Disparos por la reducción de daños. Entrevista con el fotógrafo Nigel Brunsdon

Disparos por la reducción de daños

Una conversación con el fotógrafo Nigel Brunsdon

Fotógrafos hay muchos, pero Nigel Brunsdon (North Yorkshire, Inglaterra, 50 años) además es un profesional con casi dos décadas de experiencia en la reducción de daños. Es vicepresidente del Foro Nacional de Intercambio de Agujas, miembro de la Alianza de Reducción de Daños del Reino Unido y trabaja en HIT, una organización pionera en esta área. Activista histórico y muy presente en las redes sociales y en webs de su propia creación, vive la reducción de daños como una filosofía de vida que incluye su desempeño como padre o sus quehaceres fotográficos, en los que el acceso privilegiado a comunidades vulnerables y tradicionalmente estigmatizadas se lleva a cabo con una mirada empática y respetuosa. Siempre con su cámara de fotos en la mano, Nigel Brunsdon es el hombre detrás de las mejores imágenes del movimiento global por un cambio en las políticas de drogas. Hablar con él implica reflexionar acerca de la importancia de la imagen en la narrativa sobre drogas y el valor de entender la reducción de daños como un estilo de vida práctico y filosófico.

¿Cómo fue tu infancia?

Nací en North Yorkshire, pero crecí en todo el Reino Unido porque mi padre era oficial de prisiones, hasta que finalmente decidió retirarse a Derby, que es lo más lejos que se puede estar del mar en el Reino Unido y donde vivo desde entonces, desde los dieciséis o diecisiete años.

¿Cuándo y cómo entras en contacto con la reducción de daños?

Solía trabajar en tiendas: estuve en una de discos y dirigí otra de cómics durante un tiempo. Era muy bueno, podía vender o comprar cualquier cosa a cualquiera. El caso es que cuando perdí el trabajo en la tienda de discos porque el tipo que dirigía la empresa era un inútil, conseguí un empleo con adultos que tenían dificultades de aprendizaje. Por aquel tiempo, la mayoría de mis amigos consumía drogas, por lo que casi todos los que conocía consumían grandes cantidades de LSD, bebían mucho y también esnifaban cocaína. Yo solía ser el encargado de que la gente volviera a casa sana y salva. Más tarde conseguí un trabajo en el hospital. Un día trajeron a un joven que había tomado una sobredosis deliberada de heroína para suicidarse y estuvo durante cuatro o cinco días semiinconsciente, aunque gritaba de dolor. Era una persona que consumía heroína, pero no le dieron ningún tratamiento para la abstinencia. Cuando se recuperó resultó que tenía algún tipo de daño cerebral, probablemente ocasionado por haber estado bajo de oxígeno durante la sobredosis. Lo que me pareció terrible fue la falta de humanidad, dejarle sufrir una abstinencia traumática sin intentar ayudarlo. En ese momento decidí que quería trabajar en este ámbito. De hecho, el tema de drogas ya me interesaba. Ya había leído con mucho interés el libro E for ecstasy, de Nick Saunders, que compré porque tenía una bonita cubierta brillante. Había leído libros de Terence McKenna y todo tipo de literatura psicodélica. Así que tras un par de trabajos más en salud mental, conseguí un empleo en un servicio de intercambio de jeringuillas que acabó abriendo una nueva sala en otra ciudad y, finalmente, me nombraron gerente. Así que he realizado muchos trabajos diferentes relacionados con la reducción de daños en primera línea. Mi trayectoria en este ámbito va pareja a la vida de mi hija Emily, porque mi primera entrevista de trabajo fue el mismo día que iba a nacer. De eso hace diecinueve años. Así que Emily ha sido una especie de constante, siempre presente a lo largo de mi vida de reducción de daños.

Webs, reducción de daños y estoicismo

Es sorprendente el número de webs que manejas. Cuéntanos por qué surgen.

Llevo diseñando webs desde hace veinticinco años. Cuando estaba trabajando en el intercambio de jeringuillas veía a otras personas que estaban haciendo intercambios muy rápidos y de poca calidad. Básicamente entregaban el material sin siquiera interactuar con ellos. Y decidí que sería interesante hacer un sitio web (www.injectingadvice.com/v4). La idea original era hacer una web donde, después de un intercambio de agujas, describieran la situación, qué consejo daban, por qué entregaban el material de punción y otros aspectos menos usuales que podían aparecer en cada intercambio para que otras personas que trabajaban en el ámbito pudieran aprender mejores prácticas y también pudieran comentar y corregir mi práctica. Así que esa era la idea original de hace quince años, pero terminó algo diferente al plan original. Lo cierto es que tuve una presencia profesional bastante activa en las redes sociales y este fue uno de los primeros sitios web que mostraba la labor de la reducción de daños. En los últimos cuatro o cinco años no he hecho nada, el software en el que se ejecuta es muy antiguo y lento, así que en breve lo cerraré.

Hiciste otra web sobre el uso de naloxona, el medicamento para revertir una sobredosis.

Sí, naloxone.org.uk, un proyecto relacionado con mi trabajo diario en HIT, una de las organizaciones pioneras de reducción de daños en el Reino Unido. Básicamente la dirige Pat O’hare con sus dos hijas y yo. Y obtuvimos el contrato para hacer un sitio web con la finalidad de promover la naloxona en el Reino Unido. Cuando lanzamos la web, el programa escocés estaba iniciando la aplicación de naloxona, pero realmente no teníamos naloxona en Inglaterra. La versión original se hizo en asociación con el Foro Escocés de Drogas y la nueva versión se desarrolló gracias a una beca educativa de empresas que producen naloxona, que no supone ningún compromiso y que paga por su funcionamiento.

“No creo que quienes consumen drogas estén traumatizados. La mayoría de las personas que usan drogas se lo pasa muy bien. Cuando las cosas se ponen feas es por el entorno en el que estás, no por las drogas que consumes”

¿Y tienes algunas webs más en tu haber?

Sí, harmreduction.tips y harmreductionphilosophy.com. La web de filosofía de reducción de daños surgió en conversaciones informales con mi amigo Graig Harvey en Australia. Se suele hablar de la filosofía de la reducción de daños, pero ¿entiende todo el mundo lo mismo? Se suele decir que es un enfoque “pragmático” y “humanista”, pero la mayoría de las personas que lo dicen nunca han leído ningún trabajo pragmático y no necesariamente leen mucha literatura sobre humanismo. Simplemente usan esas palabras porque esas son las que se suelen utilizar. Pero cuando hablamos de una filosofía normalmente nos referimos a una forma de vida, y no creo que la mayoría de las personas la entiendan como una forma de vida. Hay personas que lo entienden como una filosofía, pero otras hacen el trabajo porque tienen que hacerlo. Así que recogemos información a través de un cuestionario y la idea es escribir un breve tratado filosófico sobre la reducción de daños, algo que quepa en una página A4, y escribir una filosofía de cómo vives tu vida como “reduccionista de daños” de la misma manera que los seguidores de Epicuro viven su vida como epicúreos. La reducción de daños surgió de la organización comunitaria, la investigación y la práctica clínica en el último cuarto del siglo xx. Pero, al mismo tiempo, muchos de los argumentos a favor de la reducción de daños están presentes en la historia de las ideas, se encuentran en el pragmatismo, en el utilitarismo o en el filósofo Epicuro. Personalmente, soy un estoico y trato de vivir con una filosofía estoica, que tiene también muchas coincidencias con la reducción de daños. Si lees las meditaciones de Marco Aurelio, hay una gran cantidad de coincidencias. En cualquier caso, todavía estamos en una etapa de recopilación de información, con la que estamos indagando si la reducción de daños se vive como una filosofía o no, o si está relacionada con la justicia social. Por ejemplo, la reducción de daños estadounidense está muy ligada a la justicia social y racial. Mientras que en el Reino Unido estamos recibiendo respuestas que dicen que no, que se trata de darles a las personas material de inyección y eso es todo. Muy poca gente lo ve como algo filosófico en el Reino Unido. Resulta interesante ver cómo funcionan esas diferencias mentales de un país a otro.

¿Qué significa para ti la reducción de daños?

Para mí es una forma de vida, es la razón por la que eduqué a mi hija para que supiera cómo actúan las drogas porque sabía que algún día se haría mayor y probablemente vaya a experimentar con ellas en algún momento. Quiero que esté lo más segura posible de la misma manera que cuando entra en el coche le digo que se ponga el cinturón de seguridad. Eso es reducción de daños, aunque esta sociedad parece tener una mentalidad diferente cuando se trata de aplicarlo al ámbito de drogas.

Eres partidario de la regulación de todas las sustancias. ¿Hubo algún momento de inflexión en el que se dio este cambio favorable a la regulación?

No creo que haya cambiado mi posición. De pequeño creía que la gente tiene la capacidad de elegir lo que hace en la vida, aunque a menudo ocurren cosas que afectan a sus decisiones. No creo en la idea de que quienes consumen drogas están traumatizados. Creo que la mayoría de las personas que usan drogas se lo pasan muy bien y que existe una pequeña porción que han padecido situaciones traumáticas en la vida. Cuando las cosas se ponen feas es por el entorno en el que estás, no por las drogas que consumes. Además, desde una edad bastante temprana, la mayoría de las personas que conocía estaban consumiendo drogas y yo desde una edad aún más temprana estaba leyendo sobre drogas. Mi padre era un buen oficial de prisiones a pesar de que consumía crac. Trabajaba con algunos de los peores delincuentes en lugares desagradables, pero él se preocupaba por su bienestar. Así que nunca tuve esa mentalidad punitiva, ni tampoco estuve particularmente interesado en consumir drogas.

¡Eres una excepción! A pesar de que solo es un siglo de prohibición, la educación en la escuela, en la familia, en los medios de comunicación nos hace creer en la maldad intrínseca de las drogas y la necesidad de prohibirlas.

Mi hija quiere trabajar en la reducción de daños y está haciendo un documental sobre políticas de drogas. Ella nació y se crio en un entorno de reducción de daños. Ocurre lo mismo con las personas con las que trabajo, Maddy y Lucy, hijas de Pat O’Hare, una de las personas pioneras en la reducción de daños en Liverpool. Por entonces la reducción de daños ni siquiera existía realmente como algo relacionado específicamente con las drogas. Pero la reducción de daños siempre ha existido, desde que pusimos asas a las tazas para mantener nuestras manos alejadas y no quemarnos. Esa es la forma más temprana de reducción de daños conocida por la humanidad.

Fotografiar el movimiento

¿Cuándo y por qué empezaste a fotografiar el movimiento de reducción de daños?

Siempre he llevado la cámara conmigo. Durante los primeros años, cuando iba a eventos, tomaba principalmente imágenes de las diapositivas porque eran los inicios de internet y las presentaciones no estaban disponibles en la red. Así que quería tener ese conocimiento accesible. Con el paso de los años, amplié el foco y me di cuenta de que estaba obteniendo una colección de retratos y de eventos importantes. Pero, además, me gusta pasar tiempo con la gente y fotografiarla en su ambiente natural. Tengo fotos de John Gunderson, un trabajador de la Chicago Recovery Alliance (Alianza de Recuperación de Chicago) que murió el año pasado, en el enorme garaje de doble puerta donde guardan sus camionetas de intercambio de jeringuillas. Él está sentado en la puerta, con sus cicatrices en la pierna, y lleva la camiseta que yo diseñé con el lema “Keep calm and carry naloxone”. Tengo fotos fantásticas de la Chicago Recovery Alliance porque pasé una temporada allí y pude dedicarle tiempo de calidad, de manera que te integras en el proyecto. Es una lástima, porque tenía pensado hacer más trabajos de este tipo, pero la pandemia lo paralizó todo y en el último año y medio apenas he disparado la cámara. He hecho algunas fotografías de equipamiento de inyección, pero no poder pasar tiempo con las personas del movimiento me rompe el alma. Vivo en un pueblo tranquilo y llevo ocho años trabajando desde casa con la gestión de webs, algo que te aísla y es poco gratificante. Pero cada dos meses solía tener un evento donde podía pasar tiempo con doscientas personas de Reino Unido o iba a conferencias donde asistían mil personas o, en el caso de las americanas, dos mil. Pasaba una semana intensa, con personas apasionadas con las que comparto el mismo tipo de mentalidad y de filosofía, con momentos para el disfrute tomando alcohol y otras sustancias y con muchos abrazos. Esos encuentros me daban la energía suficiente para pasar los próximos dos meses. Pero la pandemia lo cambió todo. Llevo un año y medio sin asistir a ningún evento y sin siquiera ver a los amigos locales. Iba a ser el año más ocupado que jamás había tenido, con trabajos de fotografía en Polonia, Puerto Rico, Pensilvania y posiblemente Australia, pero todo se canceló.

Tienes cuatro proyectos fotográficos de reducción de daños en marcha: Héroes, Manos, Material de consumo y Eventos. ¿Cómo surgen?

Siempre tengo la cámara conmigo. Si tuviéramos esta conversación cara a cara, estaría tomándote fotos desde todos los ángulos posibles. Así que con el tiempo descubrí que tenía imágenes de manos perfectamente enmarcadas. En reducción de daños tenemos algunas de las personas más interesantes y, con todo el cariño, las más freaks que existen. Esto no se reduce a sus caras. Sus manos son increíbles: lucen hermosos tatuajes, anillos y cicatrices que muestran una historia de vida. Hay manos que están hinchadas mientras otras son delgadas y marcan los nudillos. Así que el proyecto Manos fue accidental y nació cuando me di cuenta de que tenía cientos de este tipo de imágenes. Me di cuenta también de que son manos que trabajan en el terreno, manos que están salvando vidas, ya sea entregando material higiénico de inyección, revirtiendo sobredosis o escribiendo. Por ejemplo, la foto del tipo que participó en la descriminalización de drogas en Portugal, sosteniendo un papel y un bolígrafo; esas manos que firman algo hicieron que mejorara la vida de miles de personas y probablemente han salvado innumerables vidas. O la foto de Dan Bigg, quien dirigía la Chicago Recovery Alliance, con naloxona. Es una foto muy especial para mí, porque Dan vino a visitarme a Derby para conocer a Emily y le estaba enseñando cómo usar la naloxona delante de casa. Para la mayoría es una foto de Dan con naloxona en sus manos. Para mí está impregnada de emoción, porque Dan estaba pasando tiempo con mi hija y para Emily fue muy importante porque el trabajo de Dan cambió el mundo. Quienes están suministrando naloxona en Estados Unidos, sin duda, es gracias en gran parte a Dan. Así surgió el proyecto Manos.

¿Y Héroes?

El proyecto Héroes retrata a héroes ordinarios, tal y como los menciona el psicólogo Zimbardo: “Aquellos que de alguna manera pueden resistir el poder de la situación y actuar por motivos nobles, o comportarse de manera que no degraden a los demás cuando pueden hacerlo”. Son personas que trabajan en la reducción de daños y que si les preguntas si son héroes te responderán que no, que cualquiera puede hacerlo. Son personas que no están salvando a un niño de un edificio en llamas, pero que hacen algo que la mayoría de personas con las que topo cada día ni siquiera consideran. Respecto al proyecto fotográfico Material para el consumo de drogas, surge porque obviamente estoy rodeado de este tipo de material y tengo fácil acceso a él. Pero también porque tengo un amigo, Philippe Bonnet, que colecciona material antiguo de inyección y otra parafernalia vintage, y surgió la idea de recopilar y así compartir estas rarezas en el futuro.

Disparos por la reducción de daños. Entrevista con el fotógrafo Nigel Brunsdon

Labios pintados de azul

Te propongo crear la sección de sustancias. Las fotos que acompañan los artículos o que vemos por internet suelen ser poco acertadas y de baja calidad, a excepción del cannabis.

Sí, es cierto, y es uno de los proyectos que tengo sobre la mesa: crear un archivo de imágenes de sustancias de mejor calidad. Si buscas heroína en Google te aparecerán personas sufriendo una sobredosis que, en realidad, está simulada, son modelos con los labios pintados de azul. O imágenes de manos colocadas al azar sobre una mesa con pastillas, polvos, jeringuillas y cucharas. Ya que vas a representar la sobredosis de una sustancia, ¿por qué no una sobredosis de varias sustancias? Y todas las imágenes tienen ese tono azul porque, por lo visto, en el mundo de la fotografía el azul es el color de la heroína. Mientras que, si buscas en Google cannabis, obtienes hermosas imágenes de grandes plantas, mujeres sexis en piscinas entre columnas de humo vestidas con ropa reveladora e iluminadas con maravillosos tonos verdes y rojos. Ambas son drogas, pero la diferencia es abismal. Entiendo que las imágenes del cannabis cambiaron con la legalización en Estados Unidos, pero de todas formas siempre hemos asociado con el cannabis esta sexualización que nos hace creer que es mejor que la heroína. Así tenemos este tipo de imágenes del cannabis, pero no disponemos de imágenes que no estigmaticen el consumo de heroína. Si, en cambio, buscas imágenes de MDMA, se enfocan en la escena dance. Pero la MDMA también está asociada a la terapia de pareja o al tratamiento por estrés postraumático y, sin embargo, no vemos imágenes de dos personas conectadas en casa. Así que en los próximos meses la idea es tratar de crear este banco de imágenes adaptado a la diversidad del consumo de sustancias.

¿Qué opinas de las imágenes de los medios de comunicación?

¡Son terribles! Y suelen ser las mismas repetidas una y otra vez. Por ejemplo, la BBC, cuando habla de personas sin hogar, siempre pone la misma imagen donde aparece un hombre sentado en una puerta mirando hacia la izquierda con un saco de dormir sobre las rodillas. Usan la misma imagen para cualquier historia de personas sin hogar. La imagen resalta solo un aspecto, la falta de vivienda, e ignora todos los demás. Es estigmatizante. Y además es una imagen tomada con un teleobjetivo desde el otro lado de la calle, sin que, probablemente, el tipo sepa que le han sacado una foto. Cuando los medios hablan de heroína, mostrarán a alguien presionando el émbolo o incluso a alguien que se inyecta en el brazo en la dirección incorrecta o imágenes con jeringas de cinco mililitros. Nadie utiliza jeringas de tantos mililitros, ¡costaría una fortuna llenarlas! Las imágenes son estigmatizantes y, a menudo, rayan lo peligroso cuando muestran malas praxis que se pueden replicar. Es como la gente que cree que la naloxona se aplica en la forma que vemos en Pulp Fiction. No es tan glamuroso. Se pincha en el muslo, ¡no a través del esternón! Está claro que necesitamos cambiar la narrativa.

Recuerdo el año de la droga zombi (flakka), donde incluso pude ver algún artículo acompañado de la imagen literal de un zombi.

Suelo dar conferencias en la universidad de Londres y de Liverpool sobre el uso de fotografías de drogas en medios de comunicación y hablo precisamente de imágenes de la droga zombi. Una de las imágenes que analizamos es la clásica en la que aparece un tipo parado en medio de la calle y les señalo como hace diez años esa sería la imagen de alguien muy bebido en un banco. Ese tipo claramente no está en un buen momento ni está en el lugar adecuado, y alguien le está tomando una foto sin su consentimiento. Lo siguiente que les muestro es un titular de The Independent que dice que debemos dejar de usar imágenes estigmatizantes de personas que consumen drogas y dejar de llamarlas zombis, pero la imagen que tienen para acompañar el artículo es una de estas imágenes. ¡Es ridículo! Es como si dijeras que no deberíamos hacerlo haciéndolo. Como si dijera que debería dejar de comer obsesivamente pan mientras me hago un sándwich.

Cuando imparto formación a profesionales de la salud, me doy cuenta de que otorgan veracidad a lo que ven en medios, incluso a las noticias más surrealistas como el tampodka (la supuesta práctica de absorber alcohol a través de la vagina) o el eyeballing (absorber alcohol por los ojos). ¡Y son profesionales!

Ya lo dijo Goebbels, el encargado de propaganda de Hitler, si repites una mentira mil veces se convierte en verdad. La cuestión es que esa propaganda se dirige a personas que, por definición, están más fuera que dentro de la sociedad. Mientras se ignora el hecho de que el cincuenta y cinco por ciento de los adultos han consumido cannabis y se olvida que casi todo el mundo conoce a alguien que ha consumido o consume cannabis. Así que seguirán hablando de “aquellas personas de allí” en vez de hablar de “todos nosotros”.

En tus redes publicas a menudo fotos tuyas bajo la etiqueta pensamientos breves, siempre acompañadas de una gran taza de café. ¿Algún mensaje subliminal?

Mi droga de elección es el café y sigo buenos protocolos de reducción de daños: compro a un distribuidor de confianza, mido cuidadosamente la dosis y conozco la potencia de sus efectos. Suelo hacerlo siempre igual y con moderación. Tomo solo una taza al día, a la misma hora y como herramienta para iniciar la rutina de mi día. En el consumo de drogas, el ritual es más importante que la sustancia en sí misma. Cuando te lías un porro, lo sueles hacer de la misma manera, lo cargas con la misma cantidad, distribuyes más o menos en el extremo, usas el mismo tipo de filtro, cuando mojas el papel con la lengua lo haces en la misma dirección… porque forma parte de tu ritual al consumir cannabis.

¿Para cuándo una exposición de tu obra?

Hice una cuando fui a trabajar a Australia. Estuve dos semanas fotografiando en las salas de consumo supervisado en Sídney. Las personas que organizaron mi visita me pusieron en contacto con la empresa con la que estaban haciendo una campaña de reducción de daños y me propusieron hacer una exposición como parte de esta. Fue en el ayuntamiento de Sídney, que es un espacio tan espectacular como la ópera de la ciudad, con una sala que tiene unos enormes candelabros. Lamentablemente no la pude ver porque ya había regresado. También hubo una pequeña exposición en Portugal durante la conferencia internacional de reducción de daños. Pero sí, me encantaría poder exponer mi trabajo y, cuando pienso en ello, me gustaría hacer algo menos convencional, como poner imágenes en edificios abandonados. El problema es que no tengo la capacidad ni el conocimiento para hacer una exposición. Me limito a hacer fotos y espero que alguien se anime a exhibirlo. Lo que más me preocupa es que podría morir la próxima semana y las fotos que aparecen en internet son solo una pequeña fracción de todo lo que he hecho, y no me gustaría que se perdiera. Nunca borro fotos, aunque no estén bien enmarcadas o estén desenfocadas, porque una foto que en un momento dado no me llamó la atención cobra relevancia cuando la vuelvo a ver un año más tarde y aparece alguien que murió. Esto ha sido una constante a lo largo de los años. Me acuerdo de las imágenes de Allan Clear, director ejecutivo de la Coalición para la Reducción de Daños en Estados Unidos, durante los primeros días del intercambio de jeringuillas en Estados Unidos. En aquel momento solo eran fotos de sus amigos durante las protestas, pero ahora son imágenes históricas que se reproducen en documentales y artículos. Me preocupa que todas las fotos que he tomado durante estos años nunca vean la luz y se pierdan las historias de vida que retratan.

Su hija Emily

Me impactó muchísimo la serie de entrevistas de tu hija Emily cuando era pequeña a activistas referentes de la reducción de daños. Me consta que ahora está haciendo un documental.

Cuando estuvimos en la Conferencia Internacional de Reducción de Daños en Portugal, Emily vino como voluntaria. Estuvo hablando con un tipo al que conozco que realiza documentales, y se quedó impresionado con sus opiniones sobre política. Así que de esa conversación nace el proyecto documental sobre política de drogas en el Reino Unido. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? En gran parte se debe a que la mayoría de las personas con las que me relaciono dentro de la reducción de daños consume drogas. Cuando trabajaba en primera línea, Emily sabía que eran personas que tomaban drogas y que tenían problemas reales con el consumo y necesitaban ayuda. Y cuando salí de la primera línea y me metí más en el activismo, me relacionaba con personas que tomaban drogas y no tenían problemas. Pero además eran personas que llevaron a cabo proyectos multimillonarios para implantar iniciativas de reducción de daños en diferentes países. Ella conoce a personas como Mat Southwell (activista británico) y ve que hace un trabajo formidable y también consume drogas. Pero, además, cuando mis amigos nos visitan en casa, siempre han hablado con Emily sin ser condescendientes, de forma honesta y abierta. Así que Emily ha crecido en este entorno.

¿Y esta relación con tu hija a la hora de hablar de drogas ha funcionado siempre sin problemas?

En algún momento me preocupó. Un día, cuando Emily tenía doce años, me estaba ayudando a montar un equipo de inyección para una formación. Es una capacitación para personas que trabajan en reducción de daños, en la que les entrego un sobre que contiene material de inyección y heroína falsa con la instrucción de cocinar la heroína. La mayoría, a pesar de que están trabajando en reducción de daños y enseñando cómo consumir de forma más segura, se dan cuenta de que no tienen ni idea de cómo preparar una dosis. Emily me estaba ayudando a preparar estos sobres y yo estaba pensando en que solemos decir a las personas que consumen drogas que no hablen del consumo delante de los hijos porque lo normalizan. Le pregunté a Emily entonces si creía que ayudarme en esta tarea aumentaba o disminuía la probabilidad de que ella consumiera drogas. Y respondió: “Pues pensaba que sí, que esto de las drogas podría ser interesante, pero ahora creo que no quiero consumir drogas”. Me quedé estupefacto. Ahora tiene diecinueve años y no está interesada en consumir drogas. De hecho, padece algo de ansiedad, así que no contempla la posibilidad de consumir porque podría empeorar la situación. Y lo sabe porque ha desarrollado este tipo de conocimiento al mismo tiempo que una actitud inusual hacia la gente que consume drogas, que es la gente que ella conoce.

La educación de la próxima generación es la clave fundamental para lograr un cambio real de la narrativa. Lamentablemente, lo habitual es esconder el consumo, no hablar de ello, y si se habla es para demonizarlo.

Y no deberíamos. Cuando eres pequeño, no se te oculta el consumo de alcohol y no creces necesariamente con la idea de que el alcohol es algo particularmente especial. Podemos encontrar que en los países más restrictivos, como Estados Unidos, donde no está permitido beber hasta los veintiún años, hay más problemas con el alcohol que en países con menos restricciones. Ocurre lo mismo con las drogas. Si demonizamos y escondemos algo, lo hacemos especial, lo hacemos interesante, y las drogas no deberían serlo.

¿Qué te parece que Emily quiera trabajar en reducción de daños?

Me preocupa que su percepción de la reducción de daños sea lo que yo hago, como asistir a conferencias internacionales y conversar con personas increíbles de todo el mundo. Me preocupa que consiga un trabajo en un servicio local de reducción de daños y se dé cuenta de que consiste en llenar muchos formularios y ver a las personas una vez al mes, porque es lo máximo permitido con el poco personal disponible. Tal vez, si tiene suerte, logre un contacto interesante con alguna persona usuaria del servicio, pero la mayor parte del tiempo estará ocupada rellenando formularios. Cuando fuimos a América nos quedamos en casa de Allan Clear. ¿Cuántas personas pueden disfrutar de ese lujo? Allan nos abrió su casa y para Emily simplemente era Allan. Cuando regresamos a Derby, Emily hizo un trabajo para el colegio sobre reducción de daños y se dio cuenta de que muchas de las personas que descubría porque habían impulsado un proyecto o eran responsables del trabajo en un país, eran amigas de papá. Por eso me preocupa que su percepción de la reducción de daños esté ligeramente coloreada por mí y se decepcione si lo conoce por sí misma.

Recomiéndanos un libro de drogas especial para ti.

Righteous Dopefiend, de Philippe Bourgois y Jeff Schronberg.

¿Próximos proyectos en el horizonte?

Además de la colección de imágenes sobre situaciones que no estigmaticen el consumo, tengo otro proyecto que no está relacionado con drogas en el que iré a fotografiar a los peregrinos que recorren la costa sur del Reino Unido. Es un tanto extraño porque soy ateo y es un peregrinaje cristiano. Por último, me gustaría seguir con la fotografía de forma más integrada en las iniciativas en las que participo alrededor del mundo. Pasar tres o cuatro semanas trabajando y conociendo a las personas lo suficiente como para que estén cómodas conmigo mientras les hago fotos. Es algo que ya estaba en marcha pero que la epidemia frenó.


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