El anuncio no supone un cambio inmediato de reglas, sino investigación aplicada en un terreno regulatorio donde cualquier ingrediente que toque la cadena alimentaria exige evidencia, límites y controles. En un momento de presión global por el uso rutinario de antimicrobianos en ganadería, el ensayo intenta responder con datos a una pregunta que suele resolverse a golpe de prejuicios: qué se puede autorizar, cómo y bajo qué condiciones.
El sitio especializado HempToday informó que el plan busca desarrollar la formulación y evaluar su desempeño en el sector avícola. La agencia Anadolu, citando un comunicado de ANRAC, enmarca el proyecto como un paso hacia “protocolos claros” para integrar una “molécula derivada del cannabis” en los piensos, si los resultados lo respaldan. Es decir, la ciencia como antesala del permiso.
Sin embargo, no hay, al menos en público, umbrales propuestos sobre residuos de THC u otros cannabinoides en carne o huevos, ni un esquema detallado de trazabilidad y fiscalización para un eventual salto comercial. En alimentos, el principio de precaución no es retórica: es la frontera de la confianza.
El contexto también es importante, más aún considerando que Marruecos realizó reformas en este tema en 2021 y las activó en 2022 para habilitar cannabis no recreativo bajo control estatal, con ANRAC como autoridad de licencias. La apuesta es reconvertir regiones históricamente asociadas al cultivo –como el Rif– hacia un circuito regulado con autorizaciones emitidas e integrar derivados del cáñamo en alimento animal sería, por lo tanto, un nuevo examen para este país con respecto al cannabis .
A nivel internacional podemos señalar que en Estados Unidos, AAFCO adoptó en 2024 una definición de ingrediente para harina de semilla de cáñamo destinada a gallinas ponedoras y algunos estados habilitaron su uso bajo condiciones específicas; en la Unión Europea, el panorama sigue sin un carril uniforme para autorizar subproductos del cáñamo como alimento animal.
Si Marruecos logra convertir el ensayo en estándares verificables –residuos, controles, etiquetado y trazabilidad– podría abrir una salida para subproductos y aportar al debate sobre antibióticos. Si no, el riesgo es el de siempre: que el salto del laboratorio al plato confunda cáñamo y cannabis y erosione la credibilidad del mercado legal.