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Contra la ansiedad social

Entrevista con Alicia Danforth sobre la terapia con MDMA para autistas

MDMA

Empatía, al igual que droga, son palabras con significado múltiple. Esta es la certeza que Alicia Danforth tenía mientras preparaba el primer estudio a nivel mundial de terapia con MDMA para mejorar la calidad de vida de adultos autistas con ansiedad social.

“El uso de MDMA en situaciones no clínicas tiene reputación mundial de abrir a las personas, de ayudarlas a ponerse en contacto con sus emociones. Es conocida como ‘la droga del amor”, dice Danforth, psicóloga clínica e investigadora del Harbor-UCLA Medical Center, tras presentar en abril, en la Conferencia de Ciencia Psicodélica en Oakland (California), los resultados preliminares de este estudio elaborado en compañía de Charles Grob, psiquiatra y también profesor en la UCLA.

En este estudio piloto, Danforth y sus colegas se preguntaban si la MDMA (conocida en las calles como éxtasis o molly) pudiese reportar beneficios emocionales a adultos autistas. A medida que comenzó este proyecto, Danforth tuvo consciencia de las visiones estereotipadas sobre el autismo, y enfatiza que el propósito de su estudio no era “curar” a las personas del autismo.

“Esta no es una misión de rescate para entregarle un empatógeno a personas que son frías, despreocupadas e insensibles hacia adentro –señaló Danforth–. Esa es una forma poco precisa de describir a las personas autistas. Nosotros estamos haciendo un tipo de trabajo muy diferente. Estamos ayudando a que personas evitativas que quieren conectar con otras personas remuevan sus barreras. Un trabajo para quienes quieren tener éxito en su lugar de trabajo, quieren relaciones románticas, quieren conectar con otros, pero que por la razón que sea, el modo en que funciona su mente, les resulta excepcionalmente difícil interpretar los códigos sociales en tiempo real.

Su proyecto combina psicoterapia y otras técnicas –tales como arteterapia– con dos sesiones terapéuticas de MDMA que sirven para brindar acceso a un estado mental que podría ayudar a los individuos a dirigir sus vidas. Las sesiones de MDMA duran varias horas, en las que los participantes son apoyados por dos terapeutas en un espacio “autismo-amigable”; con luces suaves, mínimo ruido, espacio para el movimiento y una silla cómoda. Durante la sesión y como parte del protocolo de seguridad, el terapeuta monitorea el ritmo cardíaco, la presión arterial y la temperatura, y está ahí para apoyar a los participantes de cualquier forma que lo necesiten.

Foto de Alicia Danforth

En este estudio con doce participantes, cuatro tomaron un placebo inactivo y a los otros ocho se les dio MDMA, y fueron divididos en dos subgrupos. En el primer subgrupo, cuatro participantes recibieron una dosis de 75 mg de MDMA en la primera sesión y 100 mg de MDMA en la segunda. A los cuatro miembros del segundo subgrupo se les dio 100 mg de MDMA en la primera sesión y 125 mg en la segunda. La razón para las diferentes dosis activas fue que los investigadores quisieron determinar si pudiese existir un rango óptimo de dosificación más bajo para personas con autismo debido a los tipos de hipersensibilidad sensorial y desafíos de regulación emocional comunes en el autismo.

El propósito del pequeño estudio piloto era incluso explorar si era posible trabajar con MDMA en esta población, y lo más importante, si era seguro hacerlo. La Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos (MAPS, sus siglas por su nombre en inglés: Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies), organización que patrocina este estudio, aspira a que la MDMA sea reconocida como medicina de prescripción para el 2021. Sus ensayos más notorios se centran en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático (PTSD, siglas por su nombre en inglés: post-trauma stress disorder) con psicoterapia asistida con MDMA. Es un extenso proceso de investigación de tres fases, que costará sobre treinta millones de dólares, fondos que buscan recaudar de donantes privados, dado que este tipo de investigación no es financiada con facilidad por las fuentes tradicionales.

El estudio de Danforth toma lo que se ha aprendido a través de la investigación del PTSD y construye a partir de ello, observando cómo el modelo de investigación con MDMA psicoterapéutico puede ser adaptado para que satisfaga las necesidades propias de los adultos con autismo. Antes de la realización del ensayo clínico, que fue realizado con doce participantes que nunca habían tomado MDMA, Danforth y sus colegas condujeron un pequeño estudio cualitativo con adultos autistas con experiencia previa con MDMA para determinar si esta sustancia funcionaba de manera similar en personas con autismo que en personas sin autismo.

“Los individuos autistas tienen diferencias cognitivas. Responden de manera diferente a la psicoterapia convencional y responden de manera diferente a la medicina de prescripción –señaló Danforth–. Así es que con el estudio cualitativo comenzamos a hacer la pregunta: cuando la gente toma éxtasis en espacios no clínicos, ¿reportan que les fue útil?”.

Después de entrevistar cerca de dos docenas de adultos autistas que habían tomado éxtasis, a Danforth le quedó claro que les era beneficioso en particular en relación con su ansiedad social. Posteriormente buscó el apoyo de su equipo para realizar un ensayo bajo una perspectiva clínica.

Epifanías y llaves que abren puertas

Los datos preliminares muestran que, en algunos participantes, la MDMA pudo ayudar a derribar algunas de las barreras que el individuo autista enfrenta. Los participantes reportaron cambios en la forma en que se comunicaban con otros, notando que su “crítico interno” estaba más callado, y reportaron sentirse menos inhibidos, sentirse más conectados con otros y sintiendo un tipo de claridad mental con la que ganaban comprensión interior (insight) de sus vidas.

“Pareciera como si, para algunos individuos que son autistas, la MDMA les permitiera experimentar un estado mental que posteriormente les puede ser útil para tener más éxito participando en la conversación cotidiana en la oficina, o encontrando el coraje para flirtear, o dejando alguna de las inhibiciones que frenan sus intentos de hacer aquello que realmente les gustaría hacer”, dijo Danforth.

Los investigadores han mostrado que la MDMA puede ser utilizada con mucha seguridad en adultos autistas y que su uso terapéutico en contextos clínicos puede derivar en cambios positivos duraderos para algunos participantes. Algunos reportaron mejoras en la comunicación y en la capacidad de escuchar las experiencias de los otros. Otros reportaron tener más éxito conectando en relaciones, tales como los miembros de la familia. Otro tema que surgió en el estudio cualitativo fue el de la “claridad”, con experiencias de “epifanía” en los que, de pronto, comprendían ciertas cosas, una creencia o patrón de pensamiento que los estaba reteniendo.

Y los efectos parecieron ser duraderos, con nuevas comprensiones que surgen meses o años después. Un participante envió un correo electrónico al equipo de investigación cuarenta meses después del tratamiento para compartir lo que aún estaban aprendiendo de la experiencia. “Una cosa principal que estoy sacando de las sesiones, pero recién ahora me doy cuenta de ello, es que ahora soy más ‘yo’. Si la gente me quiere como soy, eso es maravilloso. Si no, estoy menos hipersensible y me permito aceptarlo más”, escribieron. Entre la comunidad que se dedica a la investigación psicodélica, hay discusiones e intentos de estudiar el impacto en sujetos que han tenido experiencias espirituales o místicas sobre ese tipo de comprensión. Según los resultados de la Universidad John Hopkins –donde han estado conduciendo investigación con psilocibina–, los participantes que reportaron experiencias místicas clásicas durante sus viajes asistidos con psilocibina obtuvieron mejores resultados en cuanto a la comprensión.

Los efectos positivos, sean causados por la sustancia y/o el contexto terapéutico, ayudan a que las personas accedan a algo que ya existía en ellas, como ya sugirió Sasha Shulgin, el químico a quien se le atribuye introducir a los psicólogos en el éxtasis en los años setenta. De acuerdo con Danforth, es una combinación de todo y depende de cada individuo.

“Yo abrazo la metáfora y analogías respecto que las sustancias son como llaves que abren puertas –dice Danforth–. Creo que estas sustancias catalizan un estado de consciencia que permite a alguien trabajar con lo que hay allí si podemos crear un espacio en el que se sientan seguros”.

El bagaje de Danforth en psicología transpersonal le permite trabajar con aspectos de la sanación que son psicoespirituales. “Me siento cómoda siendo un guía para personas que navegan en estados místicos, y no hago intento alguno por entender de qué se trata, yo solo veo mi rol como alguien que está cuidando la seguridad y la comodidad de alguien cuando está yendo hacia ese espacio místico”, señaló Danforth.

“La parte artística del arte y la ciencia de la investigación psicodélica es: ¿cómo puedo ayudarlos a sentirse seguros yendo hacia donde quieran ir?, ¿tengo herramientas y técnicas que puedan ayudarlos a optimizar la experiencia?”, señaló Danforth.

Para el estudio de adultos autistas, el equipo de Danforth había equilibrado el rigor de la ciencia con elementos subjetivos con los que mejorar el viaje de los participantes, lo que podía incluir apoyo visual, música o silencio en los momentos apropiados para ayudar a expresar emociones. “Para mí eso es lo que hace a la ciencia psicodélica tan excitante”, dice Danforth.

Foto de Alicia Danforth y Charles Grob
Alicia con Charles Grob, profesor de psiquiatría y ciencias bioconductuales y director de la División de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), también experto en psiquedélicos.

“¿Cómo va tu día?”

En relación con los resultados, Danforth piensa que algunas veces las cosas más pequeñas son las que tienen el mayor impacto. Ella recuerda la historia de un participante que, poco después de su primera sesión de tratamiento, se encontró a sí mismo haciendo fila en una tienda, esperando a ser atendido por una cajera atractiva. “Se empezó a poner ansioso, pero, en lugar de abandonar la fila, como hubiera hecho antes para evitar la interacción con aquella mujer guapa, avanzó pensando en alguna cosa que pudiera decirle. Cuando llegó a la caja le soltó: “¿Cómo va tu día?”, y hubo un intercambio agradable de palabras. Caminó hacia afuera sintiéndose muy bien respecto a sí mismo y dándose cuenta de que no necesitaba correr y esconderse para evitar interacciones casuales como estas”.

El pasado abril, el equipo de Danforth completó las entrevistas de seguimiento finales de los últimos participantes y analizaron después los resultados. Dado que este era un estudio piloto con solo doce participantes, Danforth y sus colegas no pueden hacer generalizaciones amplias respecto a sus hallazgos y apuntan al hecho de que es necesaria más investigación. Danforth señala que este tipo de tratamiento no debe ser proclamado como un milagro médico, y previene respecto a malinterpretar los resultados de su estudio o hacer afirmaciones exageradas. La próxima etapa será compartir los resultados de su estudio con la comunidad autista y reunir la financiación para continuar el trabajo.

“Quisiera ver estudios de ansiedad social más amplios”, señaló Danforth, pensando en cómo los resultados de este estudio podrían aplicarse a personas, tanto autistas como no autistas, que luchan contra la ansiedad social.

Conectar con la empatía hacia uno mismo, así como hacia los otros, es algo de lo que todos podemos beneficiarnos, y esta investigación preliminar se encamina en esa dirección.

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