Entrevista a Pablo García Varela

“El Estado nunca tuvo un plan para desmovilizar a la juventud vasca”

Entrevista a Pablo García Varela
David Méndez
Este artículo se publicó originalmente en el número 259 de la revista Cáñamo España

Pablo García Varela (Oviedo, 1992) es graduado en Historia, y máster en Historia Antigua y en Historia Contemporánea de España. Después de tres años de trabajo, se doctoró en Historia Contemporánea con la primera tesis que trata la relación entre ETA, las drogas y el narcotráfico.

Nos encontramos en una calle coruñesa con nombre de historiador gallego. Mientras llega su café y mi caña, me enseña el documento donde desarrolla su investigación, a lo largo de más de 450 páginas. Aún faltan por sumar los anexos y una bibliografía compuesta por unas 1.300 referencias. Pablo García Varela (Oviedo, 1992) es graduado en Historia, y máster en Historia Antigua y en Historia Contemporánea de España. Después de tres años de trabajo, pronto se doctorará en Historia Contemporánea con la primera tesis que trata la relación entre ETA, las drogas y el narcotráfico. En 1980, Herri Batasuna (HB) culpa al Estado de introducir heroína entre la juventud vasca para que “se consuma a sí misma en la adicción”. Así da comienzo una campaña de atentados contra personas a las que ETA acusa de estar involucradas en el tráfico de drogas. Cuarenta años después –a pesar de los esfuerzos de historiadores como Juan Carlos Usó–, todavía hay quien defiende y promueve la idea de un plan gubernamental con el objetivo de intoxicar a la población de manera selectiva. Las pruebas que lo demostrarían: testimonios particulares y casos concretos de corrupción institucional, similares a los que se han dado en todo el territorio español durante décadas. García Varela repasa las deficiencias de la versión abertzale, los factores que se dieron en el País Vasco, la magnitud del fenómeno de la heroína en ésta y otras regiones, los problemas que supuso la actividad de ETA para el desempeño policial y el consumo de drogas dentro de la propia banda.

Te han dedicado una entrada en un blog: “Pablo Varela, el Heroíno Españolista”, se titula. “El más reciente apologista del terrorismo de Estado español”; ése eres tú.

Eso no lo sabía yo (risas).

También se meten con tu tutor.

Pues es un tío con una cabeza impresionante. Esto es muy fácil: mi tutor es Antonio Rivera, socialista que estuvo en el Gobierno de Patxi López, y mi otro tutor es Gaizka Fernández, del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Para los más radicales de la izquierda abertzale, eso es Estado puro. Yo soy del Estado. A mí, que no tengo nada que ver con el País Vasco, me ha creado el Estado para hacer esto… Lo entiendo, es un tema polémico. Pero me da igual: soy historiador, trabajo con datos, con el material que tengo, y puedo decir determinadas cosas. En la tesis, evito hacer valoraciones morales.

En una ponencia hablabas del IRA, las Brigadas Rojas, Terra Lliure… En la tesis, sin embargo, pareces centrarte en ETA.

En futuros artículos, ampliaré y seguiré investigando el fenómeno en otras regiones. Es interesante comparar. Sí que hablo de las Brigadas Rojas, el primer grupo terrorista europeo que inicia una campaña contra el narcotráfico. Un grupúsculo de la organización mata en el 78 a tres traficantes de heroína en Roma. En Francia, Italia, Inglaterra y Alemania han surgido teorías de la conspiración que acusan al Estado de introducir heroína. En los 70, Alemania Occidental, acusó a los servicios secretos soviéticos de esto para atacar a sus jóvenes. Y durante la Guerra Fría, medios estadounidenses y europeos acusaron al movimiento comunista del sudeste asiático de lo mismo para frenar la progresión de Occidente. La expresión “teoría de la conspiración” aparece en España en los años 60, después del asesinato de Kennedy. A partir de ahí, las teorías conspirativas se generalizaron. No son exclusivas de la izquierda.

La teoría de la conspiración que atribuye al Estado la introducción de heroína en el País Vasco se apoya, actualmente, en el informe Navajas y en dos testimonios recogidos por Pepe Rei, del diario Egin.

Pegatina de Herri Batasuna pidiendo la expulsión de los traficantes.
Pegatina de Herri Batasuna pidiendo la expulsión de los traficantes.

Del informe Navajas se sabe poco. Por lo que he podido hablar con gente cercana a la investigación, no hay nada en especial. Era una investigación interna por corrupción entre altos mandos de la Comandancia. Por cierto, uno de los encargados de la investigación acabó siendo juzgado por tráfico. Galindo dirigía el cuartel de Intxaurrondo. Y en ese cuartel se hacía de todo: guerra sucia, narcotráfico, subastas de bienes embargados… A Galindo se le condenó por lo primero, pero un informe de la Guardia Civil de 1992 le atribuye también lo segundo. Ese tío era un corrupto, hay que decirlo claramente. En la Guardia Civil hubo una guerra interna para cargárselo, y de ahí, el informe Navajas. Pero que Galindo fuera un corrupto no significa que toda la Guardia Civil lo fuera. No se puede generalizar. Es como si dijera: porque había consumidores de heroína en ETA, todos los etarras tomaban heroína. No puedo decir eso. Y en el informe Navajas, en las pocas hojas de las que se tiene conocimiento, se habla mucho de contrabando de tabaco. No de heroína. Principalmente, tabaco. La gente se monta unas películas que, si coges una pluma, como Pepe Rei, te puedes construir una historia para escribir dos o tres libros. No eres objetivo cuando la ideología te domina a la hora de escribir. Él piensa eso porque ETA lo dijo. Y porque lo ve así: una realidad deformada por sus experiencias y por lo que cree que vivió. Y no va a dar su brazo a torcer. Hay mucho mito alrededor del informe Navajas; en la tesis le dedico 40 páginas.

Justo Arriola insiste en que la heroína fue un arma política.

Es Pepe Rei, básicamente, el libro de Arriola; y publicaciones de la izquierda abertzale. Lo único que aporta a mayores es el episodio de Arrasate. Lo detectan el jefe municipal de allí y José Antonio Ardanza, que lo escribe en sus memorias. Dicen que hay unos traficantes de droga que, al parecer, llegan al cuartel. Supuestamente, porque todo esto no está probado. Pregunté personalmente en varios archivos judiciales del País Vasco y, tras buscar entre las denuncias presentadas, me dijeron que no había nada. Los traficantes, probablemente, eran confidentes de la Policía, que le daba mayor prioridad a la información sobre ETA que a combatir el narcotráfico. Hay que entender que fueron años duros.

“Durante los 80, ETA tuvo problemas con consumidores de heroína dentro de sus filas. Incluso asesinó a uno de sus miembros por quedarse con dinero de atracos para sus gastos personales”

¿La actividad de ETA complicó la lucha contra el narcotráfico?

Entre 1978 y 1990, hubo más de 1.000 atentados contra los cuerpos de seguridad. Y fueron asesinados más de 400 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Sobre todo en las áreas metropolitanas de Bilbao y San Sebastián, zonas de consumo de drogas. Había gente que se dedicaba a seguir sus coches para que ETA atentara contra ellos. Hubo un atentado en el casco urbano de Vitoria en 1988. Hicieron una llamada diciendo que había dos drogadictos intentando pegarse. Acudieron dos agentes de la Policía Nacional –Francisco Espina Vargas y Antonio Gómez Osuna–, y al llegar los asesinaron. Tras este atentado, la Policía Nacional decidió no responder este tipo de alertas y cedió a la Policía Municipal de Vitoria esa responsabilidad. Pero entre 1986 y 1988, los municipales habían sido agredidos en 65 ocasiones, y se había destruido un vehículo policial. Se meten en la calle Cuchillería, dentro del casco urbano de Vitoria –una zona con fuerte presencia abertzale–, y les agreden, les revientan el coche… Llegó un momento en que en el centro de Vitoria se hacía de todo. Los responsables de la seguridad municipal llegaron a calificar el área como “zona liberada”. Se criticaba la inacción de las autoridades, pero ¿cómo pretendes que los mismos que echas de allí a golpes vuelvan a luchar contra el tráfico de drogas? La necesidad de autoprotección es uno de los factores fundamentales que explican la falta de eficacia de las fuerzas de seguridad en la lucha contra el narcotráfico en el País Vasco. En las épocas de tregua, las aprehensiones suben, aumentan las detenciones por drogas. Porque pueden actuar con normalidad. Es tan fácil como consultar los datos; esto ya lo comprobó Juan Carlos Usó. Además, la justicia en el País Vasco era muy garantista. Cuando se hacían investigaciones por drogas, muchas se iban al traste porque las llevaban jueces jóvenes que se quedaban sólo seis meses, por miedo a convertirse en objetivo de ETA. Los casos se desestimaban por faltas en la investigación. Muchos traficantes parecía que entraban y salían del juzgado por esa razón. Eso es interesante y se ha investigado poco.

¿Qué fuentes empleas en tu investigación?

He visto mucho. En hemerotecas: El País, La Vanguardia, ABC… todo. El Diario Vasco, El Correo Vasco, Egin… toda la prensa vasca, también. Documentos del Estado, Interior y Sanidad sobre consumo de drogas, todo. Los planes nacionales sobre drogas, desde el 85 hasta la actualidad. Igual con el Gobierno vasco. El más importante es el Libro Blanco de las Drogodependencias, del 87; uno de los primeros estudios en profundidad sobre el fenómeno en el País Vasco. Todos los informes sobre la heroína, artículos, libros… Informaciones de hospitales, estadísticas de tratamientos de desintoxicación. Sentencias judiciales. Entrevistas a gente que estuvo desde el principio trabajando en este tema en el País Vasco; gente de la Ertzaintza; González de Audikana, director del Instituto de Drogodependencias, miembro del primer equipo del Gobierno vasco sobre drogas…

Recortes de periódicos que tratan la ambivalente relación entre ETA y el narcotráfico.
Recortes de periódicos que tratan la ambivalente relación entre ETA y el narcotráfico.

Y ¿qué le falta a la teoría de la conspiración para ser creíble?

Pruebas. ¿Estuvo el Gobierno detrás o fue una construcción posterior de estos movimientos políticos para explicar su fracaso? ¿Al Estado le compensaba introducir heroína, con todos los problemas y gastos que supuso? ¿Por qué no habría en ese plan una fase posterior para retirar la heroína de las calles, si su distribución estaba controlada por el Estado? Esas preguntas dan forma a uno de los capítulos más interesantes de la tesis. Primero hay que tener en cuenta una cosa: estábamos en plena consolidación democrática. Pensar que en ese momento el Estado tiene capacidad para desarrollar un plan así, cuando la guerra sucia se la encargaron a quien se la encargaron…

A nivel operativo, el asunto de los GAL parece bastante más simple.

Y los pillaron a todos. Cómo es que la teoría de la conspiración no la ha descubierto nadie, si organizaron como organizaron los GAL. El Estado nunca tuvo un plan para desmovilizar a la juventud vasca con heroína. Faltan pruebas que lo demuestren. Papeles. Habría muchísimas pruebas de ello. No más testimonios, porque eso no determina nada. Al Estado sí le preocupaba el apoyo juvenil con el que contaba ETA. El Gobierno descartó un acercamiento al mundo juvenil –en un entorno tan hostil hacia el Estado– y optó por el seguimiento policial de jóvenes sospechosos cercanos a ETA. La situación se complicó en los 90 por la kale borroka, y derivó en la criminalización de todo el entramado juvenil del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV).

¿Qué argumentos desmontan la teoría conspirativa?

Primero, que no se desmovilizó a la juventud vasca. Eso lo decía Usó y es algo que hay que tener muy en cuenta. Jarrai fue un movimiento muy vivo en los 80 y 90, y la kale borroka. Iñaki Markez, psiquiatra cercano a la izquierda abertzale, dijo que los que se metieron en el mundo de la heroína probablemente no habrían entrado al MLNV, que no les interesaba todo eso. Estaban a otras cosas. Muchos del rock radical vasco no querían saber nada en su momento de ETA. Pasotismo que criticaba la izquierda abertzale en un principio, hasta que logró llevárselos a su entorno. Querían vivir la vida. Además, los índices de consumo de heroína no fueron los más altos de toda España; eso es mentira. Fueron unos niveles normales, menores del 5 %. Que afectaron a un tanto por ciento muy pequeño de la juventud vasca. Las únicas pruebas que tienen son muy débiles. Básicamente, se fían de confidentes –extraficantes, algunos– y de gente, posiblemente, simpatizante de la izquierda abertzale. Sólo le dan valor a testimonios e informaciones que les permiten justificar su tesis. Pero en sentido contrario, digo lo mismo: argumento que ETA, como organización, no se lucró con el narcotráfico.

“Estábamos en plena consolidación democrática. Pensar que en ese momento el Estado tiene capacidad para desarrollar un plan así, cuando la guerra sucia se la encargaron a quien se la encargaron...”

Porque ETA ha sido acusada de traficar con drogas.

ETA no se ha financiado con el narcotráfico. Sí es cierto que, a nivel particular, gente de su entorno se ha lucrado con ello. En los comandos, había consumo de drogas. Justo cuando están asesinando a personas que acusan de tráfico, un narcotraficante, simpatizante abertzale y metido en tráfico de armas, es detenido. Uno se pregunta por qué ETA atenta contra unos y no contra éstos. Pues porque unos son de los suyos, y los otros, no. Otra cosa es el blanqueo de capitales y demás, donde sí estuvo metida. No se pueden desvincular ambas cosas. Como organización moralista que era ETA, podía querer evitar determinados mundos. Pero muchas veces no pudieron elegir. ETA se vio “obligada” –eso entre comillas, porque también podían dejar la lucha armada–, en ocasiones, a utilizar drogas como moneda de cambio en la compra de armamento. Probablemente, ETA usase contactos de sus círculos de traficantes de armas para conseguir la droga, o bien le habría pedido ayuda a miembros del IRA que conociesen ese submundo.

“Traficantes y txakurras, ¡Fuera!”, pegatina de Jarrai de los años 80.
“Traficantes y txakurras, ¡Fuera!”, pegatina de Jarrai.

Entonces ETA no asesinaba camellos para eliminar a la competencia…

No. Sí creo que ETA, con estos atentados, una de las muchas cosas que buscaba era eliminar confidentes. Y marcar el territorio. Muchos consumidores eran confidentes de la Policía. Porque el tráfico de confidentes en el País Vasco era una práctica muy extendida. Había de la Ertzaintza, Policía Municipal, Policía Nacional, Guardia Civil, ETA… Y todos tenían un precio. Se vendían al mejor postor. En algunos atentados, sí pudo estar detrás el tema de los confidentes.

Has contado 43 muertos por esta guerra particular de ETA.

Son 43 muertos y 5 heridos; 48 víctimas en total. Hay casos que te tocan un poco. Por ejemplo, resulta frustrante tratar de entender cómo ETA pudo matar a José Antonio Díaz Losada, una de las últimas víctimas de su campaña. Era el típico caso: heroinómano en su juventud, delincuente –traficó con drogas para sufragar su adicción–, entró en prisión, salió, entró y salió, se intentó desenganchar; la primera, lo intentó, y la segunda, lo logró. Se rehabilitó y tuvo una hija con su pareja. La niña tenía un año cuando dos individuos se acercaron a su padre por la espalda y le dispararon en la cabeza. Lo mataron porque era una víctima fácil para la organización, en un momento en que estaba muy debilitada por las operaciones contraterroristas. Una forma de recordar que aún podían seguir matando. Resume a la perfección las contradicciones del discurso del MLNV: este atentado iba en contra del discurso político de HB, donde la reinserción social del exdrogadicto era uno de los puntos más importantes. Los portavoces de HB no se pronunciaron ni reflexionaron sobre este atentado. Por eso creo firmemente que el mensaje de HB sobre drogas estaba vacío de contenido: porque su único objetivo era obtener provecho político de estos atentados.

Tras analizar la tipología de las víctimas, ¿cuál crees que era la motivación real?

Víctimas fáciles y que podían acusar de colaborar con el Estado en la introducción de heroína. Muchos no tenían nada que ver, pero por rumores infundados fueron acusados de estar metidos en ese mundo. Era la principal razón de estos asesinatos: aumentar el número de muertes. Víctimas sobre las que no se iba a investigar demasiado. De los casos que tengo, más de la mitad están sin resolver. Matan al supuesto traficante de turno y dicen: mira qué bien defiendo la moral del pueblo vasco. Aunque ETA nunca mató a ningún gran narcotraficante. También hubo otros motivos. Tras la detención del etarra Santi Potros, la infraestructura del impuesto revolucionario quedó prácticamente desmantelada. ETA quería amenazar a los empresarios vascos: o pagaban o podían ser asesinados. Y de ahí los atentados contra Sebastián Aizpiri Leyaristi y Francisco Javier Zabaleta Aizpitarte, entre mayo y junio de 1988. Es irónico que, después de atentar contra el primer empresario, saliese la familia del líder de un comando etarra, acompañada por un abogado de HB, para pedir que se protegiese la inocencia del chico porque tenía un problema de consumo de drogas. Que no se le estaba dando un juicio justo. Cuando ETA acababa de matar a una persona acusándola de ser un traficante, estaban los de HB pidiendo un juicio justo. A los pocos días, asesinaron al otro empresario. En qué cabeza…

“Durante los 80, ETA tuvo problemas con consumidores de heroína dentro de sus filas. Incluso asesinó a uno de sus miembros por quedarse con dinero de atracos para sus gastos personales”

Has mencionado que había consumo de drogas dentro de ETA.

Durante los 80, ETA tuvo problemas con consumidores de heroína dentro de sus filas. Incluso asesinó a uno de sus miembros por quedarse con dinero de atracos para sus gastos personales. También trato el consumo de cannabis dentro de Jarrai, donde nunca se le dio importancia. HB lo criticaba porque dañaba su reputación: está ETA matando narcotraficantes, y vas a una herriko taberna y huele a peta. Pero cuando ETA tuvo más problemas, después del golpe de Bidart –en el 92 se desmanteló la cúpula en Francia–, empezaron a recurrir más a esta gente joven que se había formado en Jarrai y en la kale borroka. Eso se refleja en las sentencias. Entonces, gente que consumía drogas entró en ETA; ya no era el típico militante. Cuando a Txeroki lo pillaron con 100 gramos de hachís, hubo discusiones internas. Los presos veteranos decían: éstos no son como nosotros. Pero hay que tener presente que ETA se alimenta de la sociedad vasca, que tiene determinados hábitos de consumo de drogas. Y eso se va a trasladar a la organización. Los militantes que entraban estaban dentro del tramo de edad en que se da una mayor incidencia de consumo.

Pablo García Varela, durante un congreso internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos.
Pablo García Varela, durante un congreso internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos.

El fenómeno en el País Vasco, comparado con otras regiones de España…

He analizado todos los factores que produjeron la situación del País Vasco. Pero no es una cuestión exclusiva de esta región, sino estatal. Siempre se ha tenido la imagen de que en el País Vasco se ha consumido más, y no es cierto. Sí más que en Castilla y León, por ejemplo, pero no más que en Cataluña, Madrid, Andalucía… Nunca se llegó a los 10.000 heroinómanos que se decía que había en el País Vasco, una cifra que se calculó a principios de los 80. Ese dato nunca fue real; fue considerado excesivo y años después se rebajó a 6000. En toda España se exageraron las cifras porque muchas administraciones y centros sanitarios se vieron desbordados y necesitaban llamar la atención del Estado. Y además el Gobierno socialista se dejó arrastrar por la cobertura sensacionalista de los medios. En 1985, varios informes oficiales discrepaban sobre el número de heroinómanos en España. Uno hablaba de 40.000-60.000; un fiscal antidroga estimaba 80.000; el Gobierno decía en el Senado que 80.000-125.000; un estudio gubernamental, 103.000; y otro contaba 114.000. Según mis estimaciones, la cifra para España en los 80 osciló entre 70.000 y 80.000 heroinómanos, y empezó a disminuir en los 90. El País Vasco era la región de la península con mayor tasa de población de 16-30 años. El consumo de heroína era un fenómeno juvenil, más del 90 % de los consumidores tenían esa edad. Todos los estudios señalan esta tendencia. El porcentaje de heroinómanos sobre la población juvenil vasca era la mitad que en Asturias, suponiendo esos 10.000 heroinómanos para el País Vasco; con 5.000-6.000, la diferencia es mayor. En Cataluña, los valores son muy similares a los del País Vasco. El problema de la heroína era mucho más grave en la juventud asturiana, y pasó desapercibido. Que ETA politizara violentamente la crisis de la heroína magnificó el fenómeno. La cobertura especial de los medios, asociaciones y partidos vascos exageró la problemática y le dio un protagonismo excesivo. Pero en la situación del País Vasco también influyeron otros factores, como la cuadrilla y el poteo. La cuadrilla es una estructura fundamental de la sociedad vasca, y si uno de los compañeros de la cuadrilla empezaba a drogarse, acababa haciéndolo el resto. Compartiendo jeringuillas, lo que incrementó el número de contagios de VIH. Por otra parte, a principios de los 80 el País Vasco era la región con mayores problemas de alcoholismo. Y las cárceles vascas estaban saturadas. En 1988, el 80 % de los presos de Basauri eran toxicómanos; la mayoría, con VIH. Más factores: las carencias económicas, los niveles de desempleo, las familias desestructuradas. Donde hubo mayores problemas de consumo fue en las áreas más golpeadas por el paro y la desindustrialización. Zonas con falta de medios y poca oferta de ocio, que es lo que pasó en otras regiones con las mismas características.

¿Los primeros consumos se dieron en entornos empobrecidos?

No, el fenómeno empieza en las clases altas. Hijos de militares, políticos, gente del mundo del cine y el espectáculo. Aunque ellos tuvieron medios para desintoxicarse. Tenían dinero, que ayuda a recuperarse. Pero cuando entró en el conjunto de la población, golpeó más en barrios obreros: más desestructuración, más paro, más alcoholismo. Más tiempo en la calle.

Y ¿la respuesta estatal?

La respuesta tardó. Había gente con buenas ideas y se podían haber hecho cosas mejores. Hasta 1985, era un problema de Interior, no de Sanidad. Ese año, con el Plan Nacional sobre Drogas, se empezaron a hacer cosas. A partir del 89, se ponen en marcha programas de reducción de daños, y empiezan por Cataluña y el País Vasco. Pero se podía haber hecho mucho más. Por ejemplo, en Inglaterra, Thatcher, que era conservadora, preguntó qué había que hacer para solucionar aquello y lo puso en marcha. Y en España, con un gobierno socialista…

Por último, ¿estás a favor de la legalización de las drogas?

Es un tema complejo. Haciendo la tesis me lo he planteado muchas veces. Un modelo menos restrictivo, sí. La ley en España no está bien pensada. Lo más importante es modificar la legislación penal y sanitaria. No tiene sentido que no se pueda investigar con drogas; todas las farmacéuticas trabajan con drogas. ¿Porque es cannabis le damos una categoría moral que no tiene? También hay que mejorar la educación en primaria y secundaria sobre drogas y sexo, porque no se le da la importancia que tiene. Habría que verlo a nivel europeo, no sólo español. Que se haga bien. El objetivo tiene que ser la legalización, pero hay que dar muchos pasos.