Pasar al contenido principal

“Mi hija tiene pene. Mi niño tiene vulva”: Transexualidad en menores

Entrevista a Joserra Landarroitajauregui

Ilustraciones: Marta Atieri
Ilustraciones: Marta Atieri

Sailor Moon es un personaje femenino del universo manga. Es una chica tímida con aspecto infantil y un superpoder: el de transformarse en una vigorosa y poderosa mujer, una semidiosa con coletas hasta el culo.

No es extraño que Marina y Paula, niñas trans, la hayan adoptado como su personaje favorito. El generalizado gusto por el manga en menores y adolescentes trans es comprensible, son representaciones ginándricas, sin apenas diferencias entre sexos. Alguien es chico o chica dependiendo de la vestimenta, la peluca, los gestos, el tutú; a veces, ni siquiera. El manga ofrece la ambigüedad y versatilidad suficiente para que estos menores se sientan acogidos e integrados. Con esas representaciones pueden imaginar una normalidad fantástica y pueden experimentar otras vidas posibles, más amables y lejanas que aquellas que los trans “almodovarianos” tuvieron que atravesar escalando montañas con tacones de aguja.

Detrás de Marina y Paula están sus madres y sus padres que, con ayuda de internet, han ido estableciendo una red de contactos, se han dado cuenta de que no están solos y que sus criaturas no son monstruos ni “bichos raros”. De esta forma surgió Chrysallis, asociación de padres y madres de menores transexuales. Existe desde el 2013 y se han organizado en muchas comunidades autónomas: Madrid, Cataluña, Euskadi, Castilla y León, Canarias, recién nacida en Aragón y en la Comunidad Valenciana. Una vez al mes, en Burgos y en Donosti, se reúnen con sexólogos y con otros profesionales, así como con personas particulares con ganas de aprender, compartir y hacer otro tratamiento de la transexualidad. Uno de los sexólogos que acompañan a estas familias de Chrysallis es Joserra Landarroitajauregui. Joserra es además psicólogo, pedagogo y codirector del Máster de Sexología Sustantiva de la UEMC. ¿Sustantiva? Sí, de la sustancia misma de lo que somos: seres sexuados. Y es que la sexología no solo atiende al sexo que hacemos, sino también al sexo que somos y las relaciones entre sexos; incluso las que se producen en el seno del propio individuo que es, siempre, un ser intersexual. Es en este marco del sexo que somos y dentro de la teoría de la intersexualidad universal donde puede entenderse este hecho de diversidad sexual al que le hemos puesto la partícula trans.

Joserra lleva acompañando procesos de transexualidad adulta desde hace veintitrés años, y empezó a ver sus primeros casos de menores hace once. He escuchado a Joserra varias veces, con actitud retadora, poner el ejemplo de Jesús de Nazaret como el primer transexual de la historia de Occidente. El argumento es sencillo: si en la concepción de Jesús no intervino varón (y esa es la versión oficial), no pudo haber cromosoma Y que es del todo necesario para la formación de testículos; o sea, era XX y no tenía testículos. De sus genitales neonatales no hay noticias directas, pero si interferencias indirectas: en aquel tiempo todos los varones judíos eran circuncidados pero los evangelios nada señalan de tal asunto; así que quizá nació sin pene. Sin embargo, todo indica que a lo largo de su vida se identificó como hombre y vivió como tal. Si todo fuese cierto podría ser el primer transexual documentado en los libros. Al margen de esta provocación destinada a sacudir conciencias, hablamos con Joserra para que nos acerque al mundo de los menores transexuales, cada vez más presente en redes, portadas y telediarios.

 

¿Qué es la transexualidad?

En la transexualidad sucede que otra persona te alosexa, te identifica con otro sexo que no eres. Sucede cuando existe falta de correspondencia entre la alosexación formal, la que dictamina el médico a razón de los genitales (por ejemplo), y la autoatribuida. Los yanquis hablan de transexualidad primaria y secundaria, pero yo no comparto esta clasificación. La primaria es lo que yo llamo “pata negra”: menores que manifiestan expresamente su identidad a los tres, cuatro años; secundaria serían los que emergen en algún momento de su historia vital. Lo que suele suceder es que si rascas, estas personitas también dijeron algo con cuatro años pero les cerraron el grifo. ¿Y qué hacen? Pues lo mismo que un trans iraní o somalí: sobrevivir. ¿Y cómo se sobrevive en un medio hostil? Ocultándose. Estos niños y niñas lo aprenden rápido.

¿Cuáles son los indicadores para saber que tu hija o hijo es trans?

Hace veintitrés años escuchaba las infancias que me narraban trans adultos; ahora veo estas mismas infancias en directo. Me las cuentan sus familias que ahora les aceptan. Desde el 2013, han cambiado mucho las cosas. Ahora las familias se organizan. Y cuando llegan a Chrysallis, son familias que ya han asumido lo que tienen en casa y están preocupándose de que al niño en su socialización se le trate como lo que es, y que se encuentre con iguales.

Pero ¿con qué señales se encontraron las familias?

Los pata negra antes de los tres o cuatro años son capaces de formular categóricamente: “no soy un niño o una niña”. Tardan más en decir lo que son o a comenzar a nombrarse en femenino o masculino. Inicialmente, suelen hacer variaciones de su propio nombre; de María a Mario, de Christian a Cristina... A menudo los padres piensan que su hijo o hija es homosexual. Ven que su hijo tiene más pluma que su hermana, o viceversa. Se dan cuenta de que la criatura les viene en femenino o en masculino, que no corresponde con lo que ellos esperaban.

¿Qué dirías a padres y madres en esa situación?

La primera indicación, muy clara, es escuchar al menor. Si te dicen no soy niño, o no soy niña, preguntar: ¿y cómo quieres que te diga? En cuanto tienen lenguaje, es fácil de hablar en idioma de niño. Los niños hasta los seis años no tienen noción de que la identidad es firme e inquebrantable, igual que no la tienen con el volumen. Si observan la cantidad de agua en dos recipientes llenos a la misma altura, uno más estrecho que otro, piensan que hay la misma cantidad. Si la pones en otro recipiente y varía la altura de uno de ellos, entienden que has hecho magia. No manejan la constancia del volumen, igual que no manejan la constancia de la identidad. Si le preguntas a un niño por qué es chico, te dirá que porque juega al fútbol; rara vez harán alusión a sus genitales; si le haces la pregunta, por ejemplo, de que si en vez de jugar al futbol bailara, ¿sería una niña?, se quedaría pensando. Ahora, que no tengan elaborada la continuidad de la identidad no quiere decir que no sepan lo que son.

Luego está la cuestión del juego y de la ropa. Con la ropa, conviene empezar en el ámbito privado. Ir vestido con falda a la escuela es ya un salto fuerte frente al público; la ropa interior, en cambio, tiene la ventaja de suponer un impacto menor, se puede ser más permisivo sin conflicto. Respecto a los juguetes: pese a la creencia de que el juguete hace al niño, de que según a lo que juegue saldrá de una manera o de otra, es el niño el que convierte al juguete. En este asunto hay que ser permisivos. Los padres y madres se dan cuenta de que cuando les hacen una concesión a sus hijos, lo agradecen y se aprecia una mejora en su condición y en su autopercepción. Es curioso, porque los padres que facilitan el tránsito aprecian que niño deprimido, deja de ser deprimido; que niño aislado, deja de ser aislado; que niño apático, deja de ser apático, y el que no quiere ir al cole, va corriendo. Cambios bestiales a los que no dan crédito.

Los trans tienen una identidad firme, sólida e “irreversible”. Y esto es lo que hay que conseguir: que el padre de una niña trans llegue a comprenderlo

A través de Chrysallis he conocido casos de niños y niñas trans diagnosticados de Asperger…

Hay un sobrediagnóstico con etiquetas novedosas tanto en contexto médico como educativo; actualmente, han incluido el trastorno del espectro autista. Ahora todo dios que no se relacione bien es susceptible de diagnóstico de espectro autista. Pero pasa que hay gente que tiene déficit en su socialización porque está en un medio que no se lo facilita, en marcos de socialización que no le son favorables. También por los miedos que les meten algunos padres. Mucho del espectro del autismo son chorradas de este tiempo, pero, cuidado, hay autistas. Simon Baron-Cohen, que para mí es la máxima autoridad del mundo en autismo, afirma que hay una conexión clara entre el autismo y la hipermasculinización cerebral. ¿Qué es un autista? Pues como tu padre pero más bestia. Coges a mi padre en concreto, lo estiras un poco más, y ya está. ¿Cuál es la clásica dificultad entre los autistas? Escasa o nula capacidad para expresar emociones, falta gravísima de empatía, manejo jodido del abrazo. Mi padre tenía todo esto. Pero él lo vivía como que era un hombre hecho y derecho. No hablaba de “mariconadas”; de hecho, para mi padre hablar ya era una “mariconada”. Un hombre no habla, un hombre hace; y además, si es vasco, te diría, tiene una palabra y cumple, más de una es cosa de “parraplas”.

Trans

En Chrysallis nos encontramos con muchas familias donde ambos progenitores van a una. Pero no es siempre así, ¿cómo es la aceptación de estos niños y niñas en su núcleo familiar?

Respecto a la aceptación hay muchas paradojas. Tengamos en cuenta que surgen casos de transexualidad en mundo urbano y rural. Tendemos a creer que en la urbe y en este mundo moderno se va a ser más tolerante que en pueblos. Y puede suceder a la inversa; que en “Cascajo del Puente” sea una maravilla, y en Sevilla, pues sea horrible. Tendemos a pensar que los abuelos y abuelas tendrán más dificultad en comprenderlo, y muchos están en primera línea, apoyando a sus nietos y nietas trans. Por otra parte, suele haber más problemas de aceptación con el progenitor del sexo que se “abandona”. El padre con la chica con pene y la madre con el chico con vulva. Aun con esto, suele ser más problemático en padres que en madres, que muestran mucha más aceptación. Cuando el caso es de niña trans (de niño a niña), el padre le apunta a yudo, le pone a pegar patadas al balón, y las menores pasan por ello para tener contentos a su padres. Y son capaces de manifestarlo… “Oye, mamá, yo juego al futbol para que papá esté contento”. A estos padres, les viene bien que un “Manolo” como yo les diga sin chorradas que su chaval viene “rosa”, que es una evidencia y que le acepte como es. A los niños trans de chica a chico sus diez primeros años de vida están menos problematizados porque, aunque tenga gestos de chico, esto no produce tanta angustia y tanto estigma. Si el padre ve una chica que le sale futbolista puede que esté encantado y hasta lo cuente en el txoko. Está mucho menos penalizado. Otro cantar llega en la adolescencia con los cambios puberales…

Estos padres me suelen preguntar: “A ver, Joserra, ¿tú asegurarías que mi hijo es trans?”. Yo no aseguro nada, lo que sí es cierto es que si es trans, ya lo es. Porque luego hay otras historias. Les explico que hay gais afeminados, que hay travestis. Les hablo también de la existencia de identidades líquidas; las identidades líquidas son los travestis que no se sienten todo el rato chicos o chicas. Son, por ejemplo, Mario que tiene dentro una Marta que unas veces sale y otras no. Pero eso sí, estas identidades líquidas no son un valor o una elección, que es lo que plantea el discurso queer. Yo no hablo de valores ni decisiones, sino de hechos de diversidad, de gente a las que les pasa esto. Y les pasa esto no porque a mí me parezca bien, sino porque es lo que son. Yo solo lo cuento. Los trans, en cambio, tienen una identidad firme, sólida e “irreversible”. Y esto es lo que hay que conseguir: que el padre de una niña trans llegue a comprenderlo. Cuanto más pronto mejor.

Dices que es “irreversible”, pero según me comentaron algunos padres de Chrysallis muchos psiquiatras les aconsejan que esperen porque puede “remitir”.

Remitir, trastorno de la identidad... Todo esto proviene de un lenguaje de bata blanca patologizante, que no cabe. Estas personas no están enfermas ni tienen trastorno ni viven en cuerpos erróneos, como dicen. Algunos afirman que hasta el 70% de los casos “remiten”. Eso es sencillamente mentira y lo dicen con ánimo de mentir y manipular. Además, si hubiera remisión, ¿qué problema hay en que uno se ponga bragas y luego se vuelva a poner calzoncillos? Eso va bien a identidades sólidas y líquidas. De todas formas yo, en veintitrés años, no conozco ni un solo caso trans de reversión. Chrysallis maneja 300 casos, que viene a ser el 20% de los casos de transexualidad en menores que se dan en España; eso es un muestrón a nivel estadístico. Y no hay ningún caso de reversión, ninguno.

Estamos ante una nueva situación social: la mayoría de estos niños trans no van a verse abocados a prostituirse ni a tener fracaso escolar ni a suicidarse. Algunos igual no tendrán ni ‘bullying’

Entonces, ¿cuándo comenzar el tránsito?

El indicador es escuchar al niño y no ir más rápido que ellos. Hay un momento en que tú preguntas, ¿quieres que te trate en masculino?, ¿quieres que te trate en femenino? Si te dice que “sí”, ese es un buen momento para empezar. Es curioso, porque otras lenguas dan menos guerra porque son neutras, pero en castellano las familias primeramente tienen que estar alerta si dices “sentado” o “sentada”, ”contenta” o “contento”...

Pero no parece tan fácil. Se dan casos de chicas y chicos trans que no tienen problemas con sus caracteres sexuales (gónadas, genitales, mamas…), y por tanto no quieren hormonarse porque aceptan su cuerpo, y esto les impide un cambio de sexo en el DNI. Porque para que te acepten un cambio de sexo civil has de hacer un cambio hormonal y estar acompañado de informes psiquiátricos ¿Cómo abordar todo esto?

Te puedes cambiar el nombre aunque no cambie el sexo del DNI. Para cambiar el sexo en los papeles, hasta hace poco, tenías que tener previamente una cirugía genital. Era más fácil una cirugía que obtener un papel burocrático. Eso es una estupidez imposible de explicar. Hoy en España hay un lío porque existen diferentes leyes de identidad de género en las comunidades autónomas, unas más avanzadas que otras. En algunas comunidades no está habiendo ninguna dificultad para hacer hormonación negativa, que viene a ser la paralización de la pubertad; los llamados bloqueadores hormonales. Ahora mismo casi todos los integrantes de Chrysallis están por el bloqueo hormonal. Así, al detener y retrasar la pubertad se frenan cambios físicos (reglas, mamas, barba, vello…) que a los púberes trans les hacen mucho daño y a veces venirse abajo: los avances psíquicos que ha hecho el menor durante su infancia, al llegar a la pubertad, los cambios que se van produciendo en su cuerpo los destrozan. Lo pasan mucho peor que mal.

¿Y hasta cuándo se suministran bloqueadores?

Ahí hay otro lío. No existe legislación que permita hacer intervenciones quirúrgicas gordas al menor antes de los dieciséis años; lo que sucede es que si naciste con ovarios, a los dieciséis años ya está “el pescado vendido”. ¿Cuál es la razón de prolongar el bloqueador? La razón no es otra que esperar a la mayoría de edad para poder decidir legalmente sobre tu cuerpo: si hormonarse o no o si operarse o quedarse como está. En estas cosas hay que ser flexibles a favor del bienestar de quien lo vive, y la ley a veces se convierte en un obstáculo.

¿Y tú qué opinas sobre la hormonación y el bloqueo hormonal?

Al ser poca la experiencia tenemos una perspectiva parcial. Porque el marco teórico dice que las hormonas sirven para las tetas, los pelos y todas estas cosas. Pero las hormonas tienen efectos psicotrópicos bestiales. Si tú dejas a un chico trans, al que se le ha facilitado ser “chico”, que sus ovarios se pongan a funcionar, que tenga reglas, le salgan tetas… le metes en un lío de la hostia, y eso es un hecho. Pero, cuidado, parar eso también tiene un precio. Una bonita pregunta sería: ¿por qué los endocrinos saben tan poco de los efectos de las hormonas? Y otra buena pregunta sería: ¿por qué los psicólogos niegan los efectos psicotrópicos de las hormonas?

¿Qué efectos psicotrópicos tienen las hormonas?

Modifican muchas cosas de la mente: desde la inteligencia a la memoria, desde tu ubicación espacial o tu manejo de los mapas hasta tus habilidades matemáticas, desde tu manera de amar o desear hasta tu gestión de la ira… Recuerdo un chico trans que cuando comenzó a hormonarse con andrógenos me decía que se hacía pajas como un mono. De repente se volvió adolescente, pero tenía treinta años. Y no solo sintió modificaciones en su sistema emocional, también en su sistema intelectual: se hizo más listo en matemáticas y lo notaba. Eso a los psicólogos nos cuesta entenderlo, porque pensamos que las mates se aprenden con sangre, no con las hormonas que van por dentro.

Superados los viejos prejuicios, los padres de Chrysallis están preocupados por el futuro de sus hijos. Desde que se reconoce la existencia de menores trans, ¿qué cambios se han producido?

Los niños están trayendo otra visión del asunto, porque los niños mueven y conmueven cosas que los demás no pueden. Están eximidos del prejuicio existente hacia el trans adulto, al que siempre se trató erróneamente desde la idea de la perversión. Lo cual, por cierto, es un chiste porque suelen ser muy castos; ten en cuenta que muchos no se tocan ni se dejan tocar porque odian sus genitales. Conviene darse cuenta que la pelea histórica del puritanismo ha sido contra la lujuria; o sea, contra el deseo erótico y hedónico. Nunca hubo nada contra la esposa, la virgen o la monja, siempre se cargó contra la mujer tentadora o contra los homosexuales lujuriosos, ciudadanos de Sodoma. En este marco de degeneración y perversión integraron a los transexuales. Pero a los transexuales no les ha preocupado la degeneración sino la exclusión, la marginación y otras lacras de la sociedad. En los ochenta y noventa muchas chicas trans cayeron en las redes de la droga y la prostitución; y muchos de los chicos trans, entraron en el circuito de la delincuencia, las peleas, los robos y carreras de coches ilegales. Unos y otros, conocieron la tensión familiar, la exclusión social, el fracaso escolar, la persecución policial y el suicidio. Ahora, eso espero y eso parece, están cambiando sus biografías. Estamos ante una nueva situación social que implica una quiebra de aquel paradigma donde la mayoría de estos niños vivían vidas trágicas. Es posible que algunos ni siquiera conozcan el bullying y la crueldad de los iguales.

Y es que lo que llamamos mujer trans, no es trans, sino una de las formas diversas de ser una mujer. Así como ser hombre trans no es más que una de las maneras de ser hombre

¿En qué dirección va ese cambio de paradigma?

Hay una confusión con el lenguaje cuando decimos “me siento hombre o mujer”, como cuando dices “me siento feliz, me siento bien”. Esto es una trampa, porque cuando una persona te dice “me siento mujer”, no se siente, se sabe, se es. El verbo sentir en la identidad es una flojera, especialmente para los pata negra, que son inequívocos, no tienen momento de duda, lo dicen pronto y aguantan carros y carretas en pro de su identidad. La identidad no se elige, por más que desde lo queer se insista en lo contrario.

Por otro lado, me parece un avance decir que existen niñas con pene y niños con vulva. Nos saca del dimorfismo y desgenitaliza la identidad sexual, que no se localiza en los genitales sino en el cerebro. Todo lo que empieza por trans, confunde. Trans implica un tránsito, una situación temporal. Y ellos son niños o niñas, mujeres u hombres. No quieren ser trans. Uno no quiere estar en esa categoría. Y es que lo que llamamos mujer trans, no es trans, sino una de las formas diversas de ser una mujer. Así como ser hombre trans no es más que una de las maneras de ser hombre. Por cierto, y aquí también entran, atención con lo que digo, los hombres con capacidad gestante, y, en algunos casos hasta deseos de parir. Son, por cierto, nuevas categorías para que pensemos en ello; por ejemplo: hombres con un par de ovarios, y mujeres con un par de huevos.

Nº 240 ya en los quioscos

Último número de la revista Cáñamo Último número de la revista Cáñamo

Contenido relacionado

Sexo y Cannabis

Los consumidores de cannabis tienen más sexo

Sexo

Integra el CBD en tu vida sexual

Sexo y Cannabis

Microdosis de cannabis para el sexo

Sexo y cannabis

Juguetes sexuales y cannabis

Sexo

CDB y THC para el sexo: ¿Cuáles son las diferencias?

Chiquillicos

Cómo mezclar cannabis y conversaciones sexis durante tus relaciones sexuales y que no se te trabe la lengua