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La rebelión de las máquinas de análisis

Dibujo de un ingeniero escrbiendo ante una máquina.

El otro día me crucé en la calle con un amigo que hacía muchos años que no veía. Le expliqué en lo que estaba trabajando: realizando, entre otras cosas, análisis de cannabinoides en un laboratorio. Mi amigo me contestó: “¡Pues ahora han sacado una aplicación para el móvil que hace lo mismo!”. Mi primera reacción fue de sorpresa, ¿cómo diablos puede un móvil determinar la cantidad de cannabinoides que hay en un cogollo por mucha aplicación que tenga?, ¿de verdad puede ser tan sencillo? Poco después supe de lo que estaba hablando.

Sí, se trata de una aplicación de móvil, pero dicho software controla otro aparato que es el que hace el análisis. Sin embargo, este “detalle” se le pasó por alto a mi amigo, que entendió que era el móvil el que hacía el análisis. ¡Menudo descubrimiento si fuese así! Desde que trabajo en esto, la gente ha llamado (y sigue llamando) al cromatógrafo “la máquina”. Incluso hay quien me ha dicho “entonces, metes el cogollo en la máquina, le das a un botón y te dice la cantidad de cannabinoides, ¿verdad?”. ¡Ojalá fuese tan sencillo!

Realmente, a este tipo de “máquinas” se les denomina “instrumentos científicos”, y es que hay una gran diferencia entre un instrumento y una máquina. En la máquina aprietas un botón y listo, pero un instrumento requiere de unos conocimientos y experiencia para poder usarlo adecuadamente. Nadie considera una guitarra ni un sintetizador una máquina, sino un instrumento musical, debido a que hay que saber tocarlos para poder hacer música con ellos.

La verdad es que sería interesante tener una guitarra a la que con solo apretar un botón nos compusiese e interpretase una buena canción, pero en la vida real eso no ocurre. El símil es bien sencillo; aunque yo me compre la mejor y más cara guitarra del mercado, como no sé tocarla, solo conseguiría hacer ruido con ella.

Para que los números que obtengamos en el análisis no sean solo números sino que sean realmente representativos de lo que estamos analizando, hace falta una excelente toma y posterior preparación de la muestra

Del mismo modo, un guitarrista que sea un crac del flamenco no tiene por qué ser bueno componiendo rock. Cada producto a analizar es un mundo, y no es lo mismo analizar cannabinoides que pesticidas o contaminantes del agua. Es la experiencia sumada a los conocimientos la que te da la posibilidad de obtener resultados buenos y fiables. Además, tengamos en cuenta que “la máquina” o cómo sería correcto denominarla, el instrumento, es solo una parte del proceso, ya que el primer y más importante paso es la preparación de la muestra. Si la muestra que analizamos no está bien homogeneizada, no obtendremos resultados fiables. Por ejemplo, no es lo mismo analizar solo las flores de un cogollo, que las flores, más los “palos”, más las hojas. Y si no tenemos un método adecuado que permita extraer todos los cannabinoides de la muestra, tampoco obtendremos buenos resultados.

Por eso, insisto, para que los números que obtengamos en el análisis no sean solo números sino que sean realmente representativos de lo que estamos analizando, hace falta una excelente toma y posterior preparación de la muestra. Si esto falla, falla todo. Es totalmente lógico que el consumidor quiera conocer de una manera rápida y barata el contenido en cannabinoides de su hierba, pero en muchas ocasiones “rápido / barato” y “preciso / fiable” no suelen ir de la mano. Usar un método u otro dependerá de lo que queramos conseguir. Si simplemente queremos saber si hay mucho o poco de algo (por ejemplo, de CBD y/o THC), los sistemas caseros pueden ser más que suficientes. Pero si queremos unos resultados cuantitativos muy fiables, necesitaremos, en primer lugar, que la muestra se haya tomado y preparado adecuadamente, y en segundo lugar, técnicas complejas, manejadas por gente con experiencia y que saben “tocar el instrumento”.

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