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¡Saquemos los pies del tiesto!

Porro
Ilustración de Marta Atieri

No tendría más de quince años cuando aquel secreta con placa en mano me hizo vaciar los bolsillos de mis pantalones. Yo estaba fumándome un peta y fue lo que continué haciendo durante el cacheo. Mientras, de mis bolsillos sacaba, entre otros objetos personales, una piedra de hachís de cinco talegos (cinco mil pesetas) que había comprado con mis ahorros

Tras el cacheo, esa piedra terminó de nuevo en mi bolsillo, no sin antes haber sido abroncado por la autoridad presente, e increpado a no llevar tanto encima, que me lo podía requisar, cosa incierta. Cabe aclarar, para los que lo desconozcan, que este fue el país con una política sobre drogas más flexible y respetuosa con el consumidor de toda Europa. Se podía consumir todo en cualquier lugar, y no fue prohibido hasta el año 1992, año en el que entró en vigor la conocida “ley Corcuera” (Ley Orgánica 1/92).

Al poco tiempo, y tras la instauración de esta calamitosa ley, fue cuando escuché en la radio que una asociación de Barcelona denominada ARSEC había realizado un cultivo colectivo de marihuana en la localidad catalana de Montbrió del Camp. El camino estaba marcado, solo cabía seguir apuntalando y levantando un estado de bienestar cannábico sobre los cimientos puestos por este valiente grupo de personas.

No entiendo ahora, tras más de veinte años, que la situación no es que no haya mejorado nada, sino que ha empeorado de forma dramática. Antes, sin apenas grows, con pocos medios informativos especializados, sin herramientas de información tan poderosas como las que tenemos hoy, apenas sin nada más que la ilusión de cambiar las cosas, se consiguieron grandes logros.

A las primeras asociaciones se les debe que hoy se haya establecido todo un sector comercial especializado que cuenta con números millonarios de facturación anual solo en nuestro país. Números que debieran ser suficientes para haber levantado y sostenido un potente lobby cannábico que terminara con esta situación de criminalización del cannabicultor de a pie, que al fin y al cabo es quien ha levantado el país comprando los servicios cannábicos que las empresas del sector ofrecen.

Porque el sector, sin el consumidor final, sin nosotros cannabicultores de todas las regiones del país, no existiría, pues sin nosotros no hay negocio. Por eso mismo debemos luchar para que estos señores empresarios del cannabis comiencen a defender nuestros derechos aportando parte de lo que les damos. Porque realmente hay millonarios en el sector que nunca han hecho nada más que llenarse los bolsillos.

Ahora, con los aires de cambio que soplan en otras partes del mundo, resulta que en este país estamos sufriendo los bombazos de las resoluciones del Tribunal Supremo contra los clubes sociales  de cannabis (CSC), lo que parece señalar que el cambio aquí no va a ser tan fácil como habíamos pensado. Señores empresarios del cannabis, ¿no creéis que ya es hora de que os preocupéis por el estado de vuestros clientes?, ¿no es hora ya de apostar por la libertad de aquellos que os han encumbrado a vuestra solvente situación?

Y por lo que respecta al cannabicultor de a pie: ¡saquemos ya los pies del tiesto! Dejémonos de hipocresía barata, que no somos delincuentes. No olvidemos que para que dispongamos de todo lo necesario para poder cultivar ha habido gente que ha tenido que arriesgarse. Gente que ha tenido que apostar luchando por nuestra libertad como cannabicultores, por la libertad de las semillas que plantamos, por la libertad de los medios que leemos, por la libertad de la información real y sin mentiras, por la libertad del enfermo que necesita cannabis. ¡Por la libertad de María!

Amigo cannabicultor, si no quieres que sigamos retrocediendo, pon solución: en tus manos comienza la lucha contra el prohibicionismo; ese experimento criminal que en vías de su futura defunción da sus últimos coletazos. ¡Démosle ya la estocada final!

¡Saquemos todos de una vez los pies del tiesto!

Nº 259 ya en los quioscos y en nuestra librería virtual

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