Pasar al contenido principal

Pueblos indígenas cuestionan cómo el boom psicodélico usa sus saberes

El sociólogo e historiador mazateco Osiris García Cerqueda cuestionó la forma en que parte del movimiento psicodélico convierte conocimientos indígenas diversos en una única “sabiduría ancestral”. Su reflexión apunta a las relaciones de poder que aparecen cuando plantas, ceremonias y conocimientos salen de sus territorios y entran en circuitos científicos, espirituales y comerciales.

En Oaxaca, los hongos con psilocibina llevan décadas funcionando como una puerta de entrada para viajeros, investigadores y buscadores espirituales. Esa atención internacional, sostiene el sociólogo e historiador mazateco Osiris García Cerqueda, terminó por reducir una biocultura compleja a una sustancia y a una historia de descubrimiento narrada desde fuera.

García Cerqueda, originario de Huautla de Jiménez, en Oaxaca, y coordinador de la Indigenous Reciprocity Initiative de Chacruna, desarrolla esa crítica en un ensayo publicado por MAPS Bulletin y reproducido después por Chacruna. Su argumento apunta a una zona poco examinada del auge psicodélico: mientras crecen la investigación clínica, los negocios y las expectativas terapéuticas, también se multiplican discursos que presentan a los pueblos indígenas como depositarios de una sabiduría capaz de orientar o incluso sanar al mundo occidental.

El autor cuestiona esa imagen porque, a su juicio, puede dejar fuera problemas más inmediatos. Habla de alimentación, vivienda, territorio y continuidad cultural, y recuerda que muchas comunidades no organizan su vida en función del llamado “movimiento psicodélico”. La reciprocidad, por tanto, no consistiría simplemente en reconocer el origen indígena de determinados saberes o financiar proyectos, sino en permitir que cada comunidad defina sus prioridades y en examinar quién obtiene autoridad, prestigio y beneficios cuando esas prácticas circulan fuera de sus territorios.

La experiencia Yawanawá de Acre, en Brasil, muestra que esas relaciones tampoco responden a una sola lógica. La antropóloga Lígia Duque Platero ha estudiado alianzas construidas desde la década de 1990 alrededor de ceremonias con ayahuasca, turismo chamánico y vínculos con personas no indígenas. En esos intercambios aparecen dimensiones rituales, familiares, políticas y económicas que han convivido con procesos de revitalización cultural.

La antropóloga también  recoge preocupaciones de dirigentes indígenas frente a personas que aprenden ceremonias, utilizan nombres, vestimentas o conocimientos y luego obtienen beneficios fuera de los territorios sin consentimiento ni un reparto adecuado. La tensión conecta con discusiones sobre quién participa de este campo y quién queda representado dentro de él, donde también han surgido demandas de mayor presencia latinoamericana e indígena.

Las experiencias de Huautla y Acre muestran que la crítica al boom psicodélico no nace de una sola voz ni de una única tradición. En ambos casos, el cuestionamiento apunta a cómo circulan los saberes indígenas, quién decide sobre ellos y qué ocurre cuando adquieren valor espiritual, científico o económico fuera de sus territorios.

Suscríbete a Cáñamo