La evaluación, elaborada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, revisa indicadores epidemiológicos, asistenciales y sociales junto con el desarrollo de distintas actuaciones. Asigna un cumplimiento estimado del 60 % al objetivo de disminuir consumos y adicciones, del 55 % al retraso de la edad de inicio y del 70 % a la reducción de daños asociados.
Entre las señales favorables, el informe destaca la caída del consumo de tabaco y alcohol entre jóvenes, en línea con la disminución del consumo de cannabis entre adolescentes ya observada en España. En la población adulta, en cambio, incorpora el aumento del cannabis entre las brechas del periodo. EDADES muestra que el consumo alguna vez en la vida alcanzó en 2024 el 43,7 % entre personas de 15 a 64 años, máximo de la serie, mientras el consumo en el último año y en los últimos 30 días solo registró un ligero incremento.
En tanto, la reducción de daños obtiene la valoración más alta entre las áreas de actuación, con un 75 %. El documento menciona la ampliación de tratamientos sustitutivos, la naloxona y los espacios supervisados, además de mejoras en indicadores vinculados a la inyección y al VIH. También señala diferencias territoriales en el acceso, barreras normativas y falta de cobertura rural, junto con aumentos en mortalidad por reacción aguda y urgencias hospitalarias.
El propio Ministerio advierte que la ENA 2017–2024 no fijó metas cuantificadas ni indicadores específicos de cumplimiento. Por eso, las puntuaciones fueron construidas posteriormente mediante una valoración integrada de resultados observados, implementación, avances normativos e institucionales y brechas persistentes.
El marco temporal de la evaluación se extiende además hasta 2025, porque la ENA anterior sigue operativa mientras no se apruebe su sustituta y utiliza la información disponible hasta febrero de 2026.
Ese diagnóstico alimenta ahora la elaboración de la ENA 2027–2034, que Sanidad seguía describiendo el 20 de octubre como un trabajo “actualmente en curso”. Hasta que el nuevo documento sea aprobado, la estrategia anterior continúa considerándose vigente. El próximo marco deberá convertir este balance en prioridades, objetivos e indicadores capaces de mostrar con mayor precisión qué cambia y qué queda pendiente.