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“Interviú puso a la sociedad española frente al espejo”

Alberto Gayo, durante dos décadas reportero de Interviú

Alberto Gayo, durante dos décadas reportero de Interviú.

Llega a las librerías Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España, y hablamos con su autor, el periodista Alberto Gayo, durante dos décadas reportero de la mítica publicación.

Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera, 2026), de Alberto Gayo, 432 páginas, 27,50 €.

Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera, 2026), de Alberto Gayo, 432 páginas, 27,50 €.

“He flipado con la cantidad de reportajes sobre drogas que hay en la hemeroteca de Interviú”, nos cuenta el periodista Alberto Gayo (Madrid, 1968), autor de Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (Editorial La Felguera). Reportero durante dos décadas en la mítica revista, Gayo demuestra en su libro que Interviú era mucho más que la chica desnuda de la portada. A lo largo de más de cuatro décadas, las páginas de Interviú fueron un ariete contra los tabúes morales, la falta de libertades y los últimos vestigios de una dictadura que no murió el mismo día en que lo hizo el dictador. Más de 2.000 números en los kioscos, un éxito empresarial durante años pero también foco de los odios y las amenazas de la extrema derecha y de las élites reacias al cambio político y cultural. Testimonio de una época quizás ya extinta, la del periodismo aguerrido y transgresor, el libro de Gayo es la crónica definitiva de la revista que cambió España escandalizándola.

¿Por qué contar la historia de Interviú?, ¿era una cuestión de nostalgia personal o piensas que hay algo en esa aventura periodística que merecía ser conocido?

Más que nostalgia, creía que en algún momento había que hacer un acto de reparación de lo que fue Interviú. Desde el cierre de la revista en 2018, todo lo que aparece en los medios sobre Interviú tiene que ver con momentos un poco escabrosos o con la chica de la portada. ¿Por qué solo se recuerda eso, cuando Interviú llevaba desde el 76 haciendo un periodismo novedoso y arriesgado? Por ejemplo, creo que ninguna publicación de información general ha tratado más y mejor el consumo de drogas en España. Quería dejar escrito el legado periodístico y cultural de la revista. Los periodistas de Interviú tenían un olfato especial para captar las tendencias, hábitos y formas de vivir en una España que pasaba de la dictadura a la democracia. La idea del libro era contar cómo era el periodismo que hacía la revista en todas sus facetas: la lucha contra la violencia terrorista, los sucesos, las corruptelas y los abusos de poder.

Cocaína, éxtasis y cundas a Las Barranquillas, los reportajes sobre drogas de Interviú cubrían todo el espectro.

Cocaína, éxtasis y cundas a Las Barranquillas, los reportajes sobre drogas de Interviú cubrían todo el espectro.

 “Los periodistas de Interviú tenían un olfato especial para captar las tendencias, hábitos y formas de vivir en una España que pasaba de la dictadura a la democracia”

Calificas el estilo de la revista como un “periodismo popular de calidad”.

Eso lo decía Antonio Asensio, uno de los fundadores. La acusación fácil contra Interviú era decir que era amarillista y sensacionalista. ¿Por qué periodismo popular de calidad? Primero, porque los temas que elegía afectaban siempre a las clases populares. El gran éxito de Interviú fue captar la atención de todas las clases medias. Lo hizo con muchas denuncias sociales y vecinales, de gente que llamaba a Interviú o mandaba cartas con las cosas que les pasaban. Era una revista que atendía a lo que le sucedía a la gente. Y luego de calidad, porque pese a esas tipografías grandilocuentes y a los titulares impactantes, los textos son de calidad. Las crónicas están muy bien escritas y utilizan muchos entrecomillados. Cuando ibas a hacer un reportaje, hablabas con todos los protagonistas de la noticia e incluías todas las miradas sobre un tema. Por eso era periodismo popular de calidad frente al periodismo elitista de los grandes periódicos y frente al periodismo amarillista.

La realidad de España en el espejo de Interviú, de Manolita Chen a Bárcenas y Carabanchel .

La realidad de España en el espejo de Interviú, de Manolita Chen a Bárcenas y Carabanchel.

Valoras mucho el papel de Interviú para hacer de ariete frente a los tabús morales de la sociedad española tras cuatro décadas de dictadura.

Mujeres desnudas en portada y, en el interior, reportajes sobre cárceles, corrupción, experiencias insomnes o madres transexuales.

Mujeres desnudas en portada y, en el interior, reportajes sobre cárceles, corrupción, experiencias insomnes o madres transexuales.

En mayo del 76, cuando sale Interviú, España venía de cuarenta años de apagón informativo y falta de libertad. Entonces aparece un medio que, como decía Vázquez Montalbán, era una especie de cesta de navidad en la que cada uno coge lo que quiere: a unos les gusta la portada, a otros los sucesos, a otros las denuncias sociales o las tribunas de opinión. Lo primero que hace la revista es llegar al kiosco con una mujer semidesnuda en la portada, que entonces era algo liberador porque le daba un rol distinto al de mujer sumisa que había tenido anteriormente. Luego los contenidos de la revista iban definiendo cómo debían ser las cosas en un sistema democrático y de libertades. Interviú ponía a la sociedad española frente al espejo en muchos temas. Es muy curioso un editorial en el que los dirigentes de Interviú reclaman una democracia homologable a la de otros países europeos y derechos de reunión, opinión y libertad de expresión. Todo eso con una chica en portada y titulares impactantes. Aquello provocaba un shock semanal: llamaban ministros y policías, atacaban kioscos, recibían amenazas y comentarios despectivos de compañeros de prensa. Por ejemplo, el tema de las drogas era otro de los tabús, e Interviú ya desde los primeros números va en contra de la desinformación en materia de consumo de drogas. Los periodistas de Interviú detectan que la droga va a ser un tema importante, y se adelantan a la tendencia haciendo reportajes titulados “Qué fácil es drogarse” o sobre cómo se usaban las drogas ilegales. Por ejemplo, un reportaje que se titulaba “Las drogas legales, así se envenena a los españoles”, en el que se viene a decir que nos han estado engañando. Sí, la marihuana, la cocaína y la heroína pueden ser malas, nos decían, pero el verdadero problema español está en el alcohol y ciertos medicamentos. Eso se silenciaba para beneficio del sistema y de algunos capitalistas.

Informar sobre drogas sin ese rollo paternalista o punitivo

“Ninguna publicación de información general ha tratado más y mejor el consumo de drogas en España”, dice Alberto Gayo.

“Ninguna publicación de información general ha tratado más y mejor el consumo de drogas en España”, dice Alberto Gayo.

“Desde el 98 hay una colaboración muy estrecha entre Interviú y Energy Control y otras organizaciones de reducción de daños que aparecieron en esa época. Entre eso y el conocimiento que teníamos los reporteros del mundo de la noche y de los pequeños traficantes, pudimos tener información de primera mano”

Los reportajes sobre drogas se caracterizan por un enfoque muy moderno, como toda esa serie de textos que analizan las sustancias que se venden en el mercado negro.

El año 98, en el que yo entro a Interviú, es también cuando empieza a funcionar Energy Control. A mí me interesaba mucho el tema de las drogas, y en Interviú tuvimos un match con la organización de reducción de daños. Interviú decidió desde el principio que las fuentes policiales no podían ser la única fuente de información en temas de drogas, y empezó a añadir fuentes científicas y de los propios consumidores. Tanto Energy Control como Interviú partían de la idea de que la gente se va a drogar hagamos lo que hagamos, y que las soluciones policiales no van a conseguir mucho. Entonces, vamos a reducir los efectos perniciosos del consumo mediante la información. Ya desde el 98 hay una colaboración muy estrecha entre Interviú y Energy Control y otras organizaciones de reducción de daños que aparecieron en esa época. Entre eso y el conocimiento que teníamos los reporteros del mundo de la noche y de los pequeños traficantes, pudimos tener información de primera mano. Tuvimos suerte, porque en ese momento en el Plan Nacional sobre Drogas había gente bastante avanzada. Lo que hacíamos era comprar esas nuevas sustancias en el mercado negro, las llevábamos al Instituto de Toxicología y publicábamos los resultados del análisis. Es curioso, porque los reportajes sobre drogas aparecían mucho en portada, que no era fácil colar un reportaje en la portada de Interviú. La dirección apostaba por esos temas porque tenían su éxito. Otra de las cosas que hizo Interviú es ser de las primeras revistas en publicar las investigaciones sobre el potencial terapéutico de sustancias.  En el 2000, por ejemplo, publicamos la investigación que estaba haciendo José Carlos Bouso utilizando el principio activo del éxtasis para tratar el shock postraumático de mujeres violadas. Yo lo publiqué en Interviú, y recuerdo que la prensa derechista montó un pollo espectacular y le retiraron los fondos públicos al proyecto. Ahora está más que demostrada la eficacia del éxtasis para el tratamiento de estrés postraumático y multitud de cosas. Todo ese tipo de investigaciones sobre el potencial terapéutico de las drogas se daban en Interviú en reportajes de cinco o seis páginas. Interviú también se preocupó por la Deep Web y el tema de la Silk Road. Sería el año 2005 o 2006 cuando, junto con Energy Control, adquirimos por primera vez sustancias para analizarlas y contar qué pureza tenía lo que se vendía. Hicimos también un informe de diez o doce páginas para ver cómo afectaban distintas drogas al cerebro utilizando técnicas de neuroimagen. Hablamos sobre los clubs cannábicos y todas las nuevas tendencias en el mundo de las drogas. Fue una revista siempre pendiente a lo que ocurría, y lo más importante y en lo que creo que cambió el enfoque fue en no usar solo fuentes policiales y judiciales, sino recurrir a científicos e investigadores, a asociaciones de consumidores o de reducción de daños. Era una apuesta de la revista por contar de otra manera cómo era el consumo de drogas sin ese rollo paternalista o punitivo.

“Interviú decidió que la policía no podía ser la única fuente de información en temas de drogas”

Por un lado estaba la cobertura de esas drogas psicodélicas o recreativas, pero también hablas del interés de Interviú por los márgenes de la sociedad, y de esa cara más sórdida de las drogas: yonquis, poblados chabolistas, cundas…

Sí, la revista estuvo siempre muy atenta a esos márgenes de la sociedad. Cuando llegó la epidemia de la heroína, que provocó muchísimo sufrimiento, Interviú sacó reportajes acompañando a toxicómanos a pasar el “mono” durante dos semanas para contar cómo era el proceso. Y sobre el poblado de Las Barranquillas, en Madrid, se decía en aquella época que era el mayor hipermercado de la droga que había en Europa. Yo fui allí varias veces con Energy Control, porque era uno de los sitios donde adquiríamos la droga para conocer desde el inicio cuál era la pureza y la adulteración de esas sustancias. Aquel lugar era dantesco, con miles de personas en una microciudad a la que se iba a comprar o a consumir, sobre todo heroína. Yo hice un reportaje acompañando a los cunderos, que eran los taxistas de la droga. Se trataba de toxicómanos que tenían coche y cobraban a otros toxicómanos por llevarles hasta el poblado, hecho de casas de cartón, donde varias familias controlaban la venta. Aquello era un mundo tremendo, otro planeta, y la única manera de hacer esos reportajes era yendo con los heroinómanos, que tenían unas vidas muy jodidas.

Una vocación transgresora

Torturadores como Billy el Niño, asesinos ultraderechistas, cunetas de la guerra civil, crímenes de la Transición o gigolós, para Interviú no había secretos que guardar.

Torturadores como Billy el Niño, asesinos ultraderechistas, cunetas de la guerra civil, crímenes de la Transición o gigolós, para Interviú no había secretos que guardar.

“Como decía Vázquez Montalbán, Interviú era una especie de cesta de navidad en la que cada uno coge lo que quiere: a unos les gusta la portada, a otros los sucesos, a otros las denuncias sociales o las tribunas de opinión. Lo primero que hace la revista es llegar al kiosco con una mujer semidesnuda en la portada, que entonces era algo liberador porque le daba un rol distinto al de mujer sumisa que había tenido anteriormente”

¿Cómo era el ambiente en la redacción de Interviú?, ¿cuál era el perfil del periodista de Interviú? Hablas en el libro de reporteros bohemios que están siempre en la calle, que son reacios a las convenciones del gremio periodístico.

Teresa Viejo, que fue directora de Interviú, decía que el perfil del periodista de la revista era el de un periodista al que no le gustaban los despachos. Es decir, que no les gustaba relacionarse con el poder, pero es un perfil un poco de leyenda. Yo entro en el 98, y a lo largo de los veinte años el perfil fue cambiando, pero era como el de cualquier otra redacción. Yo no veía grandes diferencias, más allá de que podías tener mayor interés en temas sociales o de la calle. Es verdad que, cuando yo llegué, los viejos del lugar eran un tipo de periodista muy peliculero, más de acción, de no tener problemas para meterse en cualquier sitio y conseguir la noticia. Es difícil hacer un prototipo del periodista de Interviú. Al principio había muchos periodistas vinculados al activismo de izquierdas, que hicieron un periodismo de ajuste de cuentas con el franquismo, pero luego eso fue variando. Más que un prototipo, lo que había era periodistas con ganas de contar historias que afectasen a la gente. Lo que había era una forma de trabajar que tenía sus peculiaridades. Cuando Interviú te mandaba por ahí a hacer un reportaje, te daba tiempo y todo tenía ese estilo aguerrido, de no cortarse hasta conseguir lo que habías ido a buscar. 

Y tenía una vocación más transgresora, ¿verdad? El sector periodístico es ahora más cobarde y convencional, y no hay editores dispuestos a apostar por ese tipo de periodismo

Hay que tener en cuenta que el momento en el que sale Interviú era bastante difícil: una violencia política tremenda y la amenaza de ciertos sectores judiciales que podían secuestrarte el número de la revista. Todo cambia, y tampoco voy a minusvalorar el periodismo que se hace ahora. Se sigue haciendo buen periodismo y se siguen escribiendo buenas historias, pero es verdad que todo se ve de otra manera. Supongo que tiene mucho que ver con las redes sociales y la forma de consumir información.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #341

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