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Reducir el consumo también puede ser un éxito terapéutico

Un metaanálisis de ensayos clínicos sobre cocaína y metanfetamina plantea que la abstinencia no debería ser la única medida para evaluar un tratamiento. La investigación encontró que reducir sustancialmente la frecuencia de consumo es mucho más frecuente que alcanzar la abstinencia y puede aportar información clínica que se pierde cuando cualquier consumo se interpreta como un fracaso.

Publicado en JAMA Psychiatry, el trabajo reunió los datos de 2.000 personas que habían participado en 12 ensayos clínicos realizados en EE UU entre 2001 y 2011. Siete estudiaban tratamientos para el consumo de cocaína y cinco para el de metanfetamina. Los investigadores volvieron a analizar esos datos para comparar dos formas de medir los resultados.

La primera fue la abstinencia, verificada mediante análisis de orina. La segunda incluyó también a quienes pasaron de consumir estimulantes cinco o más días al mes a hacerlo entre uno y cuatro días. Con este criterio, el 31,2 % de los participantes redujo su consumo al finalizar los ensayos, mientras que el 13,3 % alcanzó la abstinencia.

La diferencia no significa, sin embargo, que los medicamentos ensayados hayan demostrado funcionar. El estudio analizó fármacos como topiramato, bupropión, modafinilo o baclofeno, entre otros, y no encontró diferencias estadísticamente significativas entre el conjunto de tratamientos activos y el placebo, ni para lograr la abstinencia ni para reducir el consumo. Todos los participantes recibieron además terapia cognitivo-conductual.

El debate sobre cómo tratar los consumos problemáticos de estimulantes no es nuevo. Recientemente abordamos la posibilidad de utilizar estimulantes de grado farmacéutico para tratar la dependencia de cocaína, una propuesta que busca reducir los riesgos asociados al mercado ilegal y explorar alternativas terapéuticas bajo supervisión clínica.

Al analizar cada medicamento por separado apareció una señal favorable para la cabergolina en la reducción del consumo de cocaína. Sin embargo, los propios autores advierten que se trata de un resultado exploratorio que necesita ser replicado y que no demuestra la eficacia del medicamento como tratamiento.

Cabe destacar que el interés principal del estudio está en cómo se decide si una intervención ha producido una mejoría. La abstinencia completa ha sido uno de los principales resultados utilizados en los ensayos sobre trastornos por consumo de estimulantes, pero puede dejar fuera cambios relevantes en personas que continúan consumiendo con mucha menor frecuencia.

Ese enfoque conecta de forma directa con la reducción de daños, que no exige necesariamente eliminar todo consumo para considerar que una intervención ha mejorado la salud o disminuido los riesgos. Cáñamo ha explicado este marco como una estrategia que parte de la existencia del consumo y busca reducir sus posibles consecuencias negativas, en lugar de limitar la respuesta a la prohibición o a la abstinencia.

Los autores señalan además que todavía es necesario establecer qué grados de reducción se traducen en mejoras duraderas de salud, funcionamiento y calidad de vida. Por eso, el estudio no propone equiparar reducción y abstinencia, sino medir un continuo más amplio de resultados.

Desde una perspectiva de reducción de daños, la distinción es central: dejar de consumir puede seguir siendo un objetivo para quien lo busca, pero no tiene por qué funcionar como la única diferencia entre éxito y fracaso. Reconocer las mejoras que ocurren antes de la abstinencia puede ayudar a evaluar mejor los tratamientos y, sobre todo, a describir con mayor precisión los procesos reales de las personas.

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