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La cosecha de primavera no es como la de verano. Las plantas no crecen igual, la producción es mucho menor y, normalmente, los cogollos tienen muchas más hojas y menos flores, aunque pueden estar completamente recubiertas de resina. La potencia de la hierba puede ser más baja que la de verano, pero es más que suficiente para el consumo personal. A los cultivadores que solo siembran unas pocas plantas en exterior es muy habitual que la cosecha de verano del año anterior se les acabe antes de recoger la de este, y aquí es donde aparece la utilidad de la cosecha de primavera: sirve para cubrir el hueco de desabastecimiento que suele producirse en pleno verano. Si queremos seguir fumando hierba de autocultivo todo el año, la cosecha de primavera es una apuesta interesante.
Es recomendable germinar las semillas en interior: las temperaturas más cálidas aceleran el proceso.
La clave del éxito está en la temperatura y la luz. Es imprescindible que no haga demasiado frío por la noche y que haya algo de calorcito durante el día. Las noches, en general, no deben bajar de 8-10 ºC para que el metabolismo de las plantas se mantenga activo. Pueden sobrevivir a temperaturas entre 0 y 8 ºC siempre que sea durante pocas horas. Durante el día, para que puedan crecer con una cierta continuidad, es necesario alcanzar los 15-20 ºC muchos días.
Las horas de sol que reciban las plantas determinarán la calidad de la floración. En estos meses, la luz solar no es tan intensa como en verano, por lo que hacen falta muchas horas para que las plantas asimilen suficiente energía. En la situación ideal, las plantas estarán a pleno sol todo el día, desde el amanecer hasta el atardecer.
Este cultivador ha puesto dieciséis plantas en un metro cuadrado.
La idea es que las plantas crezcan desde febrero hasta mediados de marzo y florezcan desde mediados de marzo hasta mediados de mayo. Si en febrero hace demasiado frío, siempre podemos ponerlas dentro de casa pero pegadas a una ventana que reciba sol durante buena parte del día. Si tenemos dudas sobre si el clima de nuestra ciudad es suficientemente cálido, podemos buscar en internet datos meteorológicos de años anteriores.
¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la cosecha de primavera?
Las cosechas siempre son bienvenidas: cuantas más cosechas mejor. Aunque no sean tan productivas como la de verano, tampoco dan tanto trabajo porque no hay muchos bichos ni necesitan tantos riegos o abonados. Una de las grandes ventajas de la cosecha de primavera es que las plantas florecen en unos meses (abril y mayo) en que las condiciones son muy buenas, ya que hace calor pero no demasiado, lo que lleva a la planta a producir unos cogollos llenos de terpenos y con un aroma fantástico.
En mayo no hay ladrones de cogollos, nadie espera ver plantas en flor, y los que se dedican a robar las plantas de otros no suelen estar activos. Los vecinos fisgones tampoco prestan tanta atención a lo que sembramos, además, las plantas son más pequeñas y discretas.
Las plantas de primavera no son muy grandes, pero pueden dar buena calidad en poco espacio; esta floreció en maceta de solo dos litros.
El mayor inconveniente es que, si hace frío, las plantas crecen poco y, si hace mucho frío (heladas), se mueren y no se cosecha nada. Pero si el clima es cálido las plantas crecen, aunque, como el fotoperiodo es de noches largas, empiezan a florecer enseguida y se quedan bastante más pequeñas. Se puede conseguir que crezcan algo más, pero hay que alargarles el fotoperiodo con luz artificial colocando una bombilla en el exterior durante parte de la noche para que tengan más horas de luz y no empiecen a florecer. Esto funciona y aumenta la cosecha, pero da más trabajo que dejarlas a su aire.
Si disponemos de un lugar en interior donde crecer las plantas con lámparas de cultivo, aunque sea con unos fluorescentes, podemos hacer el crecimiento dentro y sacar las plantas fuera cuando estén listas para empezar a florecer a mediados de marzo. De este modo controlaremos perfectamente que crezcan hasta el tamaño que deseemos sin preocuparnos de que florezcan antes de tiempo.
Detalles a tener en cuenta
Empieza a florecer lentamente, pero va ganando velocidad conforme aumentan la temperatura y la duración del día.
Este tipo de cosecha funciona mejor partiendo de semillas que de esquejes, ya que las plántulas nacidas de una semilla no son tan sensibles a las largas noches de febrero y marzo, por lo que es más fácil mantenerlas en crecimiento hasta mediados de marzo. Los esquejes, en cambio, como vienen de plantas adultas, pueden empezar a florecer inmediatamente aunque sean de pequeño tamaño, algo que intentamos evitar.
Las variedades índicas, como las afganas, son las más recomendables para cultivar en primavera, pues son especialmente resistentes al frío, florecen en menos tiempo y necesitan noches más cortas para florecer, por lo que son menos susceptibles a revegetar en mayo.
Necesitaremos macetas más pequeñas porque las plantas no se van a hacer tan grandes como en verano. Esto también nos permite poner más plantas en el mismo espacio, compensando en parte la menor producción por planta: si en verano en un metro cuadrado apenas caben dos o tres plantas, en primavera se pueden poner el doble o el triple. Es buena idea usar macetas negras para la cosecha de primavera, pues el sol las calienta con más facilidad. En cambio, en verano se recomiendan las macetas blancas precisamente para que no las recaliente el sol, claro que las temperaturas veraniegas son mucho más altas.
En primavera, las temperaturas son más bajas y las plantas transpiran menos, por lo que la tierra tarda mucho más en secarse y no hacen falta riegos tan frecuentes. A veces, sobre todo si llueve algún día, puede llegar a pasar una semana completa, o incluso más, sin que sea necesario regar. En esta situación nos encontramos con un dilema: si regamos cuando no hace falta podemos acabar provocando la podredumbre de las raíces, pero si no abonamos les pueden llegar a faltar los nutrientes necesarios para su correcto desarrollo. La mejor forma de actuar es recurrir a la fertilización foliar, es decir, pulverizar agua con abono (en una dosis baja) sobre las plantas para que absorban los nutrientes a través de las hojas. La fertilización foliar es muy recomendable especialmente durante el crecimiento y las primeras semanas de floración, pero no tanto cuando los cogollos ya están bastante formados.
La cosecha de primavera crece poco y la tierra ya trae algunos nutrientes, así que no hace falta abonar demasiado; es mejor usar dosis más bajas que en verano y no arriesgarse a sobrefertilizar.
Fecha límite para florecer
Si las plantas no han acabado de florecer para el 10-15 de mayo, debemos meterlas en un habitación a oscuras durante doce horas al día para que no empiecen a revegetar y abandonen la floración. Esto se debe a que a partir de esa fecha las noches empiezan a ser demasiado cortas como para mantener la floración. Simplemente moveremos las plantas a un lugar completamente oscuro a las ocho de la tarde y no las volveremos a sacar al exterior hasta las ocho de la mañana, y así seguirán floreciendo sin problemas.
Conclusiones
Las precauciones más importantes para tener éxito son proteger las plantas del frío en las primeras semanas y darles algo de luz extra para que las largas noches de febrero y marzo no las hagan florecer antes de tiempo. Luego, al final de la floración, si aún no están maduras a mediados de mayo, hay que asegurarse de que tengan noches de al menos doce horas durante el poco tiempo que les quede para madurar.