Yo fumo, tú fumas  Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Fotos: Sub Cooperativa

Yo fumo, tú fumas

Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Este artículo se publicó originalmente en el número 277 de la revista Cáñamo España

Yo fumo es un ensayo fotográfico en el que Sub, una cooperativa de fotógrafos y fotógrafas, hacen el ejercicio de girar la cámara ciento ochenta grados para mostrar su realidad y, en consecuencia, la del mundo. Un proyecto empírico que llega en un momento en el que en Argentina se libran batallas sociales trascendentes como la legalización del autocultivo o el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas  Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
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Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
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Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis
Yo fumo, tú fumas. Un ensayo fotográfico que busca desarticular el estigma hacia el consumo recreativo del cannabis

 


Sub es una cooperativa de fotógrafos y fotógrafas que nace en el 2004 en Buenos Aires. Su mirada hacia el mundo es sensible, consciente, crítica y cercana; sus objetivos están libres de encorsetamientos mediáticos.

Estas páginas llevan impresas las imágenes que componen Yo fumo, un proyecto en marcha de tres de las personas que forman Sub Cooperativa: Gisela Volá (Mercedes, 1978), Gerónimo Molina (La Plata, 1978) y Nicolás Pousthomis (Buenos Aires, 1975).

Yo fumo es un ensayo fotográfico en el que Volá, Molina y Pousthomis hacen el ejercicio de girar la cámara ciento ochenta grados para mostrar su realidad y, en consecuencia, la del mundo. Un proyecto empírico que llega en un momento en el que en Argentina se libran batallas sociales trascendentes como la legalización del autocultivo o el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Gisela, Gerónimo y Nicolás contestan por escrito a nuestras preguntas, sin distinguir sus voces en la mayoría de las respuestas, defendiendo una perspectiva común que retrata con lucidez el espíritu colectivo de su lucha.

Para el público que no os conoce, ¿qué significa Sub Cooperativa?

Refleja lo que intentamos transmitir a través de la fotografía: aquello que está tapado pero latente. Los medios de comunicación masiva reflejan un sector muy parcial de la realidad social y, desde la cooperativa, lo que queremos es reflejar la otra historia.

¿Qué habéis querido mostrar en este proyecto fotográfico?

Este ensayo fue un encargo de Drogas – Políticas – Violencias, una plataforma multimedia que intenta desmontar mitos y estereotipos a través de la ciencia, el periodismo y el arte. En las reuniones con editores localizamos que un punto de interés era el del consumo de cannabis por parte de una enorme porción de la población en zonas en las que está prohibido por ley. En el caso de la cooperativa Sub, la idea es correr el foco de los lugares habituales en los que se pone al consumo y mostrar hasta qué punto muchas veces las sustancias ilegales coexisten con vidas cotidianas que encajan dentro de lo que llamamos normalidad. Lo que intentamos mostrar en este trabajo, y también entender, es cómo a pesar de la ilegalidad el consumo de cannabis se extiende en prácticamente toda la sociedad. Una planta que crece en cualquier pedazo de tierra es una excusa para el control social de las personas y para la intromisión del Estado policial. A pesar de eso, del riesgo que implica, y por muy distintos motivos, muchas personas arriesgamos nuestra seguridad y nuestra libertad al consumir cannabis. La idea del trabajo no es tanto indagar en el porqué del consumo, sino más bien centrarnos en que desde hace décadas ninguna ley pudo impedirlo y la gran mayoría de los usuarios de cannabis son personas activas que llevan adelante su vida funcionalmente.

“El objetivo es desarticular el cliché asociado al consumo recreativo. Entonces pensamos en abordarlo desde la quintaesencia de la normalización de los consumos que es la publicidad. Nos montamos sobre el lenguaje del capital para vendernos sus productos y lo pensamos como lo opuesto a la clandestinidad a la que obliga la ilegalidad”

Vuestras instantáneas tratan de sacar el consumo de las llamadas “sustancias ilegales” del entorno estigmatizado.

Básicamente, porque en muchos sectores de la sociedad se consume como si el cannabis fuera legal. En el cotidiano, la persecución estatal por consumo de drogas como el cannabis es un recurso de control social, de contención policial de poblaciones vulneradas, y herramienta de recaudación monetaria por parte de esa misma policía encargada de velar por el cumplimiento de una ley. En Argentina no va preso aquel que es descubierto por la policía consumiendo marihuana, va preso aquel que no tiene dinero para sobornar a la policía que lo descubrió consumiendo marihuana. La hipocresía es total y sus consecuencias son mucho más perniciosas para la sociedad que el consumo de drogas en sí. El abordaje del trabajo pasa por hilvanar un relato que conecta distintas historias de vida, de distintas extracciones sociales, edades y realidades económicas, a partir del uso recreativo de cannabis.

¿Por qué mostrar la cotidianidad del consumo?

Porque el consumo es cotidiano, como tomar un café o un vaso de vino. Porque queremos mostrar que alguien que se fuma un porro no se está preparando para salir a cometer delitos, sino que busca relajarse, o un momento de distensión o se predispone a escuchar música o a mirar una película. El estigma alrededor del consumo de marihuana en alguna medida está sustentado en esa idea de que la marihuana es la puerta de entrada a drogas más duras y que aquellos que se drogan son personas peligrosas y poco confiables. Quisimos meternos en la “normalidad” del consumo, porque como consumidores sabemos que la marihuana es una sustancia perfectamente asimilable a una vida plena, con objetivos, responsabilidades, sueños y deseos.

Gerónimo Molina (La Plata, 1978), Gisela Volá (Mercedes, 1978) y Nicolás Pousthomis (Buenos Aires, 1975).
Gerónimo Molina (La Plata, 1978), Gisela Volá (Mercedes, 1978) y Nicolás Pousthomis (Buenos Aires, 1975).

Semiótica para desestigmatizar

Gisela, en relación con el proyecto, llegaste a afirmar que “somos nosotros los que fumamos o cultivamos”. ¿Por qué pensáis que normalmente se oculta estar relacionado con la planta?, ¿os ha afectado en lo profesional dar este giro de ciento ochenta grados a vuestras cámaras?

Bueno, en principio porque es ilegal. Nadie quiere tener problemas con la ley. Es más fácil ocultar un consumo que posicionarse social y políticamente para torcer una reglamentación nacional. De un tiempo a esta parte en Argentina, a partir de la publicación de la revista THC y de la organización del movimiento cannábico (cultivadores, consumidores, madres preocupadas por la calidad de vida de sus hijos), el estigma se ha ido desarticulando en alguna medida y tarde o temprano creemos que la ley cambiará. Queremos sumarnos a ese movimiento mostrando que no solo consume cierto sector social porque se lo permite su estatus, o que no solo consumen quienes necesitan evadir su precaria situación socioeconómica: también consumen los ricos y las ricas, también consumen los viejos y las viejas, la gente del campo, nosotras mismas, nuestros hijos, hijas y parientes. La marihuana crece sola en cualquier pedazo de tierra y es utilizada en sus distintos formatos desde hace milenios. Y como dijo un conocido cantante argentino: “No debería venderse en las farmacias, debería venderse en la verdulería”.

Habláis de hacer “un chiste semiótico” con este trabajo que está cercano al estilo publicitario.

El objetivo es desarticular el cliché asociado al consumo recreativo. Entonces pensamos en abordarlo desde la quintaesencia de la normalización de los consumos que es la publicidad. Entendemos que la discusión sobre los derechos individuales y el alcance de la tutela del Estado sobre nuestras vidas es medular y es un debate de largo plazo; como trabajamos con la imagen, decidimos inspirarnos en estéticas vinculadas a lo publicitario para transmitir que no hay nada oscuro ni ocultable en el consumo de marihuana. Como mencionamos en otra nota, Coca-Cola no te vende “una bebida marrón horrible”, sino el vaso con hielo en una playa como un momento de felicidad, vende una sensación. Entonces nos preguntamos: ¿de qué manera podemos utilizar algunos de esos recursos expresivos? Trabajamos, en conjunto con una colorista de cine, una visualidad de publicidad de los noventa que lo hace intergeneracional. Por ahora elegimos las imágenes que transmiten placer, disfrute, goce y son las que se usan para empatizar en publicidad; de ahí viene la idea de “chiste semiótico”, nos montamos sobre el lenguaje del capital para vendernos sus productos y lo pensamos como lo opuesto a la clandestinidad a la que obliga la ilegalidad.

“Queremos desarticular ese cliché del joven de clase media, cultor de la vida natural y con tiempo libre, y queremos desarticular ese cliché del pibe pobre que se entrega a las drogas por evasión”

Este trabajo fotográfico está en proceso, ¿qué más perfiles tenéis pensado retratar para tratar desestigmatizar el consumo de cannabis?

Todos los perfiles que podamos. Nos interesan especialmente aquellas personas pertenecientes a sectores sociales que a priori nadie vincula con el consumo recreativo de cannabis. Queremos desarticular ese cliché del joven de clase media, cultor de la vida natural y con tiempo libre, y queremos desarticular ese cliché del pibe pobre que se entrega a las drogas por evasión. Entendemos que la manera es fotografiar a la mayor cantidad de personas posible, apuntando a la diversidad.

¿Quiénes son las personas a las que habéis retratado hasta ahora?

Para empezar, nos fotografiamos a nosotros, a nuestros hijos, ya que nos parece importante explicitar desde dónde estamos hablando. Algunos de nosotros consumimos y cultivamos desde hace más de dos décadas, así que ese fue el punto de partida. Gisela tuvo esta idea de “comenzar por casa” luego de experimentar un gran momento de comunión familiar al fumar con su hija adolescente y una amiga. Luego fotografiamos a personas que viven en barrios cerrados, de alto poder adquisitivo, fotografiamos a trabajadores, a músicos, a un vendedor de trajes de etiqueta, a una pareja de jubilados que reparte su tiempo entre la jardinería, hacer ejercicio y leer. Nos interesan esas historias que podrían ser la nuestra pero que están encarnadas en personas muy diferentes. Buscamos ese punto de encuentro a partir del consumo recreativo de cannabis. l

¿Qué camino creéis que va a llevar la legalización del cannabis en la Argentina?

En nuestro país ya se están dando algunos movimientos legislativos que, suponemos, en algún punto desembocarán en la legalización del consumo recreativo. Recientemente se aprobó una ley que permite el uso medicinal. Es un grandísimo avance, impulsado especialmente por madres que ven cómo el aceite de cannabis cambió las realidades de sus hijos que padecen distintas enfermedades para las que el sistema médico tradicional no tiene una respuesta. En ese sentido, somos optimistas: entendemos posible que se amplíe el derecho a decidir qué y cómo consumir. Ahora, no somos ingenuos y sabemos que el consumo de drogas es uno de los mayores negocios del planeta, y su legalización no necesariamente va a cambiar eso. Las empresas van a copar el negocio como sucede en prácticamente cualquier actividad comercial, pero también creemos que se seguirá dando un consumo más “artesanal” y una distribución afectiva, como ocurre hoy en día. Nadie cultiva marihuana solo para sí mismo, es una planta generosa y sus frutos se comparten generosamente con amigos y familias. Ese punto, que está en la génesis de la vinculación de cada uno con lo que se mete en el cuerpo, creemos que seguirá existiendo.

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