Planta de canabis
Las hojas son gruesas y resistentes a causa del frío, que las endurece.

Cosecha de primavera 2019

Las primeras flores del año
José T. Gállego
Este artículo se publicó originalmente en el número 258 de la revista Cáñamo España

El pasado mes de marzo tenía un grupo de plantas en crecimiento destinadas a un cultivo de interior. Había preparado más de las necesarias, por si alguna fallaba, pero al final todas habían crecido bien. Estaban en macetas de 2 l y medían unos 30 cm de altura. Después de seleccionar las mejores para el armario de interior, me encontré con que me sobraban unas cuantas y no tenía espacio para ellas. Estaban bonitas y me sabía mal tirarlas, así que decidí hacer una prueba: las sacaría a la terraza para que florecieran en primavera. El clima era frío, pero no tenía nada que perder si no sobrevivían. 

Eran esquejes de Girl Scout Cookies, una variedad norteamericana muy popular que llegó hace unos años a Europa. Es una genética híbrida, resultado del cruce de OG Kush y Durban Poison. GSC tiene un aroma peculiar que los gringos dicen que se parece al de las galletas que venden las Girl Scouts. Yo lo encuentro algo terroso con un toque dulce, diferente. Es una variedad potente, no se hace muy alta y no es demasiado productiva, pero tiene un bouquet que resulta muy atractivo. Definitivamente, no es de las más fáciles de cultivar y requiere muchos mimos y cuidados en las primeras semanas hasta que establece un buen pan de raíces. Hay varios fenotipos en circulación; el que yo conservo como planta madre lo suelo cosechar tras ocho o nueve semanas de floración. 

La idea era usar el aire caliente que se sacaba del cuarto de cultivo de interior para combatir el frío que sufrían las plantas fuera.

El fotoperiodo, es decir, la duración del día y de la noche, es igual en el equinoccio de primavera (20 o 21 de marzo) que en el de otoño (22 o 23 de septiembre). En ambos momentos, día y noche duran doce horas. Este fotoperiodo es ideal para que florezcan las plantas de cannabis y, de hecho, en otoño es cuando florecen naturalmente. Para aprovechar el fotoperiodo de primavera con el fin de hacer una cosecha, hay que tener en cuenta una cosa. Los meses de invierno son demasiado fríos y con días demasiado cortos como para crecer las plantas. Por eso es necesario crecerlas en interior y sacarlas fuera en marzo, cuando la temperatura ya no es tan baja, para que florezcan. 
 

Una idea contra el frío 

Saqué las plantas fuera el ocho de marzo, cuando las temperaturas todavía eran bastante bajas. Aunque ya había pasado el tiempo de las grandes heladas, aún había noches en que se rozaban los cero grados. Las plantas no iban a aguantar bien esos fríos; si no tomaba alguna medida, su crecimiento se detendría por las temperaturas y la floración apenas podría llevarse a cabo. 

Tuve una idea: decidí situar las plantas delante de la unidad exterior del aire acondicionado del cuarto de cultivo, que está en la terraza donde iba a poner los esquejes. Los acondicionadores de aire de tipo split (los más comunes) constan de dos aparatos, uno que se coloca en la habitación y expulsa aire frío y otro que se sitúa en el exterior y expulsa aire caliente. Pues bien, la idea era usar el aire caliente que se sacaba del cuarto de cultivo de interior para combatir el frío que sufrían las plantas fuera. La unidad exterior tiene un ventilador de un gran tamaño y expulsa aire caliente a baja velocidad. Colocando las plantas delante del ventilador, estas recibían una brisa caliente continua que las mantenía calentitas.

Especialmente por las noches, la diferencia era enorme. Hubo una noche especialmente fría en que me levanté preocupado cuando vi una ligera capa de escarcha sobre la hierba y, sin embargo, las plantas estaban perfectas.

Estigmas en las hojas
Los primeros estigmas, en la punta de las ramas.

Desarrollo contenido 

Las plantas permanecieron todo el tiempo en las mismas macetas de 2 l. Sin duda, eran demasiado pequeñas para un buen desarrollo, y hubieran dado mejor resultado si se hubieran trasplantado a macetas de 5 o 10 l, pero, como el único objetivo era aprovecharlas y no tirarlas, no se puede decir que el resultado sea malo. Aún no están secas pero confío en cosechar entre 5 y 10 g por planta; no es mucho, pero no me han dado ningún trabajo y eran tan pequeñas que no llamaban nada la atención porque no sobresalían de la barandilla de la terraza. En verano, esas pequeñas macetas no hubieran servido, pues las plantas se habrían hecho mucho más grandes por la mayor cantidad de luz y calor y las macetas se habrían quedado muy pequeñas. En primavera, en cambio, las condiciones climáticas son más duras, hace más frío y hay menos luz, por lo que las plantas no pueden producir grandes cogollos. Aunque no pasaban frío, las temperaturas tampoco subieron nunca de 20º durante el día y no tuvieron demasiadas horas de sol, porque la valla de la terraza tapaba el sol durante las primeras horas de la mañana. En verano, el sol sube mucho más arriba en el cielo y las paredes, las vallas y los árboles sombrean menos a las plantas, pero en primavera ni al mediodía está demasiado alto. 
 

Cuidados y fertilización 

Las primeras fotos las tomé diez días después de sacarlas al exterior. A mediados de marzo, el fotoperiodo natural es de 12 h de día y 12 h de noche, por lo que las plantas empezaron a florecer enseguida, y brotaron las primeras flores en las puntas de las ramas. 

La corriente de aire caliente hacía que las plantas consumiesen más agua de lo habitual para el clima exterior, por lo que tenía que regarlas casi todos los días. Usaba siempre agua con algo de abono, aunque en dosis muy bajas, pues las plantas de primavera consumen pocos nutrientes, ya que no hacen floraciones tan vigorosas y exuberantes. 

Para el pequeño cultivador doméstico es una oportunidad de oro para obtener una cosecha extra.

Una curiosidad es que las plantas se estiraron muy poco durante la floración. Aunque Girl Scout Cookies no es una variedad que se estire en exceso, sí que normalmente crece más. Mi impresión fue que el clima frío tuvo su efecto, aunque estuviera mitigado por el aire caliente que recibían de la unidad exterior del acondicionador de aire. 

Comparadas con la misma variedad cultivada en interior, los cogollos de las hojas tenían una mayor proporción de hojas respecto a cálices, es decir, menos flores y más hojas, pero la cantidad de glándulas de resina que cubrían las hojas del cogollo era enorme. 

No hay plagas 

Siempre que hago una cosecha de primavera me sorprendo gratamente con lo mismo: no hay plagas. En primavera nada se come las plantas. No tuve que aplicar ni un solo tratamiento contra los bichos, ni preventivo ni curativo. Tenía preparado el nim, el jabón potásico y las piretrinas, pero no hizo falta utilizarlos. Aunque a mí tampoco me dieron problemas en esta cosecha, hay que tener en cuenta que los hongos sí aparecen con más frecuencia en las cosechas de primavera, sobre todo el oídio. Hay que estar muy atento para actuar en cuanto se detecte el primer síntoma de infección. 

Final de floración 

En las dos últimas semanas de floración, las plantas solo recibieron agua para que consumieran los nutrientes de reserva que tuvieran acumulados. Las hojas más grandes empezaron a amarillear y los cogollos a definirse más claramente. Los cogollos finales no son ni muy gruesos ni muy densos, tienen bastantes hojas y mucha resina recubriéndolos. El aroma es fantástico: con el frío han perdido muchos menos terpenos que cuando florecen en verano o en interior, y la resina tiene un olor más fresco y floral, no tan terroso, con un toque mentolado. En mi opinión, las plantas de primavera son las que mejor huelen. 

Cosecha y manicura 

Las plantas se cortaron el 5 de mayo y se manicuraron con cuidado. Una de las grandes ventajas de estas matitas pequeñas es que la manicura es rapidísima; se cortan las hojas más grandes y listo. Las hojas de los cogollos están tan recubiertas de tricomas que no merece la pena recortarlas, al fin y al cabo, la mayor parte de la resina está en ellas, ya que hay pocas flores. 

En primavera, nada se come las plantas.

Conclusión 

Considero que el experimento ha sido un éxito. Es posible utilizar el aire caliente de una unidad exterior para calentar las plantas de primavera. De hecho, creo que si construyera un pequeño invernadero alrededor de la unidad exterior se podría calentar todo el espacio y las plantas crecerían mucho mejor. Claro está que en cuanto empiezan a subir las temperaturas habría que desmontarlo para que la unidad exterior no se recalentara. 

La cosecha de primavera se usa muy poco porque hay que hacer el crecimiento en interior y la producción de las plantas es muy baja. Sin embargo, para el pequeño cultivador doméstico es una oportunidad de oro para obtener una cosecha extra, pequeña pero sabrosa, en un momento en que las reservas de la cosecha de verano empiezan a escasear. Una opción poco ensayada todavía sería hacer una cosecha de primavera con variedades autoflorecientes. En ese caso, no haría falta empezar tan pronto y se podría esperar a mediados o finales de marzo, cuando los días son algo más cálidos. Si se escoge una variedad autofloreciente rápida, se cosecharía a finales de mayo, justo antes de plantar la cosecha de verano.