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La droga más consumida

Nos embarcamos en el apasionante mundo de la cafeína, sus usos lícitos e ilícitos, así como sus análogos, no sin antes hacernos una pregunta polémica pero necesaria: ¿es la cafeína una droga?

¿Qué es una droga? 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la segunda acepción para la palabra droga es una “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”. Dejando de lado la idoneidad de utilizar este diccionario –a veces, retrógrado– para buscar el significado de nuestro vocabulario, está claro que hay algo que se escapa a esta definición, pues en nuestra sociedad esta palabra tiene una connotación más bien negativa. 

Según esta definición, la cafeína, la sustancia psicoactiva más consumida en todo el globo, sería una droga. A mi parecer, lo es. Su consumo a dosis presentes en un café, para la persona sin tolerancia alguna, genera sensación de estimulación y energía, acompañada por una mejora en la capacidad cognitiva. Mas muchas personas se escandalizarían si se les apuntara que cada mañana están consumiendo una droga. O peor aún, que se están drogando. 

Y es que el hecho de consumir sustancias psicoactivas no está libre de hipocresías y ambivalencias en esta sociedad en la que vivimos. Aparentemente, tomar café, beber unas cervezas el fin de semana con los amigos o ingerir un comprimido de lorazepam para aplacar la ansiedad no se considera drogarse, ya sea porque está socialmente aceptado o, en el último caso, porque se está haciendo un uso médico de una sustancia psicoactiva. En cambio, consumir hongos psilocibios con fines espirituales, éxtasis con fines recreativos o cannabis para tratar ciertas patologías sí que sería considerado drogarse por la mayoría de las personas.

Pero ¿por qué se droga la persona que consume una pastilla de MDMA en una rave y no la persona que bebe dos cubatas en una discoteca?, ¿dónde radica la diferencia? A mi parecer, es algo ficticio. Pero parece ser que la conciencia de mucha gente se queda más tranquila cuando los que se drogan son otras personas, las que consumen sustancias ilegales. ¿¡Cómo lo va a hacer la persona que bebe alcohol o café, o que toma benzodiacepinas por prescripción médica!? 

¿Por qué no nos dejamos de tonterías y somos adultos? La humanidad lleva consumiendo todo tipo de sustancias psicoactivas desde hace milenios. Estimulantes como la cafeína o el kat; depresores como el alcohol o el opio, y alucinógenos como la mandrágora o el peyote. Ya basta de este elitismo y segregación, promulgados por leyes obsoletas que vejan a personas que optan por alterar su conciencia de maneras no normativas. Sin más preámbulos, hablemos de lo que es la droga más consumida en todo el planeta: la cafeína.

Muchos nombres, una misma molécula 

La droga más consumida - Cafeína

Cafeína, teína, guaranina o mateína no son más que denominaciones varias para lo que químicamente es idéntico: la 1,3,7-trimetilxantina. Este alcaloide se encuentra naturalmente presente en plantas, árboles y arbustos varios, oriundos de diversos continentes del globo. 

Por un lado, tenemos Coffea arabica, un arbusto originario de Yemen y Etiopía, pero que ahora se cultiva en muchos puntos de nuestro planeta. Creo que no es necesario extenderse mucho con este ser vivo y sus frutos, empleados para producir la tercera bebida más consumida del mundo, el café. 

La primera bebida más consumida es, lógicamente, el agua. ¿Y la segunda? El té, que normalmente son las hojas infusionadas del arbusto conocido científicamente como Camellia sinensis. Si bien no se conoce con certeza el punto geográfico exacto de donde proviene esta planta, se cree que es algún lugar entre China, Birmania e India. Como fanático del té que soy, especialmente del té verde japonés, podría estar hablando horas de sus variedades y los diferentes procesados. Pero no lo haré. Lo que si comentaré es que el té, a diferencia del café, contiene un aminoácido conocido como L-teanina, que es capaz de balancear los efectos estimulantes de la cafeína, al menos según indican varios estudios. La presencia de este compuesto, junto con la menor concentración de cafeína en el té, hacen que sea una bebida mucho más sutil que el café. 

Se denomina guaranina a la cafeína presente en la Paullinia cupana, un arbusto que crece naturalmente en las cuencas amazónicas. Sus frutos, conocidos como guaraná, han sido empleados por los tupíes y los guaraníes desde antes de la llegada de los conquistadores, y en los últimos años su uso se ha visto popularizado en bebidas energéticas.

No nos podemos olvidar de una bebida altamente popular en Argentina, Paraguay y Uruguay: la hierba mate. Este árbol, que recibe el nombre Ilex paraguariensis, proviene de la región localizada entre Paraguay, Uruguay, el sur de Brasil y el norte de Argentina. Al igual que el guaraná, su uso por parte de los pueblos tupíes y guaraníes se remonta a tiempos precolombinos. Sin embargo, con la llegada de los invasores, su utilización se expandió rápidamente. 

Finalmente, me gustaría apuntar otras fuentes naturales de cafeína, como la nuez de cola o el árbol de guayusa. La nuez de cola, que normalmente se obtiene del árbol Cola acuminata, proviene de África Occidental, y posiblemente sea conocida por su uso para preparar la bebida carbonatada Coca-Cola. En el caso del árbol de guayusa (Ilex guayusa), sus hojas son usadas para hacer infusiones en la zona amazónica, sobre todo en Colombia, Ecuador y Perú.

Algunos derivados de la cafeína 

La droga más consumida - Cafeína

Existen moléculas muy semejantes a la cafeína presentes en alimentos y medicamentos de uso común. Comencemos por el delicioso chocolate. ¿A quién no le gusta el chocolate? Pues a alguna gente, como todo en esta vida, y es normal. Pero seguramente haya más gente a la que le guste que a la que no. En mi caso, me encanta el fin de semana poder gozar de una onza o dos de chocolate con un calentito té verde japonés. Y todas las mañanas las empiezo con un vaso de leche de arroz y cacao puro. 

Como cualquier alimento, el chocolate contiene una miríada de compuestos orgánicos, muchos de ellos con propiedades fisiológicas. Y uno de ellos es la teobromina: si bien su estructura es muy similar a la de la cafeína, su actividad farmacológica se ve muy reducida. De hecho, al menos en mi experiencia, las propiedades estimulantes del café son infinitamente más notables que las del cacao puro, y es que unos 10 g de cacao, a pesar de contener entre 100 y 200 mg de teobromina, no tienen efecto alguno sobre mi sistema nervioso. Sin embargo, muchos estudios apuntan a propiedades muy positivas, pues es un compuesto antiinflamatorio y neuroprotector. 

Otra molécula muy similar a la cafeína y la teobromina es la teofilina. Está presente en el té y el chocolate, pero a concentraciones tan bajas que no tiene efecto alguno sobre nuestro cuerpo. Mas su uso como fármaco está muy extendido, incluido en nuestro país. La teofilina está incluida en el vademécum como tratamiento del asma o el espasmo bronquial asociados a enfermedades pulmonares como la bronquitis crónica o el enfisema. Su margen terapéutico (intervalo entre la dosis mínima eficaz y la dosis mínima tóxica) es estrecho, por lo que es importante una buena monitorización por parte de un profesional de la salud. 

"La cafeína no solo es la droga por excelencia de esta sociedad, sino también uno de los adulterantes preferidos por el mercado ilícito"

Existen tres compuestos presentes como meras trazas en las diversas plantas nombradas previamente: la teacrina, la liberina y la metil liberina, que han aparecido recientemente en el mercado de los suplementos. Algunos estudios apuntan a que estas sustancias presentan una farmacología y un perfil de seguridad similares a los de la cafeína. A pesar de esto, siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de consumir cualquier suplemento, especialmente si se están tomando otros fármacos. 

En mi experiencia, sin embargo, la teacrina y la metil liberina son más bien poco activas. Dosis de 100 y 200 mg de metil liberina no mostraron actividad alguna sobre mi conciencia, aun sin tolerancia alguna a la cafeína, y 250 mg de teacrina provocaron una ligera estimulación, reminiscente a la de la cafeína. 

Para acabar, me gustaría hablar de un compuesto más bien curioso, poco conocido, pero muy presente en nuestra vida: la Biodramina®. Este fármaco normalmente se emplea para prevenir el mareo provocado por los medios de locomoción. En el prospecto se indica que cada comprimido contiene 50 mg de dimenhidrinato. Pero la realidad es más interesante, pues el dimenhidrinato no es una molécula, sino la sal resultante de combinar un antihistamínico clásico, la difenhidramina, y un derivado de la teofilina, la 8-cloroteofilina.

Por un lado, la difenhidramina es uno de los más antiguos antihistamínicos conocidos, y su aprobación en Estados Unidos se remonta a los años cuarenta. Al ser un antihistamínico de primera generación, presenta poca selectividad, y es capaz de penetrar en el sistema nervioso central y provocar somnolencia. Es por esto por lo que se emplea como hipnótico, y no solo para alergias y resfriados. 

La 8-cloroteofilina se combinó con la difenhidramina con la intención de combatir el posible sopor que puede provocar la segunda. Por accidente, en ensayos para tratar alergias, se descubrió que esta combinación mostraba efectividad para paliar los mareos provocados por los medios de transporte. 

Empero, no soy el único que duda de los beneficios que presenta esta combinación con respecto a otras sales de difenhidramina que no contienen 8-cloroteofilina. Primero de todo, a pesar de componer este derivado de la cafeína, se encuentra comercializada una variedad de Biodramina® con cafeína, pues el dimenhidrinato sigue siendo demasiado sedante para mucha gente. Segundo, la cantidad de 8-cloroteofilina en 50 mg de dimenhidrinato no alcanza los 23 mg. Recordemos que la cafeína se suele consumir en dosis de 50 a 150 mg, y que la teofilina que existe comercializada se presenta en forma de comprimidos de liberación prolongada con una dosis de 100 a 300 mg. A menos que la 8-cloroteofilina sea muchísimo más potente que otras sustancias semejantes, 23 mg no deberían ser capaces de ejercer mucho efecto. 

Finalmente, hay estudios que apuntan a que este compuesto es incapaz de llegar al cerebro, por lo que sería imposible que provocara un efecto estimulante. Es posible, entonces, que el beneficio de esta combinación con respecto a la difenhidramina en forma de otra sal sea simplemente la absorción.

La cafeína, mezclada con otras drogas 

La droga más consumida - Cafeína

La cafeína no solo es la droga por excelencia de esta sociedad, sino también uno de los adulterantes preferidos por el mercado ilícito. Desde el 2009, año en el cual comienza a haber registros de los análisis realizados por Energy Control, la cafeína ha aparecido en un total de 12.556 muestras. Teniendo en cuenta que en este periodo de tiempo solo se han analizado doce muestras de cafeína, podemos asumir que el resto de estas 12.544 muestras contenían cafeína como adulterante. Esto representa el 9% del total de las muestras analizadas. Si nos fijamos en los últimos diez años, podemos ir viendo cómo ha ido evolucionando esta tendencia.

Nada de esto es sorprendente. Al final, la cafeína es muy barata y no es una sustancia fiscalizada. Añadir un poco de cafeína a anfetamina o MDMA le dará un toque estimulante que posiblemente la persona consumidora no detectará, y abaratará precios. Un negocio redondo, ¿no? Pero puede venir acompañado de riesgos. El consumo inadvertido de cafeína con otros estimulantes puede provocar efectos cardíacos, por lo que siempre es recomendable analizar una sustancia obtenida en el mercado ilícito antes de consumirla.

Allá donde vayamos, estarán 

Es innegable que la cafeína y sus familiares más cercanos tienen un papel inestimable en nuestras vidas. Ya sean como bebidas que nos ayudan a iniciar el día, tratamientos para problemas pulmonares, pequeñas onzas de chocolate a modo de merecido premio o medicación para combatir las náuseas. ¿Cómo sería el mundo sin estas moléculas? No lo sé, pero tampoco quiero saberlo. Seguramente, sin estas omnipresentes drogas, el mundo sería ligeramente más aburrido.

Referencias

  1. Fredholm, B.B. Methylxanthines. Handbook of Experimental Pharmacology, vol. 200, Springer Verlag: Berlín, Heidelberg, Nueva York, 2011. DOI: 10.1007/978-3-642-13443-2

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #335

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