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Sumisión química
Fotos: Laura Aranda

La sumisión química, verdades y mitos

Félix Tuidara
Este artículo se publicó originalmente en el número 248 de la revista Cáñamo España

Cada vez se habla más sobre la sumisión química (SQ), definida como el uso de una sustancia psicoactiva para manipular o anular la voluntad de una persona de manera que sea más fácil cometer actividades delictivas contra esta. Según varios medios de comunicación, este fenómeno está en alza, teniendo cada vez más protagonismo mediático con palabras como burundanga o escopolamina. ¿Es esto algo que realmente ocurre en España? Y de ser así, ¿cuáles son las sustancias más usadas en casos de sumisión química? 

Según algunos medios, no solo es una situación común, sino que para ello se usan drogas exóticas y atípicas como la burundanga. Esta sustancia en particular es la que más a menudo se demoniza, ya que supuestamente anula completamente la voluntad de aquellos que la toman, haciendo que obedezcan cualquier orden, además de ser indetectable y usada por muchos criminales. En resumen, es la sustancia perfecta para un mito urbano. Y es que ninguno de esos tres atributos se aproxima del todo a la verdad. Sin embargo, parece que sacar una noticia jugosa es más importante que el rigor periodístico, hecho que nos lleva a encontrarnos perlas como la siguiente cita, sacada de un artículo publicado en una revista supuestamente seria: 
“La víctima intoxicada con burundanga sigue cualquier orden sin presentar resistencia, es decir, si se le ordena, es capaz de ofrecer su dinero y sus pertenencias sin hacer intento de escapar. Frecuentemente se utiliza para robos, pues el abuso sexual, según datos recopilados por Ardila-Ardila, Moreno y Ardila-Gímez (2006), corresponde a menos del 5% de los casos”. 

Para empezar, el término burundanga es un coloquialismo, el compuesto activo es la escopolamina, una sustancia que en dosis altas es un delirante. Los efectos que causa no son tan predecibles como implica el texto, sino que puede provocar delirios, confusión, alucinaciones, boca seca, pupilas dilatadas, arritmias, problemas respiratorios, etc. Estos efectos varían mucho según la dosis, y en dosis altas pueden ser suficientemente severos como para causar la muerte. Esto significa que en el caso hipotético que una persona intoxique a otra con el fin de controlar su voluntad, puede encontrarse con una víctima completamente incoherente, incapaz de seguir instrucciones y, en el peor de los casos, muerta. En la última década, en España apenas hay dos casos de sumisión química en los que había presencia de escopolamina, uno de los cuales resultó en la muerte de la víctima. Esto choca con la cifra citada por el artículo del 5%. Pero cuando revisamos la publicación mencionada, no solo nos encontramos con una frase diferente, sino que el supuesto origen de esta información es de una publicación del 2002 de los mismos autores y que no está disponible en internet. La cita real no es más que una teoría sin pruebas: “El abuso sexual se observa muy rara vez en casos de intoxicación con burundanga, probablemente corresponde a menos del 5% de los casos”. Lo que alguna gente argumenta es que la escopolamina se usa mucho más de lo que pensamos, pero como en sangre solo se puede detectar entre dos a seis horas después de la ingesta, no llegamos a encontrarla. Este argumento pierde fuerza cuando consideramos que en orina se puede detectar hasta más de doce horas después. 

Escopolamina

A falta de datos contrastados tenemos que admitir que las cifras sobre el uso de escopolamina en España podrían tener una gran parte de mitos y suposiciones. Desafortunadamente, eso no quiere decir que no haya una alto porcentaje de detección de sustancias psicoactivas en víctimas de agresiones sexuales. En un estudio realizado por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses entre el 2010 y el 2013, se seleccionaron 152 casos de abuso sexual (de un total de 445) en los que había sospechas de estar involucrada la sumisión química. De los 152 casos, un 85,5% de las víctimas dieron positivo en alguna sustancia psicoactiva. Para ser más exactos, un 76,9% dieron positivo en alcohol; un 36,1%, en fármacos (principalmente, benzodiacepinas), y un 29,2%, en drogas ilícitas (principalmente, cocaína). 

Si al leer que la sustancia ilícita más encontrada es la cocaína te has preguntado por qué alguien usaría un estimulante para llevar a cabo una sumisión química, ya has descubierto un detalle muy importante. Las analíticas solo detectan la presencia de sustancias, son incapaces de determinar si la ingesta de esa sustancia por la víctima fue consciente o sin su consentimiento. Entonces, se pueden separar los casos de SQ en dos categorías: la proactiva y la oportunista. La proactiva se refiere a cuando un agresor administra sin consentimiento una sustancia a una víctima con el objetivo de incapacitarla, mientras que la oportunista es cuando un agresor se aprovecha de la intoxicación resultante de la ingesta voluntaria de una sustancia por una víctima para acosarla. A ojos de la ley deberían tratarse con la misma gravedad, ya que el hecho de haber consumido una sustancia psicoactiva que afecta al juicio de alguien nunca justifica que otra persona se aproveche de este. Nunca deberíamos culpar a la víctima por haber tomado una sustancia que sin querer le haya hecho perder facultades. Que alguien esté incapacitado no da derecho a nadie a aprovecharse de él o ella. Sin embargo, el fenómeno explica por qué una sustancia como la coca está presente en tantos casos de agresiones sexuales: en esos casos es una SQ oportunista. Con diferencia, la droga que más a menudo se detecta en casos de SQ es el alcohol, probablemente por su omnipresencia en ámbitos nocturnos y los efectos que puede causar. 

Hemos establecido, entonces, que de momento en España no hay un uso extenso de drogas de sumisión química, al menos en el sentido más extremo del concepto, y que muchos de los casos de sumisión química son oportunistas. Pero tampoco podemos olvidar que un 23% de las víctimas dieron positivo por benzodiacepinas, un grupo de fármacos fáciles de conseguir y que tienden a causar confusión y amnesia cuando se toman en combinación con alcohol. Aunque seguramente unos cuantos de los casos son de víctimas que tienen benzodiacepinas recetadas, es muy posible que una parte substancial sí que se trate de SQ proactiva. 

En resumen, la burundanga es prácticamente inexistente en España, pero eso no quita el hecho de que haya un número significativo de casos de SQ oportunista y algunos de SQ proactiva. Para empezar a tratar el problema, debemos evitar perseguir leyendas urbanas que no existen y dejar de culpabilizar a las víctimas de una agresión si han consumido sustancias psicoactivas. El hecho de que una persona esté incapacitada o vulnerable nunca le da el derecho a otra persona a aprovecharse de la situación, indiferentemente de si la ingesta ha sido voluntaria o involuntaria.