Estamos trabajando en una nueva versión de Cáñamo. ¡Disculpa las molestias!

Hostpital de la Universidad de Connecticut

MDMA para las víctimas del racismo de Estados Unidos

Entrevista a Monnica Williams
José Manuel Rodríguez
Este artículo se publicó originalmente en el número 251 de la revista Cáñamo España

Nueva York, septiembre del 2018. Antes de iniciar este proyecto hace tres años, a la psicóloga Monnica Williams nunca se le hubiera ocurrido utilizar MDMA con el objetivo de sanar y tampoco había probado nunca esta sustancia. Ahora dirige uno de los catorce ensayos de terapia asistida con MDMA organizados por MAPS, y ella misma ha sido la paciente en una sesión de entrenamiento. 

En agosto del 2017, la organización MAPS, acrónimo en inglés de la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psiquedélicos, recibió luz verde para iniciar la fase III de ensayos clínicos para el tratamiento psicológico asistido con MDMA de personas con trastorno por estrés postraumático (TEPT) a causa de agresiones sexuales, crímenes violentos o experiencias bélicas. Esta fase III incluye catorce ensayos en Estados Unidos, Canadá e Israel, con un coste de veinticinco millones de euros y con entre doscientos y trescientos participantes.

Tras el anuncio, el caso de los veteranos de guerra recibió especial atención en los medios estadounidenses, que relataron historias de exsoldados que tras pasar por Irak, Afganistán u otras guerras regresaban con gravísimas secuelas psicológicas. Unos traumas que no mejoraban con tratamientos tradicionales, empujando cada año a miles de ellos al abuso de drogas, el paro, el sufrimiento y el suicidio. En ensayos anteriores, un gran porcentaje de veteranos respondió muy positivamente a la terapia con MDMA. 

Pero el ensayo que dirige Williams en la Universidad de Connecticut es diferente. Sus pacientes son víctimas de la discriminación y violencia raciales; afroamericanos en su mayoría con TEPT provocado por el racismo social e institucional de Estados Unidos, que han sufrido a lo largo de sus vidas en numerosas ocasiones.

Williams creció en San Diego (California), y está especializada en la salud mental de minorías étnicas –afroamericanos, hispanos y nativos–, desórdenes obsesivo-compulsivos y traumas. Fue MAPS quien contactó con ella. La organización era consciente de que hasta la fecha sus estudios no reflejaban la diversidad racial de la sociedad. “Eran estudios hechos a blancos”, explica Williams a Cáñamo en una de las habitaciones en las que ella y cinco psicólogos más conducen las sesiones asistidas con metilendioximetamfetamina, nombre genérico de la MDMA. 

El hospital de la Universidad de Connecticut ocupa un alto cerca de la localidad de Hartford, la capital del estado. Se trata de unas instalaciones de reciente construcción rodeadas de bosque. El edificio es frío, a pesar del calor veraniego, y está completamente vacío, al tratarse de un sábado por la mañana. En dos habitaciones se desarrolla el estudio de MAPS; tres parejas de terapeutas, siempre formados por un hombre y una mujer, ambos de color. Esa mañana, en la primera habitación se encuentra una joven afroamericana de unos veinticinco años realizando varios test y entrevistas por internet que servirán para determinar su idoneidad en este ensayo.

Si pasa el corte, esta joven comenzará un proceso de varios meses, que incluye tres sesiones con MDMA en la sala en la que se encuentra. Las sesiones serán grabadas y su ritmo cardíaco y presión arterial estarán monitoreadas, podrá escuchar música de una lista de Spotify diseñada específicamente para acompañarla en la experiencia, podrá taparse los ojos para concentrarse en sus sentimientos y compartirlos con una pareja de terapeutas, que entienden lo que significa no ser blanco en Estados Unidos. 

Pasillo del hospital
Los pacientes duermen en una habitación del hospital la noche del tratamiento con MDMA.

¿Cómo funciona esta terapia? 
Cuando la gente está traumatizada sienten tanto miedo y ansiedad en torno a su experiencia traumática que no pueden pensar en ella de manera objetiva, no cuentan con una visión desde fuera, llegar hasta ahí les resulta muy difícil. Pero con la MDMA aumentan los sentimientos de confianza, seguridad y bienestar, y entonces consiguen una imagen panorámica y alejada de su trauma, logran ponerlo en perspectiva. Esto no lo podían hacer antes porque sus recuerdos estaban enredados en una maraña confusa de emociones negativas. Las emociones negativas siguen ahí, pero son mucho más manejables. La MDMA te permite ser valiente con tus emociones en torno a tus memorias traumáticas en lugar de ser miedoso y ansioso. Esas emociones obstaculizan la terapia tradicional, pero aquí pueden reprocesar estas emociones y experiencias. Cuando el miedo desaparece pueden enfrentarse a estos hechos que tanto les han afectado, a veces durante muchos años. No tener miedo es lo que realmente les permite reprocesar estas memorias de manera más efectiva. Años de terapia se pueden condensar en unas cuantas sesiones. Muchas rupturas o realizaciones suceden en esas dos o tres sesiones. Cuando un individuo está traumatizado sufre mucha vergüenza y culpabilidad, y llega a la conclusión de que es defectuoso de alguna manera, que el mundo es un lugar peligroso y que no puede confiar en nadie. Pero cuando da un paso atrás, lo ve todo de otra manera y dice cosas como “entiendo que este trauma negativo me ha sucedido no porque yo sea una mala persona”. Esos son los momentos, que no suceden muy a menudo, que celebramos como terapeutas. Con la MDMA los pacientes pueden experimentar tres o cuatro momentos así en una sesión, y es algo bastante increíble.

"Muchos familiares de nuestros participantes no les acompañan en este proceso"

¿Cómo define esos momentos? 
El paciente recibe una visión interior que resulta muy profunda y llena de significado. Muchas veces para nosotros los terapeutas puede resultar obvio, pero para ellos se trata de un lugar al que antes no podían llegar. Puede ser algo tan sencillo como “merezco ser amada” o “tengo todo lo que necesito en esta vida”. A veces ellos mismos afirman que nunca antes habían dicho cosas así, por lo que entendemos que es la primera vez que alcanzan ese espacio. Se llora mucho en estas sesiones. La MDMA retira el miedo, por eso el llanto no viene necesariamente del miedo, sino más bien aparece porque se sienten abrumados ante la posibilidad de vivir una vida libre de síntomas de TEPT. Los psicólogos tuvimos nuestra sesión como parte del entrenamiento y me pasé la mitad del tiempo llorando, es decir, unas cuatro horas. Pero no era un llanto horrible, lo sentí como algo realmente importante, útil, catártico y lleno de significado. Como: “estoy llorando pero está bien”. 

¿Cómo se estructura el tratamiento?
En total se trata de unas veinte sesiones, pero algunas son solo de evaluación para ver cuán grave es su TEPT y determinar si pasan el corte para el estudio. También tenemos una sesión preparatoria de noventa minutos. La sesión con MDMA dura todo el día, y a la mañana siguiente hay una sesión de integración de noventa minutos. Esto se repite tres veces y luego se hace un seguimiento. Entre las sesiones podemos contactarles por teléfono para ver qué tal están y si hay algo que quieren compartir antes de la próxima sesión. Les evaluamos a ver si se ajustan a lo que buscamos y también tenemos un supervisor externo que les hace una serie de pruebas y entrevistas a través de internet. Este supervisor independiente le da una puntuación al paciente, que luego se revisa al final del tratamiento. 
 

Habitación del hospital
Tras una sesión de terapia con MDMA, el paciente pasa la noche en una habitación con estas vistas. Al fondo, la ciudad de Hartford, ciento veinticinco mil habitantes.
Música para la terapia
Durante la terapia, la música puede ser una ayuda para acompañar al paciente en su proceso.
Cámara de vídeo
Las sesiones también se graban en vídeo.
Objetos para relajación
Algunos objetos pueden servir para relajarse durante la sesión.

Para estas personas el origen de su trauma puede estar a la vuelta de la esquina, a diferencia de los veteranos. 
Así es. Las víctimas de la violencia racial sufren continuamente. Y hablando de veteranos, los veteranos de color están increíblemente traumatizados; nos cuentan que no fue solo el combate, sino la manera en que fueron tratados como personas de color. En un entorno en el que sus vidas corrían peligro necesitaban confiar y apoyarse en sus compañeros, pero no siempre fue posible. A veces sucedió todo lo contrario. Esos compañeros blancos resultaron peligrosos y muchas veces les hicieron mucho daño. Esas experiencias son también parte de su trauma. “Fue traumático ser bombardeado, pero también escuchar a mis compañeros blancos decir que me iban a tirar por la borda”, he escuchado decir. 

¿Y entre los afroamericanos las mujeres sufren más agresiones? 
Eso parece, pero no necesariamente. La experiencia de ser racializados en este país es muy diferente para hombres y mujeres. Las mujeres negras sufren mayor agresión sexual, desprotección e invisibilidad social. Los hombres negros sufren más la violencia y la brutalidad policiales y el encarcelamiento. Es muy diferente. A todos los hombres negros que yo conozco les ha parado la policía mientras conducían en repetidas ocasiones. Solo por conducir. Y muchos han pasado por la cárcel en alguna ocasión. A mí nunca me paran, pero desde luego que sufro mi parte de discriminación de distintas maneras. 

¿Me puede contar algo sobre sus pacientes? 
No debo hablar de mis pacientes en detalle. Lo que sí le puedo explicar es que sus experiencias como personas de color han sido muy profundas y ha resultado muy valioso para ellos encontrar a gente en la que pueden confiar, con una determinada procedencia cultural y que les pueda entender en un plano personal. Estos terapeutas tienen un conocimiento y una formación específica que les permitirá escuchar y entender cuando el paciente les hable de privilegio, racismo, opresión o justicia social, sin preocuparse de que no le vayan a comprender o que le vayan a juzgar. Es muy valioso para ellos. Es muy tranquilizador poder identificarse con la otra persona. Muchos participantes nos han dicho que esta era una de las mayores razones para trabajar con nosotros. 

Pañuelos para limpiarse
El llanto puede surgir en una sesión de estas características.

¿Qué han aprendido sobre cómo tratar a sus pacientes durante una de estas sesiones?
Pues por el momento es algo nuevo para nosotros, porque acabamos de empezar. Una cosa que está clara es que hay diferencias significativas entre los individuos con quienes estamos trabajando nosotros y los de los demás estudios. Nuestros pacientes necesitan mucha más confianza y contacto directo, tenemos que entender que puede haber muchos obstáculos en su camino al tratamiento y la mejora. Para muchos de ellos las preocupaciones familiares son un tema importante. Muchos familiares de nuestros participantes no les acompañan en este proceso. Esto ha sido un problema para algunos que habíamos preseleccionado y que finalmente no han participado porque sus familias no les apoyan. Alguno sentía que no se lo podía contar, otros se lo han contado solamente a una parte de su familia y no ha salido bien, otros estaban enormemente preocupados por contárselo... Pienso que necesitan mucho apoyo nuestro para seguir adelante en el tratamiento a causa de la negatividad que entra por otros lados. 

¿Ha encontrado escepticismo por parte de algunos sectores o colegas de profesión, por el uso de MDMA o porque pensaran que el trauma racial no es comparable a otros?
Depende de la audiencia. Yo ofrezco muchas charlas y talleres cada año, y especialmente entre psiquiatras hay cierta confusión en torno a la idea de que el racismo puede ser tan traumático como el combate. A veces tengo que explicarlo un poco más, por partes, para que lo entiendan bien, y a algunos todavía les cuesta entenderlo. Tampoco es que me pase todos los días explicándolo, pero indirectamente ha habido pacientes que me han contado que han compartido sus emociones con su terapeuta y este alguna vez ha ninguneado esas ideas sobre el racismo. 

¿Cómo determinan que un paciente está curado? 
Observamos qué tal están en su día a día. Si antes sufrían un colapso emocional cada día y eso ya no pasa, pues obviamente estamos ante una mejoría. En general, se trata de una serie de mejoras en cómo se enfrentan a la vida. Confiamos en que puedan manejar mejor los pequeños conflictos cotidianos para que no desencadenen los traumas internos, que ellos tengan una mayor fuerza interior. Les ayudamos a tener una mayor resiliencia, a veces también tienen que acometer determinados cambios en sus vidas, si están en un trabajo en el que sufren agresiones o el barrio... Una vez me sucedió que estaba caminando por un barrio que no es el mío y alguien llamó a la policía. Les tuve que enseñar mi identificación para probar... ¿Para probar qué? Sabían que no era de allí, y desde entonces pues una tiene más cuidado aunque solo sea para dar un paseo, porque la gente puede pensar que soy una criminal. Ni me detuvieron ni me pegaron, pero desde luego que deja una marca, se instala un miedo y te hace pensar que este mundo puede ser peligroso. No poder salir a pasear o correr, eso da miedo. Queremos que la gente sepa que tiene todo el derecho a utilizar las aceras como cualquier otro, en vez de retraerse y no tomar ese riesgo. 

Monnica Williams
Monnica Williams habla con Cáñamo en la habitación donde el paciente pasa la noche después de una sesión asistida con MDMA.

¿Cómo se entrena a los terapeutas para una terapia de estas características? 
En un principio, tuvimos que atender dos talleres intensivos de un fin de semana de duración en un retiro con los psicólogos que participaron en los estudios anteriores. Ahí nos introdujeron en este método, qué es la MDMA, cómo es este proceso, qué se puede hacer y qué no, qué podemos esperar que suceda durante una sesión cuando el paciente está bajo los efectos de la MDMA o qué podemos hacer para mejorar el proceso y ayudar a que la persona se entregue a él... También vimos muchos vídeos de sesiones, y eso nos ayudó mucho; esa experiencia visual fue muy importante. A todos los terapeutas de la fase III nos animaron a participar en una sesión de terapia asistida con MDMA, que se desarrolló con la asistencia de quienes participaron en la fase II. Esto fue una experiencia muy valiosa, y ahí pude entender de qué manera esto puede ser útil para nuestros pacientes. Tener esa experiencia en primera persona ayuda a la hora de saber qué se siente con la MDMA en un entorno como este. 

¿Nunca la había tomado antes? 
Nunca antes la tomé. Definitivamente, no era una iniciada. 

"Sus experiencias como personas de color han sido muy profundas y ha resultado muy valioso para ellos encontrar a gente en la que pueden confiar"

¿Y ahora está convencida de su utilidad? 
Oh, sí, totalmente. Ya estaba convencida después de ver todas las grabaciones de sesiones y ver cómo mejoraban. Claro que no es lo mismo que experimentarlo uno mismo. Incluso inicialmente me preguntaron a mí si yo quería ser parte del estudio y tener la oportunidad de un tratamiento así. Y dije que no. Luego pensé: “bueno, en realidad voy a estar con un médico y un enfermero y será MDMA puro y de laboratorio. Más seguro no puede resultar, debería probarlo”. La idea es que el tratamiento no se acaba después de la sesión, sino que se queda contigo; las lecciones que has aprendido permanecen. A veces me llegan pensamientos que puedo vincular a la sesión, y eso es algo muy poderoso. Muchos asuntos, sobre los que había trabajado mucho... De alguna manera era todo como un crucigrama incompleto y la MDMA me dio un montón de respuestas que me faltaban. Eso me llevó a muchas más respuestas durante los siguientes días, semanas y meses. Me preguntaron una vez que definiera la experiencia con una palabra y dije “transformacional”. Nunca antes había usado esa palabra. Sigo siendo la misma persona, claro está, pero la experiencia me dio una nueva visión, muy útil para mí personalmente. 
    
¿Va a seguir involucrada en este tipo de tratamientos una vez concluido el ensayo de MAPS?
Me encantaría seguir con esto. Existe una posibilidad de acceso ampliado para el tratamiento, un uso compasivo que estará disponible antes de la aprobación por parte de la FDA. Espero tener la oportunidad de ofrecerlo a gente de color con pocos recursos a través de este mecanismo, tan pronto como sea posible. Desde luego no creo que esté cubierto por las aseguradoras. Hemos calculado que podría costar unos doce mil dólares, algo fuera del alcance para muchos, especialmente las personas que estamos interesadas en ayudar. Los primeros en la fila van a ser personas con muchos recursos que puedan venir en sus jets o helicópteros a hacerse el tratamiento. Espero que en el futuro generemos suficientes ingresos de esa manera para poder ofrecer el tratamiento con una tarifa reducida a gente que no se lo puede permitir. Tres personas muy pudientes, por una persona que no pueda pagarlo.