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La alegría como oficio, según Jim Belushi

En Belushi’s Farm, el actor no solo presta su apellido a una marca: cultiva una relación con el cannabis que nace de la tierra, del oficio y de una búsqueda personal

En Belushi’s Farm, el actor no solo presta su apellido a una marca: cultiva una relación con el cannabis que nace de la tierra, del oficio y de una búsqueda personal. Foto de Tyler Maddox.

Jim Belushi podría haberse quedado cómodamente en la memoria popular como actor de comedia, compañero de Arnold Schwarzenegger, heredero del espíritu de The Blues Brothers o aquel carismático actor que compartía plano con un pastor alemán imposible de olvidar. Pero su vida tomó un desvío menos previsible: una granja de cannabis en Oregón, una serie documental, variedades propias y un discurso donde la planta aparece ligada al bienestar y a cierta idea de reparación. En esta conversación, Belushi habla como actor, cultivador y veterano showman que no ha perdido la fe en la alegría. Entre una vida frente a las cámaras y la calma del río Rogue, defiende una forma sencilla de seguir en escena: hacer que la gente se sienta mejor.

Durante buena parte de su vida, Jim Belushi (Chicago, 1954) ha parecido moverse con una energía difícil de fijar. Actor de comedia, rostro de cine popular, músico, heredero involuntario de una mitología familiar enorme y superviviente de varias décadas de industria audiovisual, su figura pertenece a esa tradición norteamericana de intérpretes capaces de cruzar sin demasiados aspavientos la televisión, el cine y los escenarios. Ha sido secundario de lujo, protagonista de sitcom, compañero de policías imposibles, bluesman festivo y presencia familiar para varias generaciones de espectadores. Su carrera tiene algo de ruta lateral por el entretenimiento estadounidense: no siempre en el centro del canon, pero sí en muchos rincones de la memoria sentimental de quienes crecimos entre videoclubs y películas de fin de semana.

Growing Belushi, el programa de Discovery que ha documentado su entrada en la industria el cannabis.

Growing Belushi, el programa de Discovery que ha documentado su entrada en la industria el cannabis. 

Por eso resulta tan curioso encontrarlo ahora en otro escenario, lejos de los estudios y de la maquinaria más previsible de Hollywood. Desde hace unos años, Belushi se ha convertido en una de las caras más visibles del cannabis legal en Estados Unidos a través de Belushi’s Farm, su proyecto agrícola en Oregón, y de Growing Belushi, el programa de Discovery que ha documentado su entrada en una industria todavía joven, llena de promesas, contradicciones y cambios culturales. No es el único famoso que ha asociado su nombre al cannabis, pero su caso tiene un matiz distinto: no se limita a aparecer en una campaña ni a prestar una imagen reconocible. Habla del cultivo con una implicación que parece venir de un lugar menos publicitario y más personal. El cannabis, en su relato, no aparece únicamente como negocio. También abre una conversación sobre salud, placer, educación, duelo y legalización. La planta ha pasado en muy poco tiempo de ocupar un espacio clandestino, reducido a menudo al chiste fácil o al pánico moral, a convertirse en objeto de investigación y pedagogía. En ese tránsito se mezclan la memoria del prohibicionismo, la crisis de los opioides, el lenguaje del bienestar, la presión del mercado y la necesidad de construir una cultura adulta alrededor de una sustancia que durante décadas fue mal entendida de forma interesada.

Belushi se mueve en medio de ese paisaje con una mezcla peculiar de entusiasmo y convicción. Hay en él algo de showman, claro, pero también una voluntad de explicar y quitar miedo sin convertir la planta en una promesa milagrosa. Quizá ahí está una de las claves de su atractivo como personaje cannábico: no habla como un ejecutivo recién llegado a un sector en crecimiento, sino como alguien que ha encontrado en el cannabis una extensión inesperada de su manera de estar en el mundo. Lo suyo no deja de tener un punto de performance –sería extraño que no lo tuviera viniendo de quien viene–, pero también parece atravesado por una búsqueda más íntima: cómo seguir haciendo sentir bien a los demás cuando ya no basta con una escena, una canción o un gag. Hablar con Jim Belushi sobre cannabis es entrar en una conversación donde Oregón dialoga con Hollywood, donde la comedia convive con la pérdida, donde el entretenimiento se mezcla con la pedagogía y donde la legalización obliga a pensar qué tipo de cultura queremos construir alrededor de la planta. En su caso, todo parece atravesado por una palabra sencilla, pero no por ello menor: alegría. La alegría como oficio, como refugio y como impulso vital ante un mundo demasiado crispado. A partir de ahí, Belushi habla. Y, como suele ocurrir con los buenos conversadores, la entrevista pronto deja de ir solo de cannabis.

Has pasado décadas en rodajes y platós de televisión, pero Belushi's Farm parece algo diferente: un lugar, no solo un proyecto. ¿Cuándo te diste cuenta de que la granja no era solo una aventura empresarial, sino una transformación personal?

En realidad, fue al revés. Primero se produjo la transformación personal. Descubrí esta hermosa y espiritual propiedad junto al río Rogue: 60 metros de ribera, en medio del Hidden Valley, entre el monte McLoughlin y Table Rock, dos enclaves muy espirituales para los nativos americanos que habitaron allí antes. Y simplemente me sentí en casa, me sentí yo mismo, y de alguna manera libre. Incluso construí una cabaña de sudación allí. Al poco tiempo, la granja de al lado, de 32 hectáreas, salió a la venta y la compré, aunque no sabía qué hacer con ella. Por esa época, el cannabis se legalizó en Oregón y entonces fue cuando mi amigo Danny Aykroyd me dijo: “Yo solía cultivar cannabis, Jimmy”. Así que empecé con unas pocas plantas medicinales y no he parado de aprender desde ese momento… Y lo interesante de la planta de cannabis es que es el capullo femenino, la planta hembra, la que aporta esta curación médica y este viaje espiritual. Si sigues esa energía femenina, te lleva adonde se supone que debes estar. Poco a poco fui cultivando más y más y más, y me fui metiendo en este negocio siguiendo la energía femenina de esa planta.

Cultivar medicina

La alegría como oficio, según Jim Belushi

“Yo creo en la medicina, en el poder de la planta y en estar junto a ella, cultivándola. Hay una satisfacción que ni siquiera soy capaz de articular con palabras”, dice Jim.

“El consumidor siempre piensa que más es mejor. Y con el THC no es así, para nada. Lo que importa es el efecto séquito del THC junto con los valores de los terpenos. Los terpenos son el sabor y el aroma, los perfiles. Y son ellos los que realmente orientan tus necesidades”

Además de esa conexión espiritual y energética, el terreno en sí es especialmente favorecedor para tu proyecto, ¿verdad?

Estamos en lo que en Oregón se conoce como Banana Belt: una zona concreta del sur del estado, casi limítrofe con California. No estamos lejos del condado de Mendocino ni del condado de Humboldt. El Banana Belt tiene forma de hoja de plátano y disfruta de 292 días de sol al año. Mi finca está justo al lado del río Rogue, que tiene el agua más bella y cuyo pH es casi perfecto para las plantas, entre 6,5 y 6,7. Así que el sol, el agua y esa tierra… es como el Valle de Napa para el vino. De hecho, estoy en ese mismo Banana Belt donde Oregón produce algunos de los mejores cacahuetes y de las mejores peras del país. Así que resulta que estoy en medio de ese lugar perfecto.

Hay muchas marcas de cannabis de famosos, pero tú insistes mucho en que realmente cultivas, en que te manchas las manos. ¿Por qué es importante esa distinción para ti?

Porque todo lo que hago, lo hago al cien por cien, me entrego por completo. Con mi trabajo de actor, con cada personaje que interpreto: o no entro o entro del todo. La agricultura es una de las facetas más hermosas de la vida en las que puedes participar. Estás en la tierra. Está el Padre Sol y está la Madre Tierra, y tú estás en medio. Y cuando trabajas con ambos, te aportan una paz, una sensación de estar anclado en tu vida y te das cuenta de que le estás dando vida a estas plantas. Lo realmente maravilloso del cannabis es que no solo les estás dando vida, sino que estás aportando, creo yo, un gran poder sanador. El bienestar que ofrece el cannabis abarca el insomnio, el dolor de espalda y se usa también en contextos de Alzheimer o estrés postraumático. Ayuda a la gente a dejar los opioides, que es realmente la razón por la que formo parte de esto. También realza el sabor de la comida, el sonido de la música y el tacto de la piel de tu pareja. Te hace sentir bien. Y ¿sabes qué?, como actor me doy cuenta de que mi propósito es entretener a la gente, hacerla sentir bien. Así que estar en el mundo del cannabis sigue siendo coherente con ese propósito, sigue siendo hacer que la gente se sienta mejor. Todo el mundo necesita medicina.

Buena medicina, sin duda.

¿Cuál es la primera medicina a la que recurre la gente? El alcohol. Y el alcohol no es medicina, la adicción al alcohol ha destruido muchas familias. Así que yo creo en la medicina, en el poder de la planta y en estar junto a ella, cultivándola. Hay una satisfacción que ni siquiera soy capaz de articular con palabras.

Saber elegir

En Rogue Valley, al sur de Oregón, Belushi’s Farm ocupa 37 hectáreas dedicadas al cultivo de variedades como Captain Jack’s, Blue Dream, Sage o Chocolate Hashberry, dentro de un catálogo que combina genética propia y espíritu artesanal.

En Rogue Valley, al sur de Oregón, Belushi’s Farm ocupa 37 hectáreas dedicadas al cultivo de variedades como Captain Jack’s, Blue Dream, Sage o Chocolate Hashberry, dentro de un catálogo que combina genética propia y espíritu artesanal.

“El bienestar que ofrece el cannabis abarca el insomnio, el dolor de espalda y se usa también en contextos de Alzheimer o estrés postraumático. Ayuda a la gente a dejar los opioides, que es realmente la razón por la que formo parte de esto. También realza el sabor de la comida, el sonido de la música y el tacto de la piel de tu pareja. Te hace sentir bien.”

Una de las cosas más interesantes que has dicho es que elegir cannabis solo por el porcentaje de THC es como elegir vino solo por su graduación alcohólica. ¿Cómo sería para ti una cultura del cannabis más educada? ¿Por qué es importante que la gente sepa cómo elegir?

El consumidor siempre piensa que más es mejor. Y con el THC no es así, para nada. Lo que importa es el efecto séquito del THC junto con los valores de los terpenos. Los terpenos son el sabor y el aroma, los perfiles. Y son ellos los que realmente orientan tus necesidades. Quieres más mirceno cuando tienes dolor o cuando necesitas dormir, del mismo modo que quieres más limoneno cuando quieres trabajar, mantenerte despierto y ágil. El vino tiene un 14% de alcohol, y el resto de la botella son terpenos. No querrías un 30% de alcohol porque sabría fatal, sería horrible. Pienso lo mismo con el cannabis. Hay variedades con un 19% de THC y un 3,2% de terpenos. Ese es el tipo de hierba que me gusta porque no te deja esa sensación incómoda al bajarte el efecto. Te relaja, te hace más sociable, te hace sentir bien. Pero cada persona es diferente, todos tenemos distintas tolerancias al THC. Yo soy muy sensible.

¿Dirías que esa voluntad pedagógica, ayudar a la gente a entender sobre el cannabis, está en la génesis de tu programa Growing Belushi? 

En cada condado donde hay un dispensario, las sobredosis de opiáceos han bajado un 25%. Quería que la gente normal, el nuevo consumidor, entendiera que esto es seguro: no hay sobredosis, es limpio. Y que se atreviera a probar algo más seguro que el alcohol o los opioides para tratar su estrés postraumático, sus adicciones o su insomnio. Eso era lo que quería mostrar al nuevo consumidor. Así que hicimos una educación básica sobre cannabinoides, terpenos o THC, y mostramos cómo se usa un vaporizador o cómo se consumen los comestibles. También demostramos que los dispensarios no son lugares intimidantes, ¡son como una Apple Store! Son bonitos y la gente que trabaja en ellos está formada, entiende los distintos aspectos del cannabis. Dicho esto, hay mil variedades diferentes, y cada una tiene un efecto distinto. Tienes que encontrar lo que funciona para ti, para tu cuerpo y tu mente. Pero experimenta, descúbrelo. Solo añadiré que el consumo de alcohol ha bajado un 20%.

“Prefiero colocarme un poco que quedarme atontado”, defiende el entrevistado.

“Prefiero colocarme un poco que quedarme atontado”, defiende el entrevistado.

“Como actor me doy cuenta de que mi propósito es entretener a la gente, hacerla sentir bien. Así que estar en el mundo del cannabis sigue siendo coherente con ese propósito, sigue siendo hacer que la gente se sienta mejor. Todo el mundo necesita medicina”

En Estados Unidos también existe un problema enorme relacionado con los opioides. El fentanilo está golpeando muy fuerte. Educar a la gente sobre otras formas de manejar el trauma, la enfermedad o la salud mental parece realmente importante.

Ese es mi objetivo, intentar avanzar en esa dirección. Voy a dispensarios, voy a todo tipo de convenciones y hablo de ello [Belushi fue keynote speaker en la International Cannabis Business Conference (ICBC) celebrada en Barcelona en 2022]. Voy avanzando poco a poco en la educación, ofreciendo a la gente una alternativa a esos venenos. Mira, yo tomo una copa de vez en cuando; no estoy en contra del alcohol, estoy en contra de la adicción. Una copa de vino, un par de cervezas… qué demonios, es estupendo. Pero he visto familias devastadas por la adicción al alcohol y a las drogas. Mi familia fue devastada por ello, mi propio hermano.

En su momento hablaste de cómo el cannabis te ayudó en el proceso de sanación tras la muerte de John, a atravesar el duelo por su pérdida.

No sé si alguien llega a superar el duelo del todo, pero el cannabis lo mitiga porque es suave y viene acompañado de una sensación de generosidad. Y cuando te vuelves más suave y generoso, empiezas a perdonar. Y una vez perdonas, experimentas la sensación de haber perdonado y, lo más importante, te ofrece la oportunidad de perdonarte a ti mismo. Es una buena sensación, aprender a perdonar y quitarte de encima el peso de cualquier trauma que hayas vivido en tu vida.

Una misión divina

Blues & weed forever! Belushi y Aykroyd mantienen vivo el legado de la misión divina original, también con una línea de productos cannábicos, como esta cajetilla de porros preliados.

Blues & weed forever! Belushi y Aykroyd mantienen vivo el legado de la misión divina original, también con una línea de productos cannábicos, como esta cajetilla de porros preliados.

“No sé si alguien llega a superar el duelo del todo, pero el cannabis lo mitiga porque es suave y viene acompañado de una sensación de generosidad. Y cuando te vuelves más suave y generoso, empiezas a perdonar”

Escuchándote hablar de ello, que Belushi's Farm tenga una línea de cannabis con el nombre de The Blues Brothers adquiere un significado emocional profundo, sanador. ¿Cómo describirías la conexión entre la música, la comedia, la hermandad y el cannabis? 

The Blues Brothers representa una idea de la música, que es una sensación espiritual que se remonta hasta el gospel. El gospel está hablando con Dios, nada menos, y el blues nace directamente del gospel. Así que hay una belleza espiritual en la música de The Blues Brothers, pero también hay picardía y diversión, que son atributos innegables del cannabis. Además, si lo recuerdas, el gran lema de la película era “¡estamos en una misión divina!” y creo honestamente que hay una gran misión en la curación que ofrece el cannabis. Así que ponerle The Blues Brothers a una de nuestras marcas tenía todo el sentido para mí.

Abriste Belushi’s Farm en 2015, ¿qué valoración haces del camino recorrido y de la respuesta de la comunidad canábica?

Nos va muy bien en Estados Unidos, estamos en 18 estados. Nos sentimos muy orgullosos de las variedades exclusivas que buscamos, como cuando fuimos a Big Sur y encontramos Sage, que es una sativa excepcional. La gente ya no cultiva sativas, porque una sativa pura tarda entre 12 y 14 semanas en crecer. Y cultivando en exterior, te enfrentas al tiempo en pleno octubre, lo cual es un poco arriesgado. Si cultivas en interior, la mayoría quiere la rotación de una variedad de 8 a 10 semanas. Por razones económicas y de planificación, quieres entre cuatro y cinco ciclos al año en un cultivo en interior y si alargas ese ciclo a 12 semanas, descuadras uno de tus ciclos, lo que significa que pierdes la producción de toda una sala. Pero a mí me da igual. Nunca lo hice realmente por el dinero, aunque me gustaría al menos cubrir gastos… Pero la hierba se ha ido volviendo cada vez más potente y con mayor porcentaje de THC. Tenemos algunas sativas preciosas, como una llamada Holy Pie u otra que acabamos de conseguir, una variedad camboyana. Dios mío, es increíble. Pero de nuevo, es sativa. Y con todos mis socios en los distintos estados, hace falta convencerlos para que cultiven estas sativas porque descuadra su ciclo. Pero lo están haciendo y su éxito hace que se agoten.

La alegría como oficio, según Jim Belushi

Así que hay interés. Cuando la gente la prueba y cuando se le explica la importancia de mantener las sativas, responden.

Personalmente, prefiero colocarme un poco que quedarme atontado.

Volviendo a tu carrera actoral, este fin de semana vi La cronología del agua, el debut como directora de Kristen Stewart. En él interpretas a Ken Kesey, una figura que pertenece al imaginario contracultural estadounidense, pero también a Oregón, a la literatura, a la enseñanza. Sentí una conexión de almas afines en pantalla.

Estudié a Kesey muy a fondo. Él transformó nuestra cultura trayéndonos el LSD, organizando esas fiestas lisérgicas en su granja donde tenía a una joven banda actuando… Grateful Dead se llamaba. 

También era alguien que reconocía el dolor y el talento ajenos y creo que la película ayuda a entender esa otra capa más profunda de él, más allá de la lisergia y los Merry Pranksters, a través de su conexión con Lidia Yuknavitch, la escritora en cuyas memorias se basa la película. 

Ambos sufrieron la terrible pérdida de un hijo, en el caso de ella un bebé que nació muerto. Y la primera frase que Ken le dijo a Lidia fue: “La muerte es una putada”. Vio a alguien que lo había sentido y entendía ese duelo, algo que nadie más hacía. Hay una gran frase en la película: la gente no sabe qué decir. O dicen algo estúpido o no dicen nada en absoluto. Nadie entiende la muerte ya. Y ella lo entendía. Lo entendía a muchos niveles: la muerte de su propia sexualidad, la muerte de su hijo… Sufrió mucho y por eso fueron cómplices. Él se convirtió en un verdadero mentor para ella, cambió realmente su trayectoria, del mismo modo que creo que cambió la trayectoria de nuestra sociedad. 

Dijiste que Kristen Stewart tenía una manera casi chamánica de dirigir. Viniendo de alguien que ahora habla tanto sobre la medicina de las plantas, la tierra y el espíritu, ese término adquiere peso. ¿Qué quisiste decir con eso? 

Kristen encarnaba ese mundo en su alma, en su mente. Conocía cada respiración de ese guion porque ella lo escribió, adaptando las memorias de Lidia. Es una de las mujeres más inteligentes que he conocido. Conocía el mundo en el que nos adentramos y cuando nos metíamos a rodar esas escenas, ese era ya el mundo de Kristen. Nos guiaba simplemente con su presencia, del mismo modo que un chamán puede estar tan presente contigo y te hace sentir lo suficientemente seguro como para explorar y arriesgarte. Eso era lo que ofrecía ella. 

Pastores alemanes, puros y pelis

Desde que rodara Superagente K-9, Belushi ha mantenido un vínculo estrecho con los pastores alemanes. Hoy comparte vida con Taro, un perro al que describe como parte del cimiento familiar.

Desde que rodara Superagente K-9, Belushi ha mantenido un vínculo estrecho con los pastores alemanes. Hoy comparte vida con Taro, un perro al que describe como parte del cimiento familiar.

Pasemos de la intensidad de esta historia al legado de una película icónica para quienes crecimos en los 80. Actualmente estás presentando K9 PD with Jim Belushi, un reality sobre las unidades caninas de la policía. ¿Cómo ha sido reconectar con lo que viviste al lado de Jerry Lee, el inolvidable pastor alemán, durante el rodaje de Superagente K-9?

Durante la preparación de esa película hice acompañamientos con muchos agentes de policía de unidades caninas y desarrollé un profundo aprecio por la relación entre los guías caninos y sus perros. Estos perros están dispuestos a recibir una bala por ti, salvan vidas de hombres y mujeres. Y tengo un gran aprecio por la belleza de su lealtad, es emotivo y conmovedor ver al guía y al perro trabajar juntos, estar juntos. Cuando me ofrecieron el reality, lo entendí perfectamente, era el candidato ideal. Me había preparado para él y estaba listo. Llevo años estudiando el mundo canino, desde aquella película he tenido cuatro pastores alemanes. Tengo uno ahora mismo.

¿Cómo se llama y por qué es importante en tu vida?

Se llama Taro. Cuando vivía en casa con mi familia, se tumbaba a mi lado en el suelo. Luego se levantaba y se tumbaba al lado de mi mujer. Después bajaba por el pasillo y se colocaba en un punto desde el que podía ver el dormitorio de mi hijo, el de mi hija, el nuestro y la puerta de abajo. Tenía un instinto de protección que ni siquiera podrías entrenarle. Era parte de la familia. Todo lo importante en la vida gira en torno a esa sensación de familia, conexión y cimiento. Así que este perro es parte del cimiento de la nuestra.

Belushi reivindica una cultura cannábica menos obsesionada con el THC y más atenta al efecto, al aroma y a la tolerancia de cada consumidor.

Belushi reivindica una cultura cannábica menos obsesionada con el THC y más atenta al efecto, al aroma y a la tolerancia de cada consumidor.

En 2026 se cumplen 40 años de cuatro películas que impulsaron el inicio de tu carrera como actor: Salvador, ¿Qué pasó anoche?, Jumpin' Jack Flash y La tienda de los horrores. ¿Hay algo que el Jim Belushi actual le diría al Jim Belushi de 1986 sobre sus decisiones profesionales y su camino en la industria?

Sí: “¡Relájate, tío! No te esfuerces tanto”. Siempre siento que me esforcé demasiado en algunas cosas, atacaba las escenas con demasiada fuerza y quizá podría haberme relajado un poco más. Ya me lo dijo un jugador de béisbol unos años tarde. En el 93 participé en el Home Run Derby del partido de las estrellas de la Major League Baseball, y Billy Williams, uno de los grandes bateadores de los Cubs, me echó una mano en el entrenamiento. No soy jugador de béisbol, así que cuando me lanzaron la primera pelota la bateé como si me fuera la vida en ello. Billy se me acercó y me dijo “Relájate, Jim, no hace falta que le des tan fuerte”.

Pero tu energía desbocada funcionaba a la perfección como contraste al pétreo laconismo de Arnold Schwarzenegger en uno de tus mayores taquillazos, Danko: Calor rojo, de 1988.

Es verdad, estaba bateando fuerte con Arnold. [Risas] Él era el más tranquilo, así que yo tenía que subir la energía. 

¿Cómo fue rodar juntos?

Arnold es uno de los hombres más grandes que he conocido en mi vida. Se convirtió en un mentor para mí durante ese rodaje. Para empezar, fue por él que empecé a fumar puros. Estábamos sentados en el interior de un coche de policía esperando que dieran acción. Querían que subiéramos las ventanillas para comprobar el reflejo en el cristal y Arnold estaba fumándose un Montecristo No. 2. Evidentemente, el coche se llenó de humo, yo me puse verde y casi me pongo a vomitar. Y él me dijo –Belushi imita aquí su característica voz–: “¿Qué pasa? ¿No puedes aguantar un poco de humo?”. Y sacó otro puro del bolsillo para mí. Eso fue todo, desde entonces he estado fumando puros. Pero hay otras cosas además de eso. Arnold me hablaba de negocios, de bienes raíces, aprendí mucho de su mentalidad empresarial. Por aquel entonces, yo estaba prometido, y él me ayudó a escribir un discurso para la cena de la noche anterior a la boda. Ha sido un hombre maravilloso todos estos años. Le adoro.

Jim Belushi como Ken Kesey en La cronología del agua; con el mejor amigo del hombre en Superagente K-9; y aguantándole la mirada a Arnie en Danko: Calor rojo.

Como Ken Kesey en La cronología del agua; con el mejor amigo del hombre en Superagente K-9; y aguantándole la mirada a Arnie en Danko: Calor rojo.

En este punto de tu carrera, ¿qué hace que valga la pena salir de la granja para ir a rodar?

La singularidad del personaje. Un guion que sea interesante, arriesgado. O algo con lo que pueda divertirme de verdad, en lugar de simplemente un trabajo. Rechacé una película el año pasado en la que era simplemente un arquetipo corriente de tipo normal. Y pensé: “Ah, ya he hecho a ese tipo”. No debería haberlo rechazado, pero lo rechacé. The Chronology of Water fue una de las oportunidades más interesantes, también Song Sung Blue, una gran historia y un personaje divertido y único. Uno quiere trabajar con grandes directores y grandes guiones. Hay veces que leo algo y digo: “Esto va a ser divertido”. Hice una película pequeña el año pasado llamada Karate Ghost. Mi agente me dijo: “Pasa”. Yo dije: “No, espera. Este personaje es divertido”. Y efectivamente, me lo pasé en grande haciéndola. Si salgo de aquí es para seguir divirtiéndome. 

Con el clima tan agitado que vivimos actualmente, uno necesita divertirse un poco para no desesperarse.

La diversión es importante. Y realmente me divierto en un set, me divierto haciendo The Blues Brothers con Danny. Me lo paso increíble: cantar y bailar con ese canadiense de metro noventa. ¡Es una fiesta!

Como espectador, uno siente esa energía y esa alegría de abrazar y compartir el poder de la música, el poder de la hermandad.

Tú lo has dicho, es alegría.

La alegría como oficio, según Jim Belushi

La alegría como oficio, según Jim Belushi.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #341

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