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Desplazamientos

Lo primero que tienes que hacer es elevarte sobre ti mismo, contemplar tu vida por medio de un plano cenital y localizar todos los errores y sucesos desagradables. Los reconocerás enseguida por los remolinos y volutas que se forman alrededor. ¿Por qué tienes que hacer esto?, ¿para qué? Porque muy pronto, ya mismo, a las tres (de la madrugada) serán las dos.

Serán dos veces las dos. La hora dos será dos veces. Aspira, espira, acaríciate las sienes: forma espirales azules sobre tu propia existencia. Sigue dándole vueltas a esos grandes errores que han determinado tu existencia, sigue manoseando tus pequeños y grandes traumas. No puedes meterlos en un preservativo, hacer un nudo y tirarlo todo a la basura, pero puedes meterlos en una hora y hacerlos desaparecer. Aspira hondo, confianza plena, tu corazón bombea ahora una sangre depurada y nueva, una especie de leche de pantera. Todas esas decisiones que afectaron a tu vida personal, profesional, sentimental: los cinco segundos que tardaste en decir que no, el segundo que empleaste en decir que sí, el medio minuto que usaste para decir aquella cosa horrible. ¡Fuera, fuera! ¡Desaparición! Seamos sinceros: la mayoría aprovechará esta hora extra para seguir bebiendo cerveza antes de que cierren los bares. Otros la aprovecharán para cometer asesinatos y cerrar coartadas inapelables:

–¿Dónde estaba usted el sábado a las dos y media de la madrugada?

–En los salones de la Sociedad Geográfica de Londres. Tengo testigos.

Pero los bares van a volver a abrir al día siguiente, y los asesinatos exigen un esfuerzo físico y mental para el cual no siempre estás preparado. Maldita sea: Es sábado por la noche y tú sólo quieres que te dejen en paz. La cuestión es que hay que llegar a las tres de la madrugada del último domingo de octubre en un estado de total embriaguez/lucidez y, por tanto, listo para planear sobre la superficie del tiempo. Cuando lleguen las tres escribirás en un papel: “Son las tres de la mañana del 30 de octubre: ¡Que os follen!”. Durante una hora surfearás la gran ola del tiempo y llegarás a los puntos más controvertidos de tu propia biografía y los eliminarás de un manotazo. Pasada una hora te bajarás de la gran ola horaria y escribirás otra vez: “Son las tres de la mañana del 30 de octubre de 2016: ¡Que os follen!”. No sabrás a ciencia cierta si ha transcurrido una hora o un segundo, si has estado una hora surfeando la gran ola del tiempo o has abierto una hendidura en la bóveda espacio-temporal y te has deslizado hacia lo desconocido y luego has vuelto. Si ves que la ola se repite demasiadas veces y resulta que nunca llegan a ser las tres y cinco, y si compruebas que en el papel se amontonan las versiones de la frase: “Son las tres de la mañana del 30 de octubre: ¡Que os follen!”, lo mejor que puedes hacer es romper el papel en muchos pedazos muy pequeños, abrir las ventanas, meter la cabeza en agua y volver a la playa

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Ilustración de Jorge Parras

Nº 239 ya en los quioscos

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