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100 canciones sobre drogas (8)

Flamin´Grooviess

82 The Flamin’ Groovies. “Slow death” (7” United Artists, 1972)

Ninguneados en su ciudad, San Francisco, los Flamin’ Groovies tuvieron que ir a cosechar público potencial en otras ciudades. Una de las que más cálidamente les acogió fue Detroit, pero en su segunda visita a esa urbe algo había cambiado drásticamente: “Toda la gente que conocimos la primera vez estaba muerta o encarcelada”, relataba Roy Loney. “En el hotel en el que nos hospedábamos habían asesinado a varias personas el mismo día. Un año antes solo te tropezabas con seres humanos maravillosos, y de pronto todo se reducía a una manada de adolescentes enganchados al caballo”. La consternación les inspiraba “Slow death”, un alegato contra los opiáceos, si bien uno de sus autores acabaría arruinándose la vida con la cocaína. Irónicamente, la BBC se negó a difundirla en Inglaterra porque la letra incluía la palabra morfina: “Llamé a la doctora / al despertarme por la mañana / tenía fiebre / era una señal / ella dijo: ‘No hay nada que pueda recetarte / para conservar vivo tu obsceno saco de huesos’ / me quedaba pasta para un chute más / ella dijo: ‘Que dios te bendiga’, y yo respondí: ‘gracias’ / es una lenta, lenta muerte / llamé al sacerdote / santo y sagrado / rogué por el perdón / fue entonces cuando me lo contó / dijo: ‘No hay nada que pueda recetarte / para conservar vivo tu obsceno saco de huesos’ / estoy listo para chutarme / un pico de morfina / el chute está preparado / es como un mal sueño / lenta muerte, me estás royendo la mente / lenta muerte, conviertes mis tripas en arcilla”.

 

81 Primal Scream. “Higher than the sun” (del álbum Screamadelica, Creation, 1991)

Portada Primal Scream

La venerable publicación New Musical Express declararía en el 2011 el tercer LP de la banda de Bobby Gillespie un clásico de los primeros años noventa: “El álbum más drogadicto de todos los tiempos”. Los méritos de esa condecoración se los llevaban títulos como “Me estoy viniendo abajo”, “No lo combatas, siéntelo”, “Cuélate en esta casa” y, particularmente, “Más alto que el sol”. Producida por The Orb, sería esta órfica pieza de rave rock una declaración de amor al éxtasis, con el que Gillespie decía haber alcanzado la iluminación neopsiquedélica, epifánico despertar de los sentidos y la comprensión, en las antípodas de la ruta del bakalao y su culto al descerebre. Un hurra en honor de los poderes liberadores de la droga, aunque solo fueran efectivos en la pista de baile. “Mi estrella más brillante es mi luz interior, dejemos que me guie / experiencia e inocencia sangran dentro de mí / los alucinógenos pueden abrirme o desatarme / vagué en el espacio interior, libre del tiempo / y encontré un estado superior de gracia, en mi mente, soy hermoso / no nací para seguir a nadie / vivo al día, no me importa el mañana / no puedes comprar, tomar prestado ni robar lo que tengo en mi cabeza / creo en el vivir y el dejar vivir, creo que recibes lo que ofreces / he vislumbrado, he saboreado fantásticos lugares / mi alma es un oasis, más alto que el sol”. Años después, Gillespie rectificaba: “Las drogas son demasiado poderosas para mí, cambian mi personalidad a peor”.

 

80 Johnny Cash. “I came to believe” (del álbum American V, American Recordings, 2006)

Ay, la contrición, qué pocas veces llega a tiempo. “No pude manejar el problema que me había buscado / y lo empeoraba cuando le echaba las culpas a otros / de modo que finalmente me rendí del todo, y caí en la desesperación / lloré pidiendo ayuda y encontré un cálido sosiego allí / así llegué a creer en una fuerza muy superior a mí / supe que necesitaba ayuda para superarlo / con esperanza infantil lo dejé y le di a él una oportunidad / nada funcionó cuando intenté arreglármelas solo / y cada vez que fracasaba me sentía el doble de solo / entonces supliqué: ‘señor, tiene que haber un modo más sencillo y seguro / no puede ser que un hombre deba perder la esperanza cada día’ / así llegué a creer en una fuerza muy superior a mí / supe que necesitaba ayuda para superarlo”. Inveterado pastillófago, el forajido número uno del country se pasó la mayor parte de su carrera alimentando fehacientemente una poliadicción al alcohol, las anfetaminas (Dexedrina) y los barbitúricos (Equanil), lo cual explicaría su frenética actividad y productividad. Tras un intento de suicidio en 1968, abrazó de nuevo el cristianismo e intentó dejar las drogas sin éxito. Lo lograba en 1970, por un periodo de varios años, pero en 1977 volvía a recaer. La liaba de nuevo en 1983, esta vez internándose en la clínica Betty Ford. Su desintoxicación definitiva no llegaba hasta 1992. “I came to believe” alude al determinante papel que el consuelo religioso jugó en ese purificador proceso.

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