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CBD y THC combinados frenan células de cáncer de ovario

Un estudio publicado en Frontiers in Pharmacology observó que el cannabidiol (CBD) y el delta‑9‑tetrahidrocannabinol (THC), en combinación 1:1, redujeron la viabilidad y la capacidad invasiva de células de cáncer de ovario cultivadas en laboratorio.

El trabajo, encabezado por investigadores de la Universidad de Khon Kaen (Tailandia) junto a colaboradores, describe un efecto relativamente “selectivo” frente a células no tumorales y sugiere que el efecto podría estar ligado a un “circuito de señales” dentro de la célula (PI3K/AKT/mTOR), que funciona como un acelerador del crecimiento.

La relevancia clínica del tema es evidente: en Reino Unido se registran miles de diagnósticos de cáncer de ovario cada año y la mortalidad sigue siendo alta, según estadísticas de Cancer Research UK. El interés por los cannabinoides en oncología crece, pero la mayor parte de la evidencia disponible sigue siendo preclínica y no existe un consenso terapéutico.

En los ensayos, el equipo comparó CBD, THC y la mezcla CBD:THC en dos líneas tumorales (SKOV3 y A2780) y en una línea no tumoral (IOSE80). A las 48 horas, la combinación mostró mayor citotoxicidad que cada cannabinoide por separado y los autores reportan un comportamiento sinérgico en el rango de concentraciones probado. También observaron menor migración e invasión celular, un punto sensible en un cáncer que suele diagnosticarse tarde y con diseminación.

El artículo propone que parte del efecto se relaciona con la inhibición de PI3K/AKT/mTOR, una vía frecuentemente hiperactivada en distintos tumores. En sus mediciones, la mezcla redujo marcadores de activación de PI3K, AKT y mTOR y se asoció a freno del ciclo celular y aumento de apoptosis. Además, señalan indicios de recuperación de señales vinculadas a PTEN, un supresor tumoral que suele perderse o quedar inactivo.

Aun así, la advertencia es central, ya que se trata de resultados in vitro. Entre una placa de cultivo y un medicamento hay preguntas sobre dosis, formulación, metabolismo, seguridad y eficacia real que deben quedar zanjadas. Por lo mismo, nada de esto autoriza a sustituir tratamientos oncológicos ni a automedicarse con cannabis.

En tiempos de promesas fáciles, este estudio aporta algo menos espectacular y más valioso: un punto de partida verificable para investigar, con método, si ciertos cannabinoides pueden tener un lugar en las terapias combinadas.

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