicodélicas se enfrentaron a ser “marginados profesionalmente”, por lo que se dejó de explorar el potencial terapéutico de la psilocibina. Dichas investigaciones no han sido retomadas hasta finales de los noventa, junto a un avance de la neurociencia y un retorno del interés por parte de la prensa popular.

Legalidad

En España, consumir setas –o en general, drogas– no es ilegal. Se considera que las drogas son perjudiciales para la salud, por lo que traficar con ellas significa poner en peligro la salud de los demás –delito contra la salud pública–, pero al mismo tiempo no se puede obligar a nadie a que “no lleve una buena salud”. Es por esto que nos encontramos en la paradoja de que mientras que consumir no es ilegal, sí que lo es cultivar, elaborar, traficar, promover, favorecer o facilitar el consumo de drogas ilegales.

¿Qué pasa con las setas? La posesión de esporas de hongos no es delito, ya que no contienen el principio activo considerado como droga, pero sí que lo es si se germinan y dejan crecer.

En cuanto la espora pasa a ser una seta, son consideradas como drogas a todos los efectos. En principio, la posesión de setas frescas sería legal y la de setas secas, pulverizadas, embolsadas o encapsuladas sería ilegal. No obstante, esto también depende de las cantidades: unas pocas setas secas podrían justificarse como destinadas al propio consumo, pero una gran cantidad de setas frescas seguramente sería entendida como destinada al tráfico. En consecuencia, sean frescas o secas, se recomienda llevar solo cantidades moderadas y nunca por la calle, pues su posesión puede tipificarse como delito y castigarse con multas que van de los trescientos a los tres mil euros, aunque sean para consumo propio.

Efectos

Como siempre, las cantidades también son importantes a la hora de consumir. A diferencia de otras drogas, a las setas no se las suele asociar a problemas como la adicción o la sobredosis mortal (no se conoce ningún caso en toda la historia). Aun así, controlar las cantidades (como existe una variación en el tamaño de las setas, lo más adecuado es medir la dosificación en gramos y no en número de ejemplares) es un básico para poder gozar de una buena experiencia, pues una dosis demasiado alta podría “superarnos” y causar una experiencia complicada. La tabla que se adjunta es solamente orientativa, así que recomendamos consultar otras fuentes más concretas que tengan en cuenta las variables que hacen que su concentración se vea afectada, como el tipo de seta o si están secas o frescas. Por otro lado, debido a la variación en el contenido de psilocibina y psilocina entre unas setas y otras, lo más recomendable es pulverizarlas de modo que obtengamos una concentración homogénea, que será la media de todas las setas que tengamos.

Cantidad

Temporización

Baja

0,5-1,5 g

Activación

15-60 min

Común

1,5-2,5 g

Duración

4-6 h

Alta

2,5 g+

Postefectos

1-4 h

La psilocina y psilocibina tienen unos efectos alucinógenos algo similares a los tripis, aunque normalmente menos bruscos y de menor duración. Aun así, si se piensa consumir de fiesta y bailoteo, las dosis bajas o medias serán las más adecuadas. Las dosis altas es mejor consumirlas en contextos tranquilos como una casa. Los primeros síntomas que aparecen durante la “subida” pueden manifestarse con una “inestabilidad corporal”: escalofríos, vértigos, náuseas o sudores. Por este motivo se recomienda tener el estómago vacío (tampoco en ayunas o teniendo hambre, sencillamente dejar pasar dos horas desde la última ingesta). Estos efectos pasarán y todo se estabilizará, y pueden tardar en aparecer entre quince minutos o una hora.

Las risas y cierta euforia son típicas de las primeras fases del viaje o del uso de dosis bajas. Posteriormente, suele pasarse a un estado de calma y tranquilidad, acompañada de una marcada sensación de lucidez y claridad mental. La percepción del mundo se trastoca, la percepción del tiempo y los sentidos se alteran. Todo esto puede vivirse como algo fascinante, arrolladoramente impactante y hermoso, causando un estado de satisfacción, serenidad y gratitud.

No obstante, la alteración de las emociones, las percepciones y el pensamiento a veces puede no ser percibida de la forma que querríamos. En algún momento puede ser vivido como horroroso y angustiante. Tener momentos de mal rollo dentro de un viaje es normal, y puede ser integrado positivamente si se deja pasar. Pero a veces estos malos rollos pueden quedarse encallados, haciendo entrar a la persona en bucles repetitivos que pueden causar pánico y ansiedad: es lo que a veces se conoce como “un mal viaje”.

¿Qué hacer frente un posible mal viaje?

  • En primer lugar no se debe dejar nunca a esta persona sola, y el trato con ella debe ser agradable y suave.
  • Hablar directamente, sin cuchicheos o comportamientos que puedan aumentar su paranoia.
  • Buscaremos un espacio seguro y tranquilo, le informaremos de todas las decisiones que tomemos, preguntándole qué le apetece y qué no, pero sin agobiarle.
  • Intentaremos no agobiarle, pero podemos ofrecerle un contacto físico (una mano en la espalda) para transmitirle seguridad con nuestra compañía.
  • Le daremos un “ancla”: por ejemplo, repetirle que “esto que te pasa es por las setas, se pasará cuando terminen los efectos”.

Los mal rollos pasan, en el peor de los casos, cuando termina el efecto de la seta. Aun así, como es el caso de Gorka y Edu, también hay margen de maniobra en el mismo viaje: de la misma forma que puede haber sugestión de mal rollo, también se pueden integrar sensaciones agradables que hagan que el viaje vire para bien. Lo importante, y la gran ventaja de las setas comparadas con otras sustancias, es que a nivel físico son muy seguras. Por dura que pueda ser la experiencia, mientras estemos en buenas manos, la experiencia pasará sin ninguna secuela física. Si cuidas tu ambiente, a ti mismo y la dosis, la experiencia puede ser memorable e incluso muy positiva.

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