En 2004 publiqué un artículo en la revista agrocientífica y cultural Tierra, titulado “El uso de cannabis en el Protectorado español en Marruecos (1912-1956) y su influencia en el marco peninsular”, en el que profundicé en los orígenes del hábito de fumar grifa y hachís en España. Algunos años más tarde tuve oportunidad de compilarlo en un libro titulado Píldoras de realidad (2012), para lo cual antes me dediqué a revisarlo, actualizarlo y ampliarlo. Fue entonces cuando entré en contacto con el doctor Albert Arnavat, autor de un interesante trabajo titulado “El cannabis y los viajeros españoles en marruecos: kif y orientalismo (1550-1912)”, incluido en el número 19 de Cuadernos del Archivo Central de Ceuta, (2010-2011).
En dicho artículo, Arnavat desvelaba un hecho en el que prácticamente nadie hasta entonces había reparado: antes de 1860 los testimonios de viajeros españoles que habían visitado Marruecos, lejos de contener valoraciones negativas, solían presentar los efectos del kif y el hachís como placenteros y agradables; en cambio, a partir de la guerra de España contra el Reino Alauita se sucedieron las informaciones sesgadas, estereotipadas, distorsionadas y completamente falsas, llegando a afirmarse que su abuso podía conducir a la locura y la imbecilidad e incluso ocasionar la muerte.
Durante un tiempo le perdí la pista. Pero el profesor Albert Arnavat, con una dilatada experiencia como director de arte, diseñador y publicista especializado en proyectos editoriales, no perdió el tiempo y siguió ahondando en esa línea de investigación suya en la que convergían relaciones de la imagen e historia, cannabis y orientalismo y publicidad e historia del arte. Y, desde Ibarra (Ecuador), donde imparte cátedra en la Universidad Técnica del Norte, se comunicó conmigo para solicitarme un prólogo para un libro que pensaba publicar en breve.
Kif y orientalismo
Cuando recibí su petición no solo quedé honrado y conmovido, sino también maravillado, pues el proyecto para el que solicitaba mi colaboración como prologuista superaba todas mis expectativas.
Para empezar constituía un trabajo de investigación insólito y pionero que incidía en aquel aspecto ya esbozado en su anticipado estudio anteriormente citado, acerca del cambio registrado en los testimonios del consumo de cannabis en el territorio norteafricano a partir de 1860, cuando España y Marruecos entraron en conflicto bélico abierto: lo que antes de la fecha señalada se consideraba un hábito recreativo, placentero e inspirador, después pasó a contemplarse ―a causa de publicaciones tendenciosas y exageradas, cuando no directamente falaces― como un terrible vicio, propio de gentes subdesarrolladas, capaz de trastornar la salud mental de las personas usuarias e incluso conducirlas a un cruel deceso.
Por otra parte, desde tiempo inmemorial, el anhelo de conocimiento, el afán de aventura y la curiosidad por la geografía de territorios apenas cartografiados, la necesidad de escuchar otras voces y acercarse a otras culturas, se han conjugado en el interior del ser humano hasta provocarle la necesidad de desplazarse. Y en muchos casos, esa necesidad de desplazamiento, se ha visto acompañada por la necesidad de narrar esos viajes. Los relatos de esos viajeros han contribuido a descubrirnos el mundo que nos rodea y a que podamos aproximarnos a otras épocas, a otras comunidades y a otras experiencias. En contacto con esta literatura nos transformamos progresivamente a medida que comprendemos la artificialidad de las fronteras y los estereotipos y prejuicios de nuestra cultura, sustentados por referentes subjetivos. En general, la literatura de viajes es un género literario no demasiado conocido, todo y que puede llegar a ser un sustitutivo del viaje en sí mismo.
Como parte de su pasión orientalista, el proyecto de Arnavat constituía el resultado de su investigación en fuentes primarias sobre aquellos primeros viajeros y artistas españoles que recorrieron el territorio marroquí desde comienzos del siglo XIX hasta 1912 y su relación con el kif, que, proveniente sobre todo de las serranías del Rif y del valle del Lukus, tuvo y todavía tiene un papel importante en la economía y la vida social de nuestros vecinos del sur. Un trabajo monumental y exhaustivo que se nutría de una ingente cantidad de documentación de primera mano, tanto información escrita como material gráfico, y que lo convertía en un proyecto muy atractivo.
Por supuesto, no dudé ni un solo instante en prologar aquella panorámica histórica del consumo de cannabis a través de las miradas de los viajeros y artistas españoles que, de una manera u otra, se sintieron atraídos por Marruecos y su exotismo y, una vez allí, quedaron fascinados por las costumbres locales, aunque sin perder nunca de vista la supuesta superioridad moral y cultural europea sobre la sociedad norteafricana.
Tal y como asegura el citado Jordi Cervera, la investigación del profesor Arnavat resulta tan extensa, magnética y apasionante ―casi como una novela de aventuras― que difícilmente permite un resumen que le haga justicia, pero aparte del material gráfico, absolutamente maravilloso y primorosamente seleccionado, destaca una búsqueda minuciosa de muchos viajeros españoles que se dejaron seducir por el kif y se decidieron a hacerlo público. En este sentido, Albert Arnavat presenta un documentado desfile de personajes que tuvieron contacto con el kif y el hachís y, con mayor o menor pasión y/o erudición, describieron sus efectos, empezando ―ya en el siglo XVI― por el diplomático y explorador llamado Juan León el Africano, seguido del viajero y espía Domingo Badía y Leblich, más conocido como Alí Bey, el exiliado liberal y renegado a la fuerza León López Espila, el guardia civil y diputado Salvador Valdés, el naturalista Fernando Amor, el escritor Pedro Antonio de Alarcón, el arabista, espía y explorador Joaquín Gatell, el ingeniero de montes José Jordana, el también escritor Isaac Muñoz, el novelista, ensayista y publicista Eugenio Noel, y un largo etcétera, secundados por una prolija nómina de pintores: Mariano Fortuny, José Tapiró, Ricardo Madrazo, José Benlliure, Mariano Bertuchi, Tomás Moragas, Francisco Masriera, entre otros muchos.
El libro Kif y orientalismo. El cannabis y los viajeros y pintores españoles en Marruecos, 1803-1912, que no se ha publicado en formato convencional de papel, y del que ya se ocupó CÁÑAMO en su número 276, correspondiente a diciembre de 2020, finalmente vio la luz en 2024 en formato PDF gracias a la Universidad Técnica del Norte, donde imparte clase el profesor Arnavat y se puede consultar y descargar gratis en la web Universo Ulises y en el repositorio de la propia universidad ecuatoriana.
El Oriente humeante
Posteriormente, el doctor Albart Arnavat nos convenció a Sofía Barrón Abad, doctora en Historia del Arte, profesora de la Universidad Internacional de Valencia, directora artística del Museo de Arte Contemporáneo “Vicente Aguilera Cerni” (MACVAC), de Vilafamés (Castellón), y autora de más de cuarenta publicaciones en entre artículos, libros, capítulos de libros, ediciones críticas y catálogos artísticos, y a mí para que nos sumáramos a un nuevo proyecto, publicado recientemente ―también en formato PDF― por Ulises Ediciones Expansivas, y que lleva por título El Oriente humeante. El consumo de opio y cannabis en las revistas ilustradas españolas (1836-1909). Al igual que el anterior puede consultarse y descargarse de manera totalmente gratuita desde la web Universo Ulises.
El libro está centrado en un momento clave tanto para la interpretación y descripción el mundo oriental por parte de Occidente como para la expansión de la prensa gráfica. La fascinación por lo exótico, en este caso representado por sustancias como el opio y el cannabis, queda plasmada en una elaborada y sugerente compilación de ilustraciones —tanto imaginadas como presenciales— publicadas en revistas españolas durante buena parte del siglo XIX y la primera década del XX. Un conjunto de ilustraciones que respondían a una visión romántica del opio y el cannabis, que alejaba a ambas drogas de sus eventuales propiedades terapéuticas y psicoactivas, para convertirlas en objetos de deseo extraños y misteriosos. Una idea que se vería reforzada pocos años más tarde con la fiscalización de dichas sustancias para su control o restricción a nivel internacional, como paso previo a la prohibición incondicional de las mismas.
Odalisca (1861), de Mariano Fortuny, que puede verse en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.
El sueño (1875), de José Villegas Cordero y Un guerrero árabe fumando un hookah (1863) de Mariano Fortuny.
La primera parte del libro, a cargo del doctor Arnavat, ofrece un inventario exhaustivo de las obras producidas sobre el tema del consumo de opio y cannabis por artistas de la escuela alemana, artistas de la escuela francesa, grabadores españoles y también pintores y dibujantes de otras nacionalidades.
En la segunda parte, me aplico en desmitificar la imagen romántica de estas sustancias, recordando su presencia en la farmacopea española y sus diversos usos terapéuticos, aunque también aprovecho la ocasión para descubrir la existencia de algunos aventureros y emprendedores españoles que desempeñaron un papel decisivo como intermediarios en el comercio de opio en Oriente en el siglo XIX.
Por último, la doctora Barrón se ocupa de los estereotipos de género vinculados a las representaciones, donde el harén es el escenario central de ese Oriente sensual, desde una visión androcéntrica que, tal y como afirma el profesor Josep Lluís Mateo Dieste en el prólogo del libro, “se basaba en el misterio de la mujer inalcanzable, una obsesión colonial que es de algún modo el reverso del velo, por no acceder los hombres al mundo de las mujeres en una sociedad segregada por sexos”.
En definitiva, quienes quieran conocer a los pioneros en bajarse al moro, mucho antes de que Fernando Colomo nos deleitara con su deliciosa comedia estrenada en 1989 bajo ese título, cuentan con dos libros maravillosos online y completamente gratis et amore para ilustrarse y, de paso, saciar su curiosidad.