El operativo se realizó con intervenciones simultáneas con 50 registros concentrados en Bélgica, Alemania, Países Bajos y Polonia. Se realizaron 19 detenciones en Polonia y uno en Alemania. En el marco de esta coordinación internacional, España participó a través de la Policía Nacional, principalmente en el intercambio de información y el apoyo a la cooperación operativa entre países.
La red trabajaba con químicos habituales en sectores como el farmacéutico, importados desde China e India. Una vez en Europa y en volúmenes descritos como “excepcionalmente elevados”, el material era reenvasado y reetiquetado para redistribuirse hacia plantas de producción ilícitas. En Polonia operaban empresas formalmente constituidas que facilitaban la importación y circulación de esos productos, mientras una dirección central coordinaba grupos conectados en varios países.
Las incautaciones de precursores permitirían, según estimaciones oficiales, producir más de 300 toneladas de drogas sintéticas y se decomisaron 982 litros de sustancias (incluidas 4‑CMC, catinonas, MDMA y “aceite de anfetamina”), unos 500.000 euros en efectivo y activos inmobiliarios valorados en torno a 2,5 millones. En los registros también apareció un cultivo activo de cannabis con más de 2.000 plantas.
Queda, además, la huella tóxica. Durante el operativo se incautaron más de 120.000 litros de desechos químicos asociados a la fabricación clandestina. Andy Kraag, del Centro Europeo contra la Delincuencia Organizada Grave de Europol, advirtió que estos desechos convierten el beneficio criminal en contaminación para el entorno.
Si bien la operación apunta a cortar el flujo de precursores y desactivar la infraestructura industrial, siempre surgen nuevas vías. Por eso, sin reducción de daños, información pública y respuestas sanitarias que acompañen, la presión policial rara vez elimina la demanda, solo la desplaza y la vuelve más impredecible y riesgosa.