Mitos meta

Mitos meta

Este artículo se publicó originalmente en el número 278 de la revista Cáñamo España

La guerra contra las drogas ha impuesto un mensaje aparentemente muy claro en el imaginario popular: las drogas son malas y deberían erradicarse. Sin embargo, parece que el mensaje no es tan claro como debería, ya que algún que otro mito se ha perpetuado de forma masiva. En este artículo nos centraremos en los mitos que giran en torno a la metanfetamina.

La metanfetamina es una sustancia estimulante del grupo de las anfetaminas y de la familia de las fenetilaminas, a la que también pertenecen el MDMA y la anfetamina. Se suele presentar como polvo blanco o cristalino, de sabor muy amargo.

La metanfetamina fue sintetizada por primera vez en 1893, a partir de la efedrina, por el químico japonés Nagai Nagayoshi. La sustancia no fue usada para fines farmacéuticos hasta 1934, cuando comenzó a ser vendida en inhaladores como descongestivo bajo el nombre de Benzedrina. En 1935 se descubrieron sus efectos estimulantes y se empezó a usar para tratar la narcolepsia, y más adelante el TDAH.

Durante la segunda guerra mundial, tanto la anfetamina como la metanfetamina fueron utilizadas por sus propiedades estimulantes. A medida que se descubrió su potencial de dependencia, se implementaron restricciones en su venta. Aun estando controladas, tanto la anfetamina como la metanfetamina han seguido utilizándose para propósitos muy variados, tanto legales como ilegales.

¿Engancha a la primera?

El primer mito es un clásico, aplicado a la mayoría de “drogas duras”: con tan solo probarla una vez, te enganchas de manera irremediable a la sustancia. Según Steve Allsop, director del Instituto Nacional de Investigación sobre Drogas de la Universidad de Curtin, es muy poco probable que alguien desarrolle una dependencia después de tomar metanfetamina una vez. La frecuencia es un factor importante en la dependencia, aun teniendo en cuenta que, como con todo, la primera vez que se prueba algo se tiende a perderle el miedo inicial, factor que puede contribuir a repetir la experiencia con más facilidad.

¿Se te caen los dientes?

El segundo mito tiene, como todos los buenos mitos, un toque de verdad. Si consumes metanfetamina se te caen los dientes y desarrollas heridas o irritaciones en la piel. No existen pruebas de que sea el consumo directamente el que causa estos síntomas en algunas de las personas que desarrollan un consumo problemático, sino que a veces esto viene por una falta de higiene y cuidados personales. Una dieta pobre, rica en azúcares y combinada con lavarse menos los dientes, puede contribuir a que se deterioren. En conclusión, es una posibilidad, pero para nada es una garantía.

¿La meta y el eme es lo mismo?

Existe otro mito, que es más bien una confusión. Alguna gente cree que la metanfetamina y el MDMA son la misma sustancia. Esto puede pasar porque en Estados Unidos la meta se conoce como crystal, y en España el MDMA se conoce también como cristal. Incluso comparten una parte del nombre, ya que el nombre completo del MDMA es metilendioximetanfetamina. No obstante, las dos sustancias son completamente diferentes en precio, dosis, duración y efectos. Donde la meta puede durar más de ocho horas, con una dosis media de entre 10 y 30 mg y unos efectos estimulantes fuertes, el MDMA suele durar menos de ocho horas, con una dosis media de entre 80 y 120 mg y efectos estimulantes más leves además de empatógenos.

Pautas sin mitos

Si vas a usar metanfetamina, más que rendirte a los mitos, puede serte útil seguir las siguientes pautas de reducción de riesgos:

- Comienza con una dosis de prueba para poder valorar y decidir cuál va a ser tu ritmo.

- Deja un tiempo prudencial entre dosis. Espera a que los efectos bajen un poco antes de tomar más.

- Decide hasta dónde quieres llegar. Marca tú el límite.

- Deja de tomar si sientes más efectos negativos que positivos: demasiada estimulación, dolor en el pecho, calambres, dificultad para respirar o dolor abdominal.

- Estando de fiesta, conviene hidratarse y descansar para evitar los golpes de calor (aumento de temperatura corporal y desfallecimientos).

- El hecho de esnifar puede provocar lesiones en las fosas nasales como sinusitis (inflamación de la mucosa que cubre los senos paranasales), rinitis (inflamación de la mucosa de las fosas nasales), hemorragias nasales y, en el caso de un uso continuado, ulceraciones y perforaciones del tabique nasal. Por otra parte, algunos estudios sugieren que compartir el turulo puede ser un factor de riesgo para la transmisión del virus de la hepatitis C.

- Pulveriza bien la metanfetamina que vayas a tomar, evitando dejar partículas grandes que puedan lesionar tus fosas nasales.

- Utiliza una superficie limpia (nunca encima de la taza del váter, por ejemplo).

- Evita usar billetes u otros materiales poco higiénicos.

- Límpiate bien las fosas nasales (con agua tibia) antes y después de esnifar para eliminar restos.

- Utiliza un turulo propio, limpio y desechable. Este último consejo es particularmente importante. El virus de la hepatitis C (VHC) se ha detectado en billetes y otros materiales usados para esnifar. No hay pruebas claras de que pueda transmitirse al compartir turulos, pero está claro que algunos patógenos se transmiten por fluidos nasales (por ejemplo, los virus del catarro común o de la gripe), por lo que usar un turulo propio debería ser una norma de higiene básica, sobre todo en estos tiempos.

Al final, las drogas son como todo, los mitos suelen ser infundados, y es importante tomar precauciones si se quiere tener la experiencia más positiva posible. Al menos, siguiendo unas simples directrices, no es difícil ahorrarse perder los dientes, como mínimo.

Referencias

https://www.abc.net.au/news/health/2016-06-28/ice-addiction-can-it-happen-after-just-one-use/7550114 https://energycontrol.org/sustancias/metanfetamina

 

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