El gobierno de México creó la denominación de Pueblo Mágico hace dos décadas para promocionar el turismo a pueblos del interior. Existen ciento setenta y siete pueblos mágicos y fue en uno de ellos, Tapalpa, a ciento veinte kilómetros de Guadalajara, donde el pasado 22 de febrero cayó el Mencho. Era el narcotraficante más peligroso y sanguinario del país, que tomó el testigo que dejó el Chapo y por quien la DEA ofrecía una recompensa de quince millones de dólares.
Nemesio Oseguera, “el Mencho”, nació en julio de 1966 en una familia campesina de Michoacán. A los veinte años se fue a Estados Unidos “de mojado” a hacer trapicheos. Los yanquis lo detuvieron en 1992 por tráfico de heroína y, al cabo de tres años, lo deportaron a México. Sus antecedentes no le impidieron unirse a la policía y entró en contacto con el cártel del Milenio, que en esos años era el principal traficante de metanfetaminas. Oseguera se casó con una de las hermanas de los capos y se convirtió en una figura importante dentro del cártel. Además del nepotismo, su principal aval era la brutalidad: en el 2008, sus hombres dejaron treinta y cinco cadáveres de Zetas –con los que estaba en guerra– en un centro comercial en Veracruz.
Las autoridades detuvieron a los capos del cártel del Milenio en el 2009, y el Mencho se hizo con las riendas del cártel, al que rebautizó como cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Existen pocas fotos suyas –la de su ficha policial en Estados Unidos y poco más–. Se decía que no bebía ni fumaba y que su único vicio eran las peleas de gallos. Presuntamente, en un combate llegó a apostar cien mil dólares –y por ello le apodaban también el Señor de los Gallos–. En un reportaje en la revista Rolling Stone, un agente de la DEA contó que durante un tiroteo en un palenque (donde se celebran las peleas de gallos) alguien arrojó una granada y más de un sicario se lanzó sobre ella antes de que detonara y muriera el jefe.
"La opacidad en torno a la operación y la falta de una foto del cadáver –una práctica habitual para la Fiscalía mexicana– han abierto la puerta a que se cuestione si pudo tratarse de una ejecución extrajudicial"
La captura del Mencho se inició, como suele ser el caso, por una mujer. Y por un pitazo del gobierno estadounidense, que informó al Ejército mexicano que tenían localizado a un hombre cercano a una de las amantes del capo. Oseguera llevaba una vida bastante espartana entre Guadalajara –la segunda ciudad de México y que el CJNG controlaba– y la sierra de Jalisco, ideal para pasar desapercibido y para escapadas románticas. El Ejército vigiló a la mujer y vio que el 21 de febrero la llevaron a una cabaña en Tapalpa. Los soldados montaron guardia toda la noche, preparando una operación que empezó a primera hora de la mañana, en cuanto se fue la mujer.
El Mencho estaba solo protegido por una docena de personas. Los soldados avanzaron, por tierra y con helicópteros. En cuanto fueron detectados los guardaespaldas los atacaron, pero Oseguera y su guardia estaban en desventaja numérica. El narco se fue corriendo a un bosque cercano a la cabaña e intentó esconderse entre los árboles. Fue rodeado por los soldados y, tras un nuevo tiroteo (según la versión oficial) en el que le hirieron gravemente, finalmente le detuvieron. En el trayecto en helicóptero al hospital de Guadalajara el capo murió. La opacidad en torno a la operación y la falta de una foto del cadáver –una práctica habitual para la Fiscalía mexicana– han abierto la puerta a que se cuestione si pudo tratarse de una ejecución extrajudicial.
Sin límites
Hay dos hechos en la biografía del Mencho que ilustran la brutalidad del CJNG, al que funcionarios estadounidenses describieron como “el ISIS del narco” cuando se presentaron en sociedad. En el 2020 Oseguera intentó asesinar a Omar García Harfuch, que entonces era el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México. Había un pacto implícito de que la violencia del narco no podía llegar a la capital. El crimen sucedió en Las Lomas, la zona más exclusiva de la ciudad, en donde veinte sicarios escondidos en un camión acribillaban a la comitiva del policía. Usaron incluso un rifle Barret Calibre 50, que solo utiliza el Ejército. Harfuch sobrevivió, aunque recibió tres disparos, y hoy es el encargado federal de luchar contra el narco. El otro hecho sucedió ese mismo año, cuando asesinó al juez que aprobó la extradición a Estados Unidos de su hijo. Lo asesinaron en su casa junto a su esposa, dejaron vivos a los dos hijos, que también estaban en casa.
La última vez que el Ejército intentó detener al Mencho fue en el 2015. Le seguían por tierra y aire, y estuvo a punto de caer en Guadalajara. Sus hombres secuestraron autobuses, con los que bloquearon las principales carreteras, incendiaron carreteras e, incluso, derribaron un helicóptero del Ejército (en el que viajaban diecinueve soldados) con un lanzagranadas. En febrero pasado, tras su muerte, hicieron lo mismo pero a lo bestia. Los bloqueos no se ciñeron a Guadalajara, feudo del CJNG, sino en veinte de los treinta y dos estados en los que está dividido México. Cortaron ochenta y cinco carreteras e hicieron en total doscientos cincuenta bloqueos.
La prensa mexicana reportó que el Tuli, mano derecha del Mencho, encabezó la respuesta de los sicarios. Ordenó atacar cuarteles y comisarías. Ofrecía mil euros de recompensa a cualquiera que matara a un soldado; ese día murieron veinticinco militares. El Tuli también murió rodeado por soldados de la Guardia Nacional cuando intentaba huir.
Los ataques, que también llegaron al interior del aeropuerto de Guadalajara, provocaron el pánico, sobre todo, en Jalisco. Prueba de ello es que más de mil personas pasaron la noche en el zoo de Guadalajara por los bloqueos e incendios que rodeaban el lugar. Las clases se suspendieron en muchos estados y el 23 de febrero el país amaneció en una especie de estado de excepción, con los aeropuertos de Guadalajara y Puerto Vallarta cerrados.
La “normalidad” se fue recuperando en los días siguientes. El gobierno desplegó a diez mil soldados en todo el país, y la actividad volvió a las ciudades. Los acontecimientos de febrero pasado abrieron el debate de si Guadalajara –o México– reúne las condiciones de seguridad para ser una sede del Mundial de Fútbol que empieza en verano. De momento, la Federación Internacional de Deportes Acuáticos canceló la Copa del Mundo de Clavados que se celebraría en Guadalajara en el mes de marzo.
Después de la autopsia, las autoridades entregaron el cuerpo a la familia. Sus restos se velaron en una funeraria de Guadalajara. Le enterraron en un ataúd de oro de dieciocho quilates. La prensa informó que necesitaron cinco camiones para llevar todas las ofrendas florales al cementerio. La mayoría de los arreglos eran anónimos. Se ha especulado mucho sobre quién sucederá al Mencho al frente del cártel más poderoso de México. Todos los posibles sucesores tienen apodos pintorescos. Inicialmente se especuló que sería el 03, el RR, el Sapo o el Jardinero (este último fue quien derribó el helicóptero del Ejército en el 2015). Sin embargo, quien parece haber tomado el control del cártel es Juan Carlos Valencia, hijastro del Mencho. No se descarta un escenario como el de Sinaloa, en que distintas facciones se disputan el trono.