El Vicentillo
Vicentillo Zambada Niebla, el hijo predilecto del Mayo.

El Vicentillo

Este artículo se publicó originalmente en el número 273 de la revista Cáñamo España

En sus diarios, Vicentillo narra que cuando era niño se dio cuenta de que su padre no era igual que el de sus amigos del colegio. “Un día cuando estaba en el rancho veo que estaban mi papá y un amigo contando fajos de dinero. Estaba el escritorio lleno de dinero con una máquina para contarlo. Fue cuando abrí los ojos y pensé: ¿en qué negocio está mi papá?”.

Ismael “el Mayo” Zambada lleva cincuenta años dedicado al negocio de la droga y nunca ha pisado la cárcel. Su éxito, según sus allegados, se debe a que se rige por dos máximas: “Con suficiente dinero todo se puede” y “El gobierno siempre va a tener más balas, no tiene caso pelearse con ellos”. La lección, sin embargo, no parece habérsela transmitido a sus diez hijos, dado que tres de ellos están presos en Estados Unidos. Todos ellos rompieron otra regla del negocio al colaborar con la justicia a cambio de reducir sus condenas. El testimonio de los Zambada fue fundamental para condenar al Chapo. Especialmente, el de Vicentillo, el hijo predilecto del Mayo.

En el libro El traidor (Ed. Grijalbo), la periodista Anabel Hernández tuvo acceso al diario de Vicente Zambada Niebla, uno de los hijos del Mayo, en donde describe la manera como operaba el cártel de Sinaloa. A Hernández, una de las periodistas más reputadas de México, se le acercó Rodrigo Gaxiola, uno de los abogados de Vicentillo, para ofrecerle el diario y otros documentos que aclararían partes de otro de sus libros, Los señores del narco. A cambio tenía que esperar a que concluyese el juicio de su cliente. El proceso de Vicentillo duró nueve años, mismos que la periodista utilizó para documentar el libro, que ofrece una radiografía sobre la forma como opera el cártel de Sinaloa.

"Solo en Sinaloa pagaba un millón de dólares mensuales a las diversas corporaciones policiales a cambio de que les dieran libertad para operar y que les avisaran de operaciones en su contra"

Zambada Niebla nació en Culiacán en 1975 y fue el primer hijo varón que tuvo el Mayo. En sus diarios, Vicentillo narra que cuando era niño se dio cuenta de que su padre no era igual que el de sus amigos del colegio. “Un día cuando estaba en el rancho veo que estaban mi papá y un amigo contando fajos de dinero. Estaba el escritorio lleno de dinero con una máquina para contarlo. Fue cuando abrí los ojos y pensé: ¿en qué negocio está mi papá?”. A los dieciséis años sufrió su primer atentado. Vivía en Tijuana y los Arellano Félix lo intentaron asesinar.

Vicentillo pertenece a una generación llamada por la prensa “narcojúniors”. A diferencia de su padre, que no terminó la primaria, como la mayoría de los capos de su generación, Vicentillo acudió a los mejores colegios y universidades y estaba destinado a suceder al Mayo. Se encargaba de importar cocaína colombiana para el cártel de Sinaloa, y para ello su padre le “enseñó” a sobornar policías. Solo en Sinaloa pagaba un millón de dólares mensuales a las diversas corporaciones policiales a cambio de que les dieran libertad para operar y que les avisaran de operaciones en su contra.

“El noventa y nueve por ciento de la PGR (la Fiscalía encargada de combatir el crimen organizado) es corrupta, y nosotros les damos todo el dinero”. Aunque cada cierto tiempo los comandantes policiales son cambiados de destino para evitar la corrupción, esta medida es una simulación. Según Zambada Niebla, cuando llegan a su nueva ciudad, “ellos se reportan a quien esté encargado en el estado” para que les den dinero. Los narcos aceptan que si un policía de Sinaloa es destinado a un territorio que controlan los Zetas acuda al jefe de plaza para pactar la cuantía del soborno.

En el Ejército había algo menos de corrupción, aunque, según Zambada Niebla, “muchos militares también recibían dinero”. Un día se le acercó una persona para decirle que tenía muchos amigos en el Ejército que querían hablar con él para hacer tratos con el cártel de Sinaloa. Según Zambada Niebla, en uno de sus encuentros “los militares querían que mi padre y el Chapo trabajaran con ellos para ayudarles con los Zetas”. Soldados y sicarios llegaron a un acuerdo y el cártel de Sinaloa se encargó de proporcionar a los soldados información sobre las casas de seguridad de los Zetas en Chiapas. Vicentillo presenció reuniones con generales cercanos a la plana mayor de Defensa de Felipe Calderón y que estaban en la nómina del cártel.

En campaña

¿Hasta dónde llegaba la red de corrupción descrita por Vicentillo? “Mi papá decía que los sobornos han sido tan costosos, incluido al presidente, que a fin de cuentas trabajamos para el Gobierno”, escribe en su diario. Rey Zambada (hermano del Mayo) testificó que él personalmente le entregó a Genaro García Luna –el policía encargado de combatir el crimen organizado entre el 2002 y el 2012– tres millones de dólares. El soborno era para asegurar el nombramiento de policías afines al cártel en Culiacán y en otras zonas de influencia. García Luna fue detenido en Estados Unidos en diciembre pasado y su juicio por recibir sobornos del narcotráfico empezó el pasado 30 de junio.

Según Vicentillo, la mayor parte de los acuerdos entre políticos y el cártel se establecen desde las precampañas electorales. En El traidor narra cómo en el 2010 su padre dio dinero a los dos principales candidatos a gobernador de Sinaloa. Durante el juicio al Chapo Guzmán, algunos de los testigos aseguraron que también dieron sobornos a los expresidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Quizás una de las revelaciones más sorprendentes del diario de Zamabada Niebla es que el verdadero jefe del cártel de Sinaloa desde mediados de los setenta ha sido su padre. En eso se centró la defensa de Guzmán: en señalar que el verdadero jefe era Zambada y que el Chapo era un mero peón.

A Zambada Niebla lo detuvieron en el 2009 en Ciudad de México y a las pocas semanas lo extraditaron a Estados Unidos. En una declaración ante el juez aseguró que en realidad nunca se quiso dedicar al narcotráfico y que en el 2007, asustado por la creciente violencia, intentó salirse del negocio. Cuando se lo propuso a su padre, el Chapo Guzmán le hizo una propuesta peculiar: se ofreció a preguntar a “sus contactos en la DEA” para ver si le podían ayudar.

No está claro si el Chapo cumplió su palabra, sin embargo, está reconocido por las autoridades estadounidenses que, antes de su arresto, Vicentillo tuvo una reunión clandestina con agentes de la DEA en Ciudad de México. Según sus propios abogados, tras ese encuentro el hijo del Mayo Zambada empezó a espiar a la organización de su padre. Tras su arresto, proporcionó información clave sobre los movimientos del cártel que condujeron a importantes detenciones. En su primer testimonio al juez estadounidense en el 2011, nada más ser extraditado a Estados Unidos, Vicentillo reveló que existía un pacto entre la DEA y el cártel de Sinaloa para ofrecer inmunidad al Chapo Guzmán a cambio de información sobre los grupos rivales.

A Vicentillo le esperaba la cadena perpetua (le acusaban de importar más de mil millones de dólares de cocaína). Sin embargo, dada su colaboración con la justicia, le condenaron solo a quince años de prisión. Debería salir en el 2024. Su padre, para entonces, tendrá setenta y cinco años y probablemente seguirá sin haber pisado una celda.

Don Juan

“Mi mal son las mujeres”, le confesó el Mayo Zambada, de setenta y un años, a su abogado Rodrigo Gaxiola. Este último se lo narró a Anabel Hernández y añadió que “Chayito es la primera y la primera en mi corazón”. Chayito es Rosario Niebla, la madre de Vicentillo, y aunque están divorciados hace décadas (el Mayo tuvo otros matrimonios y un total de diez hijos), el Mayo la sigue teniendo presente. Se conocieron cuando Ismael tenía trece años y ella dieciséis. El tío del Mayo tenía una carnicería donde el niño Zambada vio por primera vez a la niña de la que quedó enamorado.

A los diecisiete años el Mayo seguía perdidamente enamorado, pero desempleado, así que “se la robó”; en esta práctica, extendida en ciertas partes de México, un hombre secuestra a una mujer –en ocasiones con su beneplácito, aunque no siempre es el caso–. Poco después formalizaron la boda por la iglesia y por lo civil. El Mayo, según Hernández, se ganaba la vida lavando camiones que entraban al ingenio azucarero que había a las afueras de Culiacán. Su vida cambió cuando una de sus hermanas se casó con Antonio Cruz Vázquez, un importante traficante de heroína cubano que controlaba los mercados de Los Ángeles y Las Vegas. Zambada se mudó a Los Ángeles y estableció un corredor de droga entre Tijuana y Los Ángeles. En 1977, la policía detiene a su cuñado cubano y desde entonces el Mayo empezó a volar solo.

 

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