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Las máscaras del hombre más amado

Entrevista con Paco León

Paco León

En un país donde el desprecio es moneda común, cuesta trabajo encontrar un famoso que le caiga bien a todo el mundo. Piensas en alguien y enseguida salen detractores que te afean el retrato. Paco León (Sevilla, 1974) es una excepción, me atrevería a decir que es la excepción. No hay nadie en España que caiga mejor que él, y eso que no se está quieto. Empezó su fama en Homo Zapping travestido de modelo tontorrona, y con el Luisma, el hermano exyonqui de Aida, alcanzó el estrellato. Pero no se quedó ahí.

Se puso a dirigir a su madre y a su hermana y le quedó Carmina o revienta, una película de autor de lo más resultona, que tuvo continuación en su siguiente aventura cinematográfica, Carmina y amén, a todas luces una gran obra. En paralelo a su ascensión hemos ido sabiendo de su vida y hasta de su orientación sexual, compartida con el televidente desde un tresillo con el bonachón de Bertín Osborne en el papel de entrevistador: “Cuando conocí a mi mujer tenía novio... Yo tenía novio, no ella”. En abril presentó Kiki, el amor se hace, una comedia sobre parafilias sexuales que ha terminado por convertirlo en un paladín de la liberación sexual. Tras tres meses en cartelera, Kiki ha sido vista por más de un millón de espectadores y ha recaudado más de seis millones de euros en España; y eso sin contar con el extranjero, pues cuando la película se presentó en Berlín fue comprada para ser exhibida en Portugal, Grecia, Italia, Canadá, Taiwán… “Se vendió como churros”, resume Paco, feliz, pero sin dormirse en los laureles: “Soy muy práctico, no me regodeo en el aplauso: el éxito lo cambio yo por bonos para hacer lo que me dé la gana”.

Entre medias, como actor, dirigido por Miguel del Arco, ha pasado con gran escándalo por la Zarzuela, con ¡Cómo está Madriz!, una adaptación de dos clásicos del género chico que establece un paralelismo inquietante con el Madrid de hace cien años, donde el bipartidismo y la corrupción campan a sus anchas, bajo la amenaza de Pablo Iglesias y la revolución. ¡Cómo está Madriz! ha provocado el enfado de una parte de la afición madrileña por sus evidentes cruces de sentido, con la identificación de Bárcenas, Rato y otros corruptos del PP con los ladrones de la “Jota de los Ratas”, y con las claras alusiones a Esperanza Aguirre y al desgobierno de lo público, por no hablar del obispo en patines al que una meretriz le hace una felación en un burdel. Un grupo de exaltados llegó incluso a parar la representación. En defensa del espectáculo salió su protagonista, que no dudó en señalar en los medios la hipocresía de tanto meapilas. Así, sin quererlo, la voz de Paco León sonó por un momento –en plena y aburrida campaña electoral– en contra de los reaccionarios. Pudiera parecer que el consenso acerca del hombre más amado de España ha sufrido sus primeras grietas. Él le quita hierro al asunto, se muestra esquivo si se le pide que tome partido y sigue con lo suyo, que es mucho. Nada fácil ha sido encontrar un hueco en su agenda para esta entrevista: acaba de regresar de Roma del estreno de Kiki en Italia y en un rato se marcha a Oviedo para dar por concluida su aventura zarzuelera. Hemos quedado en el corazón de Lavapiés, en su oficina, donde en estos momentos está dando forma a un nuevo proyecto televisivo, del que no puede contar nada, salvo que está escrito, dirigido y protagonizado por él, con ayuda de la guionista y directora Anna R. Costa, su mujer. “Yo siempre estoy dándole vueltas a la cabeza para no repetirme, principalmente para seguir sorprendiéndome a mí mismo y hacer otras cosas diferentes a las que he hecho hasta ahora”.

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Paco León

¿Tiene sentido dedicarse al arte para trabajar tanto?

Hombre, claro. No tiene sentido si trabajas en una oficina en Telefónica, pero si haces lo que te gusta, como es mi caso, sí. Yo soy un workalcoholic total. Como soy mi jefe pues me autoempleo, algunas veces demasiado, pero es porque me gusta. De hecho, cuando no trabajo en vacaciones me tengo que acostumbrar. Caigo en depresión, porque normalmente estoy con un nivel de adrenalina alto y si no hago nada me aburro, me deprimo, no le encuentro sentido a nada.

Tres años te llevaste de camarero en Sevilla, un trabajo alimenticio que te permitió afrontar tus primeros pasos en una profesión, la de actor, con más de un ochenta por ciento de paro. ¿Pensaste alguna vez que llegarías a este éxito y a este grado de ocupación?

La verdad es que no. Siempre he estado trabajando, a veces solo de lo mío, y en los comienzos mezclando con otras cosas, pero siempre con el objetivo de vivir de esto como hago ahora. Lo de hacerse famoso no estaba previsto, pero está bien.

Viendo en perspectiva tu trayectoria has ido matando a tus personajes cuando todavía estaban vivos, cuando todavía la gente quería seguir viéndolos. ¿Los mataste por cansancio?

En el caso de Luisma, creo que está bien explotada la vaca: fueron diez años. De hecho, me siento muy orgulloso de haber aguantado hasta el final de la serie habiendo querido abandonar antes. La Raquel Revuelta era peligrosa: un personaje muy goloso que me podía haber deglutido, un Frankenstein que había que matar. Es difícil saber cuándo matar un éxito, pero hay que hacerlo, porque si no el éxito te come a ti.

Pese a que has encarnado papeles con un fuerte impacto popular, has sobrevivido a tus personajes y hasta sales reforzado en cada máscara que adoptas. Supongo que para un actor esto entraña también una dificultad: la de que hagas lo que hagas la gente va a seguir viendo a Paco León.

No sé qué decirte. Creo que hay muchos tipos de público, y el mío está muy segmentado. Tengo un millón y medio de followers en Twitter; si toda esa gente fuese a ver mis películas… Un capítulo de Aida lo pueden ver gratis tres, cuatro o cinco millones, pero cuando hay que pagar ya es otra cosa. La gente que me quiere ver a mí es capaz de moverse hasta el teatro, pero son los menos. Lo que intento es no cumplir con lo que se espera de mí, sino tener mis propias expectativas.

Tanto el personaje que interpretas en Kiki como el personaje de la zarzuela ¡Cómo está Madriz! se llaman Paco, como tú. ¿No te pone nervioso este juego entre el personaje y tu persona?

En la Zarzuela, sí. En Kiki lo elegí yo, pues la mayoría de los personajes se llaman como los actores. Me dio pereza buscarles nombres de ficción y me gustaba ese juego casi documental, parecía que pasaba algo de verdad cuando actuando nos llamábamos por nuestros nombres. Supongo que algo así debió de pensar Miguel del Arco para llamarme Paco en la zarzuela en vez de Luis, que hubiese sido absurdo. Es verdad que yo siempre he sido un actor muy Mortadelo, muy de enmascararme, y ahora de repente mi camino en la interpretación se va más a mí.

Te lo preguntaba porque ahora la fama te ha convertido en una figura pública de referencia: la gente se hace una idea de ti a partir de los papeles que has representado y de la información que vas soltando en las entrevistas, ¿no te da un poco de miedo que las masas quieran saber más de ti?

Miedo, no. Sí que tengo una responsabilidad. Soy lo suficientemente vanidoso para preocuparme de esa imagen pública que doy. Nunca la controlas del todo pero lo intento. Mi estrategia es ser generoso, incluso descarado en un sentido, y ser muy rácano en otro. He conservado mucho mi vida privada e íntima y, a la vez, me he permitido descaros como desnudarme.

Paco León

 

Una España más moderna y tolerante

En ¡Cómo está Madriz! Miguel del Arco te ha convertido en vocero de la indignación. La polémica que ha suscitado esta zarzuela te ha puesto a ti en el centro de la discusión, y de pronto Paco León se ha posicionado en términos políticos.

¿En serio? Yo creo que no.

No digo en términos partidistas, pero en el periódico cuando sales contestando a las críticas recibidas te despachas bien contra la España más rancia.

Claro. Yo defiendo el trabajo, pero me cuido muy mucho de hacer apología de nada. Por honestidad, por pudor y porque no me gusta. Me parece que el arte no habla en esos términos. Hay gente muy comprometida y tienen muy claro sus actos y los defienden, y la verdad es que les admiro. Pero yo no tengo nada tan claro como para decirle a la gente: “¡Eh! ¡He visto la luz! ¡Id por ahí!”. Lo que yo defiendo son cosas muy generales: la libertad de expresión; hacer pensar; que lo público siga siendo público; que la zarzuela no es de cuatro viejos abonados que les gusta a su manera; que ese género y ese teatro son de todos; que se puede criticar, parodiar o satirizar una realidad política y social.

Pero ¿te identificas con el personaje de Paco en ¡Cómo está Madrid!?

En algunas cosas sí, en otras no. Paco podría ser perfectamente un facha. Es un personaje muy contradictorio; por un lado cree que es posible que todo se solucione y por otro dice que no se puede. Creo que en el personaje se identifica bien la desesperanza que tiene ahora la gente.

¿Tú también eres pesimista respecto a España?

Creo que es cuestión de ver la botella medio llena o medio vacía. No sé, me temo que cada vez soy más descreído, sobre todo de la clase política. Creo en la gente, y particularmente en lo que hace la gente. Es cierto que como soy optimista me puede más la esperanza que el miedo. Aunque a veces pienso como el personaje, que las cosas se arreglarán cuando las ranas críen pelo.

En Kiki, el personaje interpretado por Belén Cuesta dice con pesar que Madrid no es tan moderno como la gente se cree. ¿Cómo sería para ti una España moderna?

No lo sé. Quizás practicando la tolerancia que se predica en la película: que a cada uno le dé igual lo que haga el otro. Algo muy sencillo pero muy difícil de practicar; mira lo que ha pasado en los atentados de Orlando. A la gente le cuesta mucho trabajo respetar al otro. Es a tu madre y la quieres cambiar porque es muy así. Ser tolerante es muy complicado a nivel pequeño, imagínate a nivel grande. Cuando la gente se ofende porque dos tíos se besen…

La tolerancia con lo cercano exige mucho esfuerzo, y ahí tú eres ejemplar. Todos tenemos una relación difícil con la familia y tú te lanzas, y por dos veces, a dirigir a tu madre.

Sí, y en parte para mostrar esa tolerancia que he mamado de mi madre, que de verdad la pone en práctica. Mi madre no nos ha intentado cambiar a ninguno, y por supuesto practica y exige esa libertad de que cada uno haga lo que quiera. Mi madre hace lo que le sale del coño de verdad, y eso es envidiable. Para mí ella es un modelo de conducta, por muy delincuente o por muy cerda que sea. La Carmina es un referente.

Paco León
Paco leon

El sexo de los animales

Con Kiki, y un poco antes en el programa que hiciste con Bertín Osborne, te has convertido en un defensor de la libertad sexual.

La verdad es que yo prefiero hacer que aleccionar. Me han propuesto dar todos los pregones de los orgullos gais de Madrid, de Málaga… Me han llamado de muchos colectivos LGTB, gente comprometida que hace una labor impresionante. Pero a mí me cuesta mucho abanderarme. Yo le digo a Bertín que he tenido novios y que he tenido novias, pero lo digo sin la intención de querer abrir ningún melón para hablar de eso. Por supuesto que hay que respetar la libertad sexual, y lo predico haciendo una película que habla de eso. Donde por cierto no sale ni un solo gay.

Freud decía que los niños eran perversos polimorfos, que enfocaban su deseo sobre cualquier objeto. Luego la represión se encarga de ordenarnos en compartimentos estancos. Tú qué crees: ¿estamos presos de etiquetas que nos limitan?

El proceso de investigación de las filias en Kiki me abrió un poco la cabeza y me reafirmó en algo que ya pensaba: hay tantas sexualidades como personas, y al igual que solo usamos el diez por ciento de nuestra capacidad intelectual también pasa lo mismo en el terreno sexual. Hacemos las cosas que vemos en películas, lo que nos han dicho que podemos hacer. Hay un abanico de nuestra sexualidad por explorar y hay gente que lo hace. Es muy diversa y apasionante, la sexualidad.

El problema ahora es que para hacer lo que se desea hay que decir lo que se es.

Sí, completamente. Y hay que diferenciar entre la práctica y la tendencia sexual. Que cada uno haga lo que quiera y el que lo quiera decir que lo diga. Ahora es una carga eso de la responsabilidad social, lo de que hay que salir del armario y que lo sepa todo el mundo, porque si no vives en una mentira. Es decir, con quien tienes que ser honesto es contigo y tus parejas sexuales; luego lo social es otra cosa. Yo siempre he hecho lo que he querido. Como dice mi madre: con la carita de tonto que tienes siempre has hecho lo que te ha dado la gana. Y así seguiré.

En el comienzo de Kiki se establece un paralelismo muy estrecho entre la sexualidad humana y la animal, ¿tú crees que somos como animales?

Sí, y cuanto menos animales nos creemos más equivocados estamos. Somos cuatro perrillos que nos encontramos aquí y tenemos que olernos los culos y lamernos…

¿Y tú con qué animal te identificas?

Tengo la afición de encontrarle parecidos animales a la gente a la que quiero. Yo sería como un suricato. Ese mamífero africano que pesa un kilo y es muy curioso, muy espabilado, muy sociable y muy cariñoso. Si has visto El Rey León, Timón es un suricato.

¿Y tu madre y tu hermana?

Mi madre es un gorila y mi hermana María un gato montés o un lince ibérico, una cosa como salvaje, gatuna.

¿Piensas que España es un país reprimido?

En algunas cosas sí, en otras no. Cuando sales fuera ves los adelantos de nuestras leyes, como la del matrimonio igualitario. Vengo de Italia, y allí nos miran como a los modernos que se pueden casar entre hombres y pueden adoptar. Algo que en cierta manera tenemos bastante aceptado.

Paco León

Las malas críticas

¿Y cómo recibes las críticas malas?

¡No tengo! En algún blog quizás… Estoy muy mal acostumbrado. Diego Galán me criticó en El País por hacer de Raquel Revuelta en los Goya y se tuvo que retractar de la cantidad de cartas de protesta que le llegaron.

Yo creo que no hay nadie en España ahora que sea tan querido como tú. ¿Eres consciente de eso?

Hay un estudio de mercado donde me ponen que soy el tercero. Primero están Nadal y Gasol, deportistas muy conocidos y de muy buen carácter. En fin, es raro y da miedo, porque perder ese estatus es muy frágil. La gente se cansa y lo que le gusta hoy ya no le gusta mañana. Supongo que ejercer esta naturalidad ayuda. He tomado riesgos para que pase esto: no ha sido solo por simpático. Me he arriesgado haciendo cosas que podían salir mal. Esto de la zarzuela ha sido un riesgo.

Un riesgo que ha supuesto las primeras grietas en ese amor indiscutible que se te tiene.

A los que como tú entendieron que me había posicionado políticamente y están del otro lado les parezco persona non grata. Pero ni me he manifestado, ni me he posicionado políticamente para que me odien los que creen que no estoy con ellos. No es una cuestión política, sino de educación democrática. Que alguien pare la función porque no le gusta lo que ve es una cuestión de falta de educación.

Pero sabíais que la cosa iba a ser polémica. En la zarzuela y con una obra donde entre otras cosas sale un obispo al que se la chupan…

No creo que sea para tanto. Esa gente no ha visto la ópera moderna. Yo creo que era el sitio. Entiendes que a la gente más conservadora no le guste, pero de ahí a que paren la función a gritos, para mí va un mundo.

Casi todas las críticas de Kiki han sido estupendas, celebrando la defensa desprejuiciada de la diferencia. Sin embargo, en eldiario.es se publicó una crítica que cuestionaba la visión patriarcal de la película, decía que la relación poliamorosa era más bien poligámica, con ese hombre cogiéndole en público el culo a sus dos mujeres, “en la peor tradición del landismo”. También criticaba el autor la historia del marido que seda a su señora para violarla dormida todas las noches con la complicidad de la chacha, que lo que quiere es ponerse las tetas de silicona. ¿Leíste esa crítica?

Es ridículo pensar que todo tema tratado en una ficción sea apología de ese tema. Yo a ese señor le diría que leyese cualquier obra de Shakespeare, ¿Shakespeare defiende matar a los hermanos? Que haya cosas reprobables en una película no significa que se haga apología de ello. Lo que yo muestro no son modelos de buena conducta: me parece interesante reflexionar y defender humanamente a alguien que le gusta violar a su mujer (lo que evidentemente es un delito) porque eso le excita. Si fuera un juez le metía en la cárcel, pero como no lo soy me gusta hablar como se hace en Hable con ella, en Tamaño natural, en mogollón de películas donde se viola a personas que no tienen voluntad. En este sentido he tenido también críticas de adalides de la libertad sexual y de la modernidad. Como algún colectivo de feminazis que también se refería a esa trama como retrógrada porque se hace una “romantización de una violación”. Obedecer solo a costumbres modélicas produce un cine panfletario. ¿A este señor le parece peor la poligamia que el poliamor? ¿Le parece mejor que sean dos hombres con una mujer que dos mujeres con un hombre? Si no puede cogerles el culo, ¿cuál es el gesto política o socialmente correcto? ¿Que las dos le cojan los huevos a él?

En nombre de lo correcto se levantan nuevas represiones, que establecen lo que se debe y no se debe hacer.

¿Dónde está el sentido de la tolerancia? Lo de la libertad sexual no es que a ti te parezca bien que dos maricones vivan juntos. Es respetar, ¿hasta dónde respetas tú una pulsión sexual hacia una somnofilia? En la historia de la película, ella está retorcida porque no ha superado el trauma de un accidente y él ha desarrollado esa fantasía sexual que, por una causalidad, se la ponen en bandeja. Y no solo se la folla, sino que disfruta viendo la tele con ella, la acaricia... Seguramente sea inaceptable, pero no sé hasta qué punto hace daño socialmente mostrarlo en una película. No sé cuántas mujeres denuncian por violación a sus maridos que las duermen por las noches para abusar de ellas. En esta historia concreta, ella le pega una hostia muy grande también, ¿por qué nadie se queja del maltrato al que ella le tiene sometido? Porque ella no le deja ni que la toque. ¿Eso sí es aceptable? Las películas tienen que arrojar luz sobre la complejidad del ser humano, no dar soluciones sencillas y vacías sobre lo que hay que hacer: no a la violación, sí al amor, sí a los matrimonios gais… Eso está muy bien, pero para el arte no creo que sirva. A mí me alucina que alguien se moleste por Kiki, porque más blanca no puede ser. En fin, son daños colaterales que asumo.

¿Crees que se puede hacer comedia con todo?

Yo creo que sí. Hay cosas… En la película australiana en la que se basa Kiki [The Little Death], la chica de una de las historias tiene la fantasía de que la violen. Una fantasía bastante común entre las mujeres. Aunque esto es así, y está claro que no es lo mismo tener una fantasía a que te pase –como no es lo mismo, por ejemplo, jugar a que te secuestren y que te secuestren de verdad–, me pareció peliagudo y difícil tratarlo en una comedia. Al final, por cobardía, cambié esa fantasía de ser violada por la harpaxofilia: el placer y la excitación erótica que le produce a algunas personas ser asaltado.

Paco León

“La marihuana es mi droga…”

¿Cómo te llevas con las drogas?

Yo soy muy poco drogadicto. Soy muy controlador y me cuesta perder el control. La marihuana es mi droga, sin duda. Me relaja las ganas de controlar y me sienta superbien. Mi mujer sí se fuma su porrito casi todas las noches, pero yo no soy tan habitual por el tabaco. Porque lo normal es fumar con tabaco y a eso me engancho. Le doy una calada a un cigarro y al día siguiente me fumo dos paquetes. A veces me hago una cañita argentina solo con maría y tengo una pipa de esas con forma de bala. La verdad es que a mí la marihuana me sienta muy bien. Porque me entra risa, todo me parece muy estupendo, me parece que todo el mundo está sembrado y todo me hace gracia.

¿Y creativamente?

Sí, sí, me inspira muchísimo. También me quita la autocrítica y todo lo que se me ocurre me parece maravilloso. Un efecto que creo que es muy habitual, el de que cualquier tontería que se te ocurre te parece una genialidad. “¡Hostia, qué guay!” Cualquier idea, tuya o de cualquiera, te parece estupenda cuando estás morado. Pero sí, tendría que fumar más porque me ha hecho muy feliz. Aunque lo tengo relacionado con el tabaco, y la marihuana, no, pero el tabaco es una mierda de adicción.

¿Has probado los vaporizadores?

He usado uno de esos aparatos de expertos, pero me da mucha pereza porque hay que hacer muchas cosas. Ahora tengo un amigo que me da terrones de mantequilla hechos con maría que son como caramelitos y están muy bien. El otro día vino una amiga portorriqueña y me trajo unos conguitos que allí se venden en las tiendas, son como granitos de café cubiertos con chocolate pero que tienen un poco de marihuana. Se tomó unos cuantos antes de ir a La Zarzuela y se lo pasó muy bien. Aquellos conguitos con maría eran el complemento ideal para ver una zarzuela tan loca como la nuestra.

¿Alguna anécdota divertida que hayas vivido tú?

No sé. Una vez colgué un vídeo fumado en Instagram. Me dije: “Hostia, cuidado, que cuando se está fumado no se debe colgar nada, ni tuitear, que es muy peligroso, que se te va la cabeza y la cagas”. Pero es un vídeo que está gracioso y me encanta…

¿Pero qué haces en el vídeo?

Pues nada, haciendo el gilipollas, diciendo “Huuuuuujuuuuhhh”. Vamos, que podría parecer cualquier capítulo del Luisma. La maría realmente te relaja y te saca el payaso que llevas dentro, y el vídeo parece hasta profesional. Pero no, es que estaba fumado.

¿Has tenido experiencias con otras drogas?

Qué va, soy supercobardón. No me he drogado de nada más. No lo digo con orgullo, sino con vergüenza. Ni una pastilla, ni coca, nada. Pero porque me dan taquicardias y los excitantes me van mal.

Y con la vida de estrés que te traes, ¿tomas algo para dormir?

No, qué va, yo duermo como un bendito. No sé si será narcolepsia, porque tengo una facilidad increíble para dormir: me quedo quieto y callado y me apago como los ordenadores. En cualquier situación: en los taxis, viajando…, incluso de pie, hasta andando me he quedado dormido y me he caído.

¿Crees que habría que regular el acceso a las drogas en lugar de prohibirlas?

Sí, evidentemente. Igual que hacen con el alcohol, el tabaco, los ansiolíticos…. Lo que hace falta es más libertad y más información, y que la gente haga lo que quiera.

Pacio leon carmina

Filmografía Leonesa

Carmina revienta

Carmina o revienta (2012). Para rodar su ópera prima a Paco León le bastaron once días y dos cámaras de fotos. Y un buen guion y el talento interpretativo de su madre, Carmina Barrios, y de su hermana, María León. Paco la recuerda como la más salvaje y la más punki de su filmografía; la hicieron como se pudo, por ejemplo: “Parando a un taxista y preguntándole ‘¿Te importa que grabemos en tu taxi? Es que estamos rodando una película”. Ganó el premio a la mejor película en el Festival de Málaga, y su novedosa distribución multiplataforma hoy se estudia en las facultades de Ciencias de la Información.

Carmina y amen

Carmina y amén (2014). Una tragicomedia bien escrita, bien dirigida y con unos intérpretes en estado de gracia. Como si Berlanga y Azcona hubiesen nacido en el extrarradio sevillano y hubieran hecho una película a la manera de Almodóvar, pero mucho más divertida. Además, puede ser vista como un retrato sin ambages de un país en crisis donde la gente sigue luchando por salir adelante. Descendiendo al detalle que puede interesar al lector de esta revista, el personaje de la Yoli, una terapeuta de reiki que utiliza el porro para abrir el chakra del amor y ver el interior de las personas, merece ser incluido en el santoral de los fumetas. Paco la considera su obra más personal, hasta el punto de afirmar que nunca va a poder hacer una película mejor. En los festivales de Montecarlo, Toulouse y Nantes se alzó con el premio a la mejor película y en Málaga premiaron el guion.

Kiki amor

Kiki, el amor se hace (2016). Una adaptación libérrima de la comedia australiana The Little Death, sobre parafilias sexuales. Paco puso como condición a los productores que se la encargaron tener libertad total para hacerla suya; el resultado parece haber gustado a casi todo el mundo. A los lectores de Cáñamo no les pasará inadvertido el personaje de Belén, una mujer libre interpretada por Belén Cuesta, quien porro en mano reflexiona acerca de lo poco modernos que somos en realidad. Paco la describe como “una película muy fácil y didáctica que enseña mucho sobre sexo”.

 

Fotografías de Jorge Fuembuena

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