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El tren del fin del mundo

Netflix estrena el 25 de mayo la serie Snowpiercer, protagonizada por Jennifer Connelly y Daveed Diggs, y segunda adaptación del cómic de Jacques Lob tras la película del 2013 firmada por el surcoreano Bong Joon-ho. 

“Surcando el inmenso paisaje blanco de un invierno eterno y helado, un tren que jamás se detiene rueda de un extremo al otro del planeta. Es el Rompenieves, con mil y un vagones”. Con estas dos frases, enmarcando dos viñetas que nos muestran un tren a toda velocidad en mitad de la noche, arranca el cómic Rompenieves (Le Transperceneige en su idioma original), de Jacques Lob, apoyado en el apartado gráfico por Jean-Marc Rochette, y obra fundamental de las historietas francesas desde que vio la luz en 1982. El tebeo volvió a la actualidad cuando Bong Joon-ho presentó en el 2013 una muy sui generis versión cinematográfica, y ahora está de nuevo en primera plana por el serial televisivo que llega a Netflix este 25 de mayo. Una obra en tres tiempos y tres formatos diferentes sobre un futuro distópico y la sempiterna lucha de clases, exacerbada tras el colapso del planeta. 

El porvenir apocalíptico que dibuja Rompenieves no se diferencia demasiado de otros futuros terribles que los creadores de todo tipo de disciplina han imaginado, pero su forma de vehicularlo marca una diferencia. Por causas desconocidas, una nueva era glacial se ha instalado en nuestro planeta y ha exterminado a parte de la raza humana. Los únicos supervivientes se encuentran en un tren, viajando dando vueltas a la extensión de la Tierra y organizados en su interior según una radical división social: en los vagones de cola se encuentran los depauperados, hacinados y muertos de hambre; y en los de cabeza, la élite, sin límite de lujos. Obviamente, la historia creada por Jacques Lob nos habla de una revuelta social y de una revolución que recorre el tren de atrás adelante, con el fin de dar respuestas al porqué de esta situación y con el objetivo de encontrar al responsable de conducir la locomotora y que la locomotora continúe en marcha. Obviamente, el gran ingeniero social. 

Rompenieves, cómic

Las dos muertes y las varias vidas del cómic 

“Además de las ideas locas de ciencia ficción, creo que lo que hace que el cómic sea tan atemporal tiene que ver con las visionarias predicciones de Jacques Lob sobre la desigualdad entre los pobres y los ricos en un espacio confinado”, explicaba Jean-Marc Rochette en una entrevista en The Verge con motivo de la reedición del tebeo Rompenieves en el 2014. “Ahora el mundo se ha vuelto pequeño, como un tren. Las personas más pobres de Sudán están separadas por solo seis horas de viaje en avión de las personas más ricas de Europa, que es un poco como seis vagones de tren”, añadía. 

Las palabras de Rochette sobre Rompenieves y Jacques Lob cobran una resonancia muy potente hoy día, a tenor de la situación de confinamiento provocada por la expansión global de la COVID-19; y, sin duda, despiertan la curiosidad sobre cómo se gestó el cómic de 1982 y cuáles son las premisas de esa historia. 

Hacia la década de 1980, Jacques Lob era uno de los mejores guionistas de la bande dessinée francesa gracias a obras como Delirus (1973) o el personaje Superdupont, un anti-superhéroe reaccionario que vio la luz en las páginas de las revista Pilote. La historia de Rompenieves se fue fraguando durante los setenta y con el dibujante Alexis como compañero creativo, pero la súbita muerte del ilustrador obligó a que se pospusiera el proyecto. “Al principio, Jacques Lob y Alexis iban a dibujar Rompenieves”, dice Rochette en una entrevista en la publicación francesa L’Obs. “Ya tenían diecisiete páginas cuando Alexis murió. Fue la primera muerte de Rompenieves. Lob estaba muy conmocionado por la muerte de su amigo. Quería continuar y lo intentó con Régis Loisel, con François Schuiten…, pero no funcionó. Y entonces me encontró. Era un poco incongruente, porque yo tenía veinticinco años y solo había hecho un personaje un tanto escabroso llamado Edmond the Pig. No tenía experiencia con el dibujo realista, pero hicimos los cómics y fueron un gran éxito”, recuerda el dibujante. 

El trazo de línea gruesa, la apuesta monocroma y esa dureza en el dibujo, alejada de cualquier propuesta estilizada, fueron a todas luces una ventaja a la hora de plasmar en imágenes la bruteza de la historia de Lob. En el cómic original, el protagonismo recae en un rebelde huido del último vagón, Proloff, a quien acompaña su aliada Adeline Blondeau en su trayecto hacia el mando de control y con el objetivo de comprender las razones de esta desequilibrada división social. Su historia parecía que iría a concluir con la muerte en 1990 de Jacques Lob, pero casi diez años más tarde, Rochette continuaría haciéndonos viajar en el Rompenieves en hasta cinco historias más. Aquí, por cierto, publicadas por Norma Editorial. Así recuerda Rochette cómo se desarrollaron las nuevas historietas: “Antes de morir, Jacques me dijo que no quería continuar. Pero yo fui el que se quedó: Jacques murió, y el cómic también murió. En 1999 ya nadie hablaba de Rompenieves, y le pedí al guionista Benjamin Legrand que trabajara en un segundo volumen. Salió, funcionó bien. El tercer volumen apareció en el 2000, durante una huelga de representantes de la editorial Casterman. Entonces pensé que todo había terminado. Y entonces, cinco años más tarde, un editor pirata surcoreano lanza el cómic en ese país y de nuevo sucede el milagro. Porque si no hubiera sacado el cómic, Bong Joon-ho nunca habría dado con él”.

 

Lucha de clases y virguerías fílmicas 

En febrero del 2020, Bong Joon-ho pasaba a la historia del séptimo arte por convertirse en el primer cineasta asiático en lograr no solo el Óscar de Hollywood al mejor director y guionista, sino también por ser el realizador de la primera película internacional que logra el Óscar a la mejor ídem del año. Parásitos estaba en boca de todo el mundo y su éxito despertó la curiosidad de muchos espectadores que desconocían los motivos de un triunfo así, además de la carrera del surcoreano. 

Para los seguidores de Bong, no había mucho secreto al respecto. Con una solidísima carrera que arrancó con un debut brillante, la comedia negra Perro ladrador, poco mordedor (2000), sus películas han fluctuado siempre entre géneros cinematográficos para realizar, en mayor o menor medida, una radiografía social del pasado, del presente o incluso del futuro, como sucede en su versión del cómic de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette, Rompenieves, Snowpiercer (2013). 

Se trata de una película importante en la filmografía del surcoreano. Para Bong, suponía su primera película internacional –una coproducción entre Corea del Sur, Francia y Estados Unidos, con un reparto también global: Chris Evans, John Hurt, Ed Harris, Tilda Swinton, Song Kang-ho, Jamie Bell, Ko Asung y Octavia Spencer, entre otros–, y una fantástica carta de presentación para el mercado americano si no se hubiera topado con Harvey Weinstein, cuya compañía distribuyó la película en Estados Unidos, Reino Unido y Australia. Conocido como Harvey Manostijeras, la leyenda negra cuenta de su afición a recortar, en concreto, el metraje de películas asiáticas para el público americano, con ejemplos famosos como La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997), Shaolin Soccer (Stephen Chow, 2001) o Hero (Zhang Yimou, 2002). 

Snowpiercer, la película

 

Con Rompenieves, el rifirrafe entre Bong y el magnate no llegó a las manos pero sí a lugares algo feos. Weinstein quería eliminar parte de las dos horas y seis minutos de duración que tiene la versión internacional, a lo que el cineasta se negaba. Weinstein insistía: si no pasaba la tijera y a su manera, no había un gran lanzamiento en Estados Unidos. Entre sus exigencias, Weinstein pidió que se eliminara una escena en que se está limpiando pescado –una de las favoritas de Bong, por otra parte– para favorecer la acción. Para lograr mantener esa secuencia, el cineasta le engañó: le dijo al productor que quería mantener la toma por motivos personales, como un homenaje a su difunto padre, que era pescador. Al escuchar el motivo, Weinstein dijo que la familia es muy importante para él y mantuvo la toma. “Era una puta mentira. Mi padre no era pescador”, comentaba recientemente el director surcoreano. 

Sea como fuere, la versión de Bong ha acabado prevaleciendo. Eso sí, la película es bastante diferente que el cómic del que parte, a pesar de que la premisa y la estructura son las mismas. Hay más personajes protagonistas: el rebelde de cola ya no es un fugado, sino un líder revolucionario rodeado de una pintoresca fauna humana, cada uno con sus intereses. Del mismo modo, hay una concepción cinematográfica de la historia en la que la creatividad de Bong se dispara: con un tren dividido en vagones independientes que hay que recorrer, el cineasta plantea cada uno de ellos como un set diferente, con un drama distinto y resoluciones propias, sorprendentes. En Rompenieves las escenas memorables se suceden, desde peleas, tiroteos imposibles y reflexiones filosóficas con los pies en la tierra; aunque la característica más crucial de la película de Bong es el esfuerzo del cineasta por ampliar el imaginario creado por Lob y Rochette, y dotarlo de una coherencia con el fin de que en el futuro pueda continuar expandiéndose en otros episodios. 

El largo viaje de ‘Snowpiercer’ como serial 

El próximo 25 de mayo, la serie Snowpiercer comenzará su viaje televisivo tras casi cinco años de quebraderos de cabeza desde que en el 2015 la productora Tomorrow Studios comprara los derechos del cómic y se pusiera manos a la obra, con Bong Joon-ho, por cierto, como uno de sus productores ejecutivos. 

Llegar a rodar el capítulo piloto de la serie no supuso mayores dificultades que las habituales: el guionista Josh Friedman y Marty Adelstein logran la luz verde definitiva por parte del canal TNT y se decide que Scott Derrickson (Doctor Strange) dirigirá los episodios bajo la supervisión de Friedman, showrunner del serial, mientras que Jennifer Connelly y Daveed Diggs seguían como protagonistas. Los problemas comienzan en el 2018, cuando toda la maquinaria está en funcionamiento: Friedman abandona por diferencias creativas y le sustituye Graeme Manson, cocreador de la serie Orphan Black, mientras que el nuevo fichaje provoca la salida de Derrickson y un caudal de declaraciones poco amistosas en Twitter: “Las setenta y dos páginas del guion del piloto de Snowpiercer que escribió Josh Friedman es lo mejor que he leído nunca. El rodaje que hice con el guion de ese piloto puede que sea mi mejor trabajo. El nuevo showrunner tiene una visión radicalmente diferente a la mía sobre la serie. Renuncio a mi opción de dirigir los reshoots”. Para salvar los muebles, desde la productora fichan a James Hawes (Black Mirror, El alienista) y a Christoph Schrewe (Mr. Robot), y los resultados no han podido ser mejores, por el momento, ya que el serial tenía, antes del estado de confinamiento a causa del coronavirus, la producción finalizada. 

Así las cosas, ¿cuál es el punto de partida de la serie? Snowpiercer suma los universos del cómic y de la película de Bong, y nos sitúa de nuevo en este tren del fin del mundo, siete años después de que el planeta Tierra se haya convertido en un páramo helado. Con 1001 vagones en constante movimiento, en el interior del tren comienza una revuelta de la clase depauperada, harta de las severas injusticias y del cruel gobierno autoritario al que están sometidos. El serial iba a llegar a Estados Unidos (TNT) el 31 de mayo, y a Europa (Netflix), una semana después, pero las circunstancias han llevado a las cadenas a adelantar su estreno. 
 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #270

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