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El Pirata de Culiacán
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El Pirata de Culiacán era un joven de diecisiete años que incursionó en el género de los narcoyoutubers. Era un bufón que en sus vídeos bebía, fumaba porros, esnifaba rayas y balbuceaba incoherencias. También aparecía rodeado de mujeres, Ferraris y armas de fuego. Tenía un millón de seguidores en Facebook, entre ellos incontables narcos que lo adoptaron como su mascota. El éxito se le subió a la cabeza y, en diciembre pasado, en uno de sus vídeos –en el que estaba borracho perdido–, dijo, seguro de sí mismo: “El Mencho me pela la verga”. No fue el caso.

Nemesio Oseguera, “El Mencho”, es el capo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que desde la caída del Chapo Guzmán se ha convertido, según las autoridades, en el grupo más poderoso de México. Como prueba de su fortaleza, en agosto del 2016 secuestraron a dos hijos del Chapo. Tardaron dos minutos y no tuvieron que disparar un arma. Aunque el plan era asesinarlos, su padre pagó dos millones de dólares y un alijo importante, por lo que los liberaron. El Pirata de Culiacán no era la bombilla más brillante de la caja, y tras amenazar al Mencho viajó a Guadalajara, la capital de Jalisco, y anunció en redes sociales que se dirigía a un bar a celebrar. A su encuentro acudieron unos hombres, que le metieron quince tiros. El crimen no se ha esclarecido, como el noventa por ciento de los que ocurren en México.

El principal negocio del CJNG son las metanfetaminas. Para fabricarlas no se necesitan grandes extensiones de cultivo, solo laboratorios clandestinos en los que cocinar los productos químicos que importan de China o de la India. Para transportar su mercancía utilizan una red de submarinos (que, presuntamente, fueron construidos por ingenieros navales rusos contratados para ese fin). Con cocaína apenas trafican, y cuando lo hacen prefieren enviarla a Australia, donde la vigilancia es más laxa y el margen de beneficios es cuatro veces superior al que consiguen en Estados Unidos. También suelen emplear modelos despampanantes que distraen a los policías a la hora de revisar los equipajes en los que transportan la mercancía.

En el 2013 violaron, mataron y prendieron fuego a una niña que confundieron con la hija de un rival. En el 2015 subieron un vídeo en el que ejecutaban a un padre con su hijo detonando varas de dinamita entre risas de los sicarios.

El Mencho nació en julio de 1966 en un pequeño pueblo de las montañas de Michoacán, en la llamada “Tierra Caliente”, en la que se cultiva amapola y marihuana. Vivía en una familia de campesinos que cosechaban aguacates, algo a lo que Nemesio también se dedicaba. A los catorce empezó a cultivar maría y a los veinte se fue a Estados Unidos a hacer trapicheos para el cártel del Milenio. Los yanquis lo detuvieron en el 92 por tráfico de heroína, y al cabo de tres años lo deportaron a México. Se estableció en el pueblo de Tomatlán, en el estado de Jalisco, y se buscó un trabajo en la corruptísima policía municipal. Retomó sus contactos con el cártel del Milenio, que comandaban los hermanos Valencia y que eran los principales traficantes de metanfetaminas en los años noventa.

Oseguera se casó con una de las hermanas de los Valencia (con la que tiene dos hijos), y pasó a ser una figura importante dentro del cártel, que, sin embargo, no era uno de los más poderosos de México. De hecho, pasaba por horas bajas: los Zetas los habían echado de Michoacán (donde operaban), y se habían refugiado en el vecino estado de Jalisco. En el 2007, el Chapo reclutó a los Valencia en su guerra contra los Zetas y, de hecho, antes de tomar el larguísimo nombre de Cártel Jalisco Nueva Generación, se hacían llamar “los Mata Zetas”. A finales del 2009, las autoridades detuvieron a los Valencia y empezó una guerra interna entre dos facciones. Se impuso el Mencho.

Tras consolidar su control en Jalisco –donde frenaron la llegada de los Zetas– y Michoacán, de donde los expulsaron, el CJNG buscó expandirse. En el 2011 se independizó del Chapo. Su carta de presentación fue dejar treinta y cinco cadáveres torturados a las puertas de un centro comercial de la avenida principal de Boca del Río (Veracruz) y un vídeo en el que explicaban que habían llegado al estado para proteger a la población de la extorsión que sufrían a manos de los Zetas. También emprendió la guerra contra el Chapo, a quien le arrebató zonas de Jalisco, y se empezó a expandir a otras partes. Las autoridades mexicanas sostienen que tiene presencia en veintidós de los treinta y dos estados, y estima que cuenta con unos cinco mil integrantes, algunos con pasado en las Fuerzas Armadas.

“El Mencho es una especie de fantasma”, declaró un agente de la DEA a la revista Rolling Stone, que en julio pasado realizó un amplio perfil del CJNG. Apenas existen fotografías suyas y lleva una vida espartana. Su leyenda dice que, a diferencia de otros capos, no bebe ni fuma, y que tampoco tiene amantes. Su vicio son las peleas de gallos (uno de sus alias es “el Señor de los Gallos”), en las que, presuntamente, apuesta cien mil dólares. Se supone que vive en la sierra de Jalisco, desde donde mantiene un férreo control de su organización. El agente de la DEA narró a la revista que durante un tiroteo en una feria alguien arrojó una granada y algunos sicarios se lanzaron encima de ella antes de que detonara para evitar que muriera su jefe.

El ISIS del narco

La violencia que exhibe el CJNG es extrema incluso para los estándares mexicanos. La Rolling Stone los compara con el ISIS por la brutalidad que exhiben en los vídeos que suben a las redes sociales. En el 2013 violaron, mataron y prendieron fuego a una niña de diez años que pensaban, erróneamente, que era la hija de un rival. En el 2015 subieron un vídeo en el que ejecutaban a un padre con su hijo de unos diez años detonando varas de dinamita entre risas de los sicarios. “El Mencho ejecutará a toda tu familia basándose en poco más que un rumor. No le importa nada la vida humana”, asegura una fuente anónima a la revista estadounidense.

En marzo del 2015, los sicarios del CJNG emboscaron un convoy de la Policía Federal y asesinaron a quince agentes. En respuesta, el gobierno mexicano lanzó la “Operación Jalisco” para darle caza. El 1 de mayo estuvieron a punto de lograrlo, sin embargo, el Mencho logró escapar y para frenar la persecución en pocos minutos sus hombres paralizaron Guadalajara. Se subieron a autobuses, bajaron a la gente, les prendieron fuego y los usaron para bloquear las principales carreteras. Ese día incendiaron treinta y nueve autobuses y dieciséis gasolineras. También derribaron, con un lanzagranadas, un helicóptero del Ejército.

El Mencho se convirtió en el enemigo público número uno, y el gobierno dirigió todas sus energías para capturarlo. Sin embargo, la fuga del Chapo Guzmán en julio del 2015 relajó la presión sobre el CJNG y les permitió continuar su ascenso. El 2017 fue el año con más asesinatos en las últimas dos décadas. Más de veintiséis mil personas murieron, unas ochenta cada día, y entre ellas está el Pirata de Culiacán.

 

Aló, Mencho

Mencho

La revista Proceso difundió esta llamada entre el Mencho (M) y un jefe de policía de Jalisco (P).

M: Mira bien, hijo de tu puta madre, soy Mencho. Relaja a tu gente, si no, te voy a partir tu madre a ti y a toda tu bola de perros… Hasta a tus putos perros te voy a matar si no te relajas, güey. ¿Cómo ves?

P: Ya está, señor, ahorita los bajo.

M: No cuelgues, hijo de la verga, te tengo ubicado.

P: No le estoy colgando. Le estoy diciendo ahorita los bajo.

M: Póngaseme las pilas. ¿Qué le cuesta ser amigo, cabrón?

P: Yo sé, señor.

M: Mire, revíremeles a todos los hijos de su puta madre, porque todos agarran dinero y son bola de puercos.

P: Sé lo que me están diciendo.

M: Si quiere la amistad, aquí va a tener un amigazo. Si no, a chingar a su madre.

P: No, yo sé, señor.

M: Ya estoy hasta la verga que no entiendan, loco.

P: Señor, usted me conoce.

M: Pues por eso me extraña, cabrón, yo te estoy diciendo, güey. Yo sé que tienes gente, la familia y la chingada, póngase las pilas.

P: Yo lo sé, señor.

M: No quiero que me apagues ese puto teléfono. Después te voy a marcar.

P: Ahorita le voy a marcar de otro número a este número…

M: No, no, a este ya no me vuelva a marcar. Yo le marco cuando yo pueda. Ándele, pues. Pero no me lo apagues, porque lo voy a entender como negatividad.

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