El 16 de febrero llegó a Prime Video Beyond Trainspotting: The World of Irvine Welsh (Ian Jefferies, 2025), que no es otra cosa que el relanzamiento para la plataforma de Choose Irving (2023), un documental donde el propio Welsh repasa sus inicios, desde su nacimiento hasta el éxito mundial. Entre los invitados se encontraban el productor Andrew Macdonald, Alan McGee de Creation Records e Iggy Pop, junto a Ewan McGregor y Bobby Gillespie. Pues bien. Hace unos días, el 17 de abril, Filmin estrenó en nuestro país Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis (Paul Sng, 2025), cuyo título original es Irvine Welsh: Reality Is Not Enough. Y cabe preguntarse, ¿por qué reinventar el título en lugar de traducirlo? Y sobre todo, ¿hacía falta dedicarle una segunda película al novelista y guionista escocés en tan poco tiempo? La primera cuestión se la dejamos a los responsables de decidir estas cosas. Sus razones tendrán. En respuesta a la segunda, nuestra opinión es un rotundo SÍ. Hacía bastante falta.
¿Las razones? Aquí uno se ve impelido a contestar como Renton: “No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”. Pero lo cierto es que las hay, vaya si las hay. Para empezar, Choose Irving/Beyond Trainspotting era aburrido. No por lo que se contaba, sino por la forma de contarlo. El busto parlante de Irvine rememorando su vida en compañía de otros bustos parlantes (gente guay, vale), y estos hilando farras y anécdotas vividas con el homenajeado, con materiales de archivo aquí y allá como único lubricante cinematográfico, mientras la banda sonora arbitra el tono, ahora dramático, ahora festivo. Como el 99,99% de los documentales musicales, vaya, pero con la única diferencia de tratar una rockstar literaria.
"Irvine Welsh, el escritor que se ha labrado una carrera metiéndose con tesón todo lo que se le ponga a tiro (nunca mejor dicho), manifiesta en los primeros minutos del metraje su deseo de experimentar con una de las pocas substancias que no ha probado nunca"
En Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis, en cambio, Paul Sng –el responsable de documentales musicales buenos sobre artistas filopunks de clase obrera como Sleaford Mods: Invisible Britain (2015) o Poly Styrene: I Am a Cliché (2021), y también de Dispossession: The Great Social Housing Swindle (2017), que aborda las consecuencias sociales de la política de “derecho a la compra” en los años ochenta y la falta de viviendas públicas en Gran Bretaña– opta por un recurso narrativo novedoso y bastante radical: un descenso a los interiores del cerebro creador de (además de Trainspotting) Escoria, Cola, Acid House o Éxtasis, entre otros libros estupefacientes, acompañando al autor en su primer viaje de DMT.
La 5-MeO-DMT (5-metoxi-N,N-dimetiltriptamina) –huelga decírselo al lector de esta revista– es un potente psicoactivo de la familia de las triptaminas conocido por sus efectos intensos y efímeros, y se dice que tiene la capacidad de aniquilar el yo, el ego, y provocar un renacimiento del individuo. Irvine Welsh, el escritor que se ha labrado una carrera metiéndose con tesón todo lo que se le ponga a tiro (nunca mejor dicho), manifiesta en los primeros minutos del metraje su deseo de experimentar con una de las pocas substancias que no ha probado nunca.
El gambito cinematográfico de Sng (quizá tomar DMT fuera realmente un deseo de Welsh, pero, en cualquier caso, le viene de perillas a la película) funciona a muchos niveles, poniendo de manifiesto, en primer lugar, la supuesta ausencia de ego de Irvine, su incesante deseo de, a las puertas de una envidiable senectud, seguir experimentando y aprendiendo y aplicar luego los resultados a su vida y a su obra. También aporta algunos de los momentos más divertidos del documental, en los que Irvine interactúa, haciendo explícita su incomodidad hacia el cariz esotérico y terapéutico del asunto, con los gurús psicodélicos que le “facilitan” la droga y lo guiarán en el viaje (unos calvos de una clínica especializada de Toronto con pinta de conducir un Tesla). Mientras los guías hablan de elevación mística, Irvine deja claro que solo ha venido a jugar, a esparcirse en el mero placer de regatear a su propio miedo. A correr por un improvisado campo de fútbol como hacía de niño con sus amigos entre los bloques de Pilton, el arrabal de Edimburgo donde se crio, cuando fantaseaban con la creencia de que los futuristas edificios de hormigón donde vivían eran, en realidad, naves espaciales. Y sobre todo, el recurso sirve como maravillosa puerta de entrada para que los espectadores peregrinemos con Irvine a lo largo de su biografía y su trayectoria profesional. Una vida para la que, como le es propio a todo fabulador, la realidad nunca ha sido suficiente. La vida de un adicto a la curiosidad.
"Mención aparte merecen las lecturas de pasajes de sus libros a cargo de una cuidada selección de voces: Nick Cave, Liam Neeson, Maxne Peake, Ruth Negga y Stephen Graham"
Todo sea dicho, a nivel visual el tropo funciona regulín. El tío se pasa el viaje tirado sobre un colchón, con los ojos tapados por un antifaz y una manta hasta la barbilla. Pero el director lo suple con creces mediante recursos que evitan los mentados escollos del documental al uso, como proyecciones a contraluz con material de archivo sobre su cabeza de skinhead-monje zen, escenas en las que Irvine habla de su vida a través de podcasts o sesiones de Q&A en festivales literarios. Mención aparte merecen las lecturas de pasajes de sus libros a cargo de una cuidada selección de voces: Nick Cave, Liam Neeson, Maxne Peake, Ruth Negga y Stephen Graham.
(Spioler alert: Irvine se transportará de vuelta al útero materno y, una vez renacido, cuando el guía le pida una descripción de lo vivido en su mundo interior, ni un currante del lenguaje como él encontrará las palabras adecuadas).
A más de uno y a más de una le vendrá a la mente Las puertas de la percepción, del simpar Aldous Huxley. Y algo de eso hay, claro. Pese a que el caledonio trata a toda costa de evitar del misticismo que caracterizó al inglés, ambos escritores comparten su gran voracidad vital e intelectual, así como el gusto por las sustancias químicas que ayudan a satisfacerla. También su voluntad de afrontar la muerte con la ayuda de las drogas psicodélicas, pues Irvine Welsh: de la escoria al éxtasis no rehúye cierto tono testamentario.
Pero no teman, que el bueno de Irvine hace mucho deporte y está más fresco que una lechuga. De hecho, este mes lo tendremos en el Brit Under Fest de Barcelona, donde el escocés nos hablará de sus últimas obras (Hombres enamorados, su nueva novela, secuela de Trainspotting ubicada antes de Porno, que Anagrama saca a la venta el día 13). Y encima cerrará el festival con un DJ set exclusivo de northern soul y disco. Vean la película y después vayan a verlo en persona, o viceversa. ¿Las razones? ¿Quién necesita razones cuando tienes DMT?