Según la convocatoria oficial de la IARC, el Volumen 143 de sus Monografías estará dedicado al cannabis fumado y su Grupo de Trabajo se reunirá en Lyon, Francia, entre el 3 y el 10 de noviembre de 2026. Hasta el 10 de octubre, la agencia pide a investigadores y entidades interesadas que remitan referencias de estudios pertinentes para que puedan ser consideradas en la revisión.
La recepción comprende estudios epidemiológicos, bioensayos de cáncer y evidencia mecanística u otros antecedentes relevantes. La IARC señala que los trabajos deben estar publicados o aceptados para publicación en literatura científica públicamente disponible. La convocatoria coincide con un momento en que un ensayo suizo registró menos consumo de cannabis fumado con la venta en farmacias, aunque ese resultado no forma parte de la evaluación oncológica en curso.
Las Monografías de la IARC identifican peligros carcinogénicos. Es decir, examinan si un agente puede causar cáncer en determinadas circunstancias, niveles de exposición o vías de administración. No calculan la probabilidad de que una persona enferme según su patrón de consumo, el tiempo de exposición o la presencia de otros factores. Por eso, una clasificación futura no equivaldría por sí sola a una estimación de riesgo individual ni dictaría automáticamente una respuesta regulatoria.
El informe que priorizó el tema para el período 2025–2029 señala que el cannabis fumado nunca había sido evaluado por el programa de Monografías. Allí se recogen antecedentes sobre asociaciones estudiadas en humanos, evidencia mecanística y limitaciones de la literatura disponible. La reunión de noviembre será la instancia en que especialistas independientes revisen ese conjunto de trabajos con el método de la agencia.
El foco específico en el humo no permite extender una eventual conclusión a todas las vías de uso. La comparación entre vaporizador y porro ayuda a entender por qué la combustión y otras formas de administración no suponen exposiciones idénticas, aunque no reemplaza una evaluación sobre carcinogenicidad.
La distinción ayuda también a ordenar la conversación pública sobre cannabis y salud. Hablar de una evaluación del humo no autoriza a convertirla en una afirmación general sobre la planta ni, a la inversa, a borrar los posibles daños asociados a la combustión.