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Narco Dixan
Cementerio de Culiacán, Sinaloa, México
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“Sigue el dinero”, aconsejaba el informante Garganta Profunda a los reporteros Woodward y Bernstein, que investigaban el caso Watergate. Esta elemental premisa rara vez se emplea en la guerra contra el narcotráfico, donde el énfasis está en detener a los capos y decomisar cargamentos de droga. En muy contadas ocasiones se atacan las estructuras de lavado de dinero de los cárteles, gigantescas redes por las que pasan miles de millones de dólares al año y que suelen pasar inadvertidas. El delito consiste en cómo lograr que las ganancias obtenidas ilícitamente parezcan legales y puedan ingresar en el sistema financiero. Estados Unidos estima en 30.000 millones los dólares lavados todos los años por los cárteles de la droga mexicanos. Este es un breve compendio de algunos de los métodos que utilizaba la organización de Joaquín “el Chapo” Guzmán para blanquear su dinero. 

“Pitufeo” 

Las lavadoras del narco en Culiacán es el título de un reportaje de la revista Emeequis galardonado con el premio Walter Reuter en el 2015. Narra la historia de un millar de vecinas de una zona paupérrima de Culiacán que acceden a abrir una cuenta de banco a su nombre a cambio de quinientos pesos (unos veinticinco euros). Durante los siguientes meses, gente del Chapo las llama para que las acompañen al banco a sacar millones de pesos de “sus” cuentas. Las mujeres –según el reportaje– acudían a la sucursal acompañadas por gente del cártel, eran atendidas por los gerentes y salían del banco con bolsas repletas de dinero que entregaban a policías locales. Estos, a su vez, se llevaban una mordida por transportar el dinero hasta su destino de forma segura. Por cada retiro, las titulares de la cuente recibían otros 500 pesos. 

Un par de años después –relataba el reportaje–, estas mujeres empezaron a recibir citaciones judiciales para investigar sus nexos con el crimen organizado. Las acusaban de lavar dinero y se enfrentaban a penas de varios años de cárcel, a pesar de que solo prestaron sus nombres y recibieron pagos de 500 pesos por cada retiro. El “pitufeo”, o lavado de dinero hormiga, utiliza a centenares de personas para abrir cuentas y hacer pequeños depósitos o retiros de dinero en pequeñas cantidades. O no tan pequeñas, como en el caso de las “lavadoras de Culiacán”. 

Estados Unidos estima en 30.000 millones los dólares lavados todos los años por los cárteles de la droga mexicanos

Los hermanos Salgado ejercían otro tipo de pitufeo. También trabajaban para el Chapo y viajaban a Nueva York haciéndose pasar por turistas. Sus jornadas las dedicaban a recorrer las sucursales de Manhattan para hacer pequeños ingresos (que nunca superaban los 10.000 dólares, pues, en ese caso, los bancos están obligados a investigar). Los hermanos recibían las ganancias de traficantes del Bronx y de Washington Heights, y depositaban el dinero en las cuentas del cártel. Según la DEA, que llevó la investigación que culminó con su detención en octubre del 2016, los hermanos lavaban así hasta un millón de dólares al mes. 

La banca del narco 

El CEO del banco HSBC México tenía una grabación en la que un importante capo de la droga aseguraba que ese era el mejor banco para lavar dinero. Fue uno de los datos que se revelaron durante la investigación que derivó en la multa récord de 1.920 millones de dólares al banco británico por lavar dinero del narco. En diciembre del 2012, tras un trabajo de años y de varias agencias estadounidenses, los investigadores concluyeron que durante un lustro el banco lavó 881 millones de dólares del cártel de Sinaloa y de otra organización colombiana. Entre otras actuaciones bochornosas para el HSBC, los agentes descubrieron que el Chapo utilizó sus cuentas para comprar un avión valorado en 13 millones de dólares que, tiempo después, fue decomisado mientras transportaba mercancía a Estados Unidos. 

Tras la millonaria multa, el banco debía de incrementar sus controles para prevenir el lavado de dinero. A pesar de ello, en febrero del 2016, un grupo de familiares de estadounidenses víctimas del narcotráfico (entre ellos, la madre de un agente de Homeland Security asesinado en Ciudad Juárez) presentaron una demanda contra el HSBC en un juzgado de Texas por “brindar apoyo material de forma continuada y sistemática para que los cárteles de Sinaloa, Juárez y los Zetas laven miles de millones de dólares”. La demanda continúa su curso. 

El HSBC no es el único banco que lava dinero del narco. A principios de este año, el holandés Rabobank fue multado en Estados Unidos con 368 millones de dólares por mirar hacia otro lado mientras los narcos lavaban dinero. Durante años, la sucursal que más beneficios daba en toda la región era la que estaba en Calexico, a dos manzanas de la frontera. El banco ya había sido multado en dos ocasiones por no hacer suficiente para prevenir este delito. Pero siguieron haciendo la vista gorda. Entre otras cosas, crearon una lista de clientes “de confianza”, a quienes les permitían mover millones de dólares sin investigar su procedencia. La lista solo tenía diez personas el 2009, pero tres años después los clientes especiales eran mil. 

Bling 

Ante las dificultades que enfrentan los cárteles para traer sus ganancias de Estados Unidos a través de los bancos, el cártel de Sinaloa utilizó un ingenioso método. Compraban oro en casas de empeños, que luego fundían y vendían. El mercado de metales preciosos tiene regulaciones menos estrictas que las de los bancos y, por lo tanto, es ideal para el lavado de dinero. La trama fue descubierta en mayo del 2016, cuando detectaron que el cártel había vendido 97 millones de dólares en oro a una empresa de Florida para fundir y enviar las ganancias a México. 

El Chapo no fue el primero en importar sus ganancias a través del mercado de metales preciosos. En los ochenta, Pablo Escobar utilizaba un gigantesco complejo de lavado de dinero en Los Ángeles llamado La Mina. En apariencia era una empresa de joyería y compra de oro, que en realidad lavaba 12 millones de dólares al mes. Tenía la enorme ventaja de que en menos de cuarenta y ocho horas las ganancias estaban depositadas en algún banco de Panamá. Allí gobernaba un corruptísimo dictador, Manuel Noriega, gran amigo de Escobar. En el juicio, las autoridades acusaron a La Mina de haber lavado 1.200 millones de dólares. 

Récord Guinness 

Sorprendentemente, el famoso libro de récords Guinness tiene una categoría para la mayor operación de lavado de dinero. El ganador es Luis Agustín Caicedo Velandia, “Don Lucho”, un exagente de la Fiscalía colombiana. Entre el 2005 y el 2009 lavó 1.500 millones de dólares (una cifra superior a la de La Mina). Sin embargo, en el 2010 intentó lavar 5.000 millones de dólares: “Demasiado incluso para que su red lo pudiera blanquear”, asegura el libro Guinness. 

Don Lucho prestaba sus servicios al cártel de Sinaloa, entre otros clientes. Fue detenido en abril de 2010 en Argentina, en una operación que coordinó la DEA estadounidense. Su red todavía tardó en ser completamente desmantelada. Por ejemplo, en julio del 2011, su novia y madre de uno de sus hijos fue detenida por la Guardia Civil en Ribarroja del Turia, Valencia. La Fiscalía la acusó de tener una de las mayores redes de lavado de dinero de Europa, a través del oro, la inversión inmobiliaria, usura y financiación en negro de empresas en quiebra. En la “Operación Ánimas Blancas”, los agentes se incautaron de propiedades valoradas en 12 millones de dólares, coches de gama alta y 1,5 millones de euros en efectivo. 

 

Cinco por ciento de eficacia

Billetes Mexicanos

El lavado de dinero en México “no es investigado ni perseguido penalmente de forma proactiva”, concluye un informe del Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (GAFI, siglas por su nombre en francés, Groupe d’Action Financière sur le Blanchiment de Capitaux), un equipo de varias agencias gubernamentales que busca atajar este delito. El informe es demoledor, entre otras cosas, destaca: “La corrupción que afecta a las autoridades de orden público, en particular en el ámbito de los estados, socava su capacidad para investigar y perseguirlo penalmente”. 

Si se miran las cifras de eficacia judicial, el panorama es poco alentador. De las 2.300 investigaciones que inició la Fiscalía entre el 2007 y el 2015, solo una de cada cinco llegaron ante el juez. El total de condenas fue de 132, lo que da una eficacia del cinco por ciento. “Es un delito muy técnico –apunta la especialista Angélica Ortiz en declaraciones a El País–; no es un delito como el homicidio, donde ahí está el cuerpo de la víctima y no hay duda. En materia de lavado es mucho más complejo”. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el volumen de dinero blanqueado en el mundo oscila entre el tres y el cinco por ciento del PIB. 
 

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