El National Centre for Clinical Research on Emerging Drugs (NCCRED), con sede en la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), ha comenzado a probar IMPACT, una intervención digital de seis semanas destinada a usuarios de metanfetamina y que quieren modificar su consumo.
El programa incluye cinco lecciones basadas en técnicas de terapia cognitivo-conductual y actividades orientadas a gestionar el deseo de consumir, desarrollar estrategias de afrontamiento y mejorar el bienestar. Los participantes pueden avanzar a su propio ritmo y completan cuestionarios antes, durante y después de la intervención.
El alcance del ensayo es todavía limitado, ya que el número de participantes puede llegar hasta 70 personas, todas mayores de 18 años, residentes en Australia y que hayan consumido metanfetamina al menos una vez durante el último mes. El objetivo principal es comprobar la aceptación, seguridad y viabilidad del programa y determinar si existen razones para estudiarlo posteriormente a mayor escala. La finalización del proyecto está prevista para diciembre de 2027.
El ensayo llega en un contexto de elevada demanda de atención. Según el Australian Institute of Health and Welfare, la metanfetamina fue en 2024–25 la segunda sustancia principal por la que las personas recibieron tratamiento especializado por su propio consumo, después del alcohol. Representó el 24 % de los episodios, unos 50.900. Cáñamo ya ha abordado la evolución de la metanfetamina y los cambios observados en su potencia y patrones de consumo, un contexto que ayuda a entender la búsqueda de nuevas herramientas de atención.
Los datos de aguas residuales apuntan en la misma dirección. El último informe de la Australian Criminal Intelligence Commission señala que el consumo de metanfetamina alcanzó los niveles más altos registrados desde el inicio de su programa nacional de vigilancia, en 2016.
La principal promesa de una intervención como IMPACT no consiste, por ahora, en sustituir la atención presencial, sino en reducir algunas de sus barreras. Si los resultados respaldan su viabilidad, herramientas de bajo umbral, voluntarias y accesibles desde casa podrían ampliar las opciones disponibles para quienes desean cambiar su relación con una sustancia. En política de drogas, facilitar el acceso a apoyo y reducción de daños también forma parte de una respuesta de salud pública.