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Un ensayo compara los efectos de la psilocina y psilocibina en humanos

Un ensayo realizado con 20 adultos sanos comparó la administración oral de psilocina y psilocibina, además de distintas dosis de psilocina sublingual. Los resultados sugieren que las dos primeras produjeron experiencias subjetivas parecidas, mientras que la psilocina oral presentó una menor carga de efectos adversos.

Un ensayo compara los efectos de la psilocina y psilocibina en humanos

Un equipo de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), publicó en Journal of Psychopharmacology un ensayo aleatorizado y cruzado que comparó psilocibina oral, psilocina oral y distintas dosis de psilocina sublingual. Participaron 20 personas adultas sanas, diez hombres y diez mujeres, que recibieron las formulaciones en sesiones separadas. Los participantes tenían experiencia psicodélica previa y habían sido seleccionados también por presentar determinados niveles de desconexión social. El objetivo era observar efectos fisiológicos y psicológicos agudos, no comprobar la utilidad de los compuestos para tratar una enfermedad.

La diferencia importa porque la psilocibina se transforma en psilocina después de ser ingerida. Administrar directamente el compuesto activo permite estudiar si ese paso metabólico modifica la experiencia, la duración de los efectos o su tolerabilidad. En este ensayo, 17,5 miligramos de psilocina oral produjeron un perfil temporal y subjetivo parecido al observado con 25 miligramos de psilocibina.

Los investigadores encontraron además una menor carga de efectos adversos con la formulación oral de psilocina. Su conclusión es deliberadamente acotada: esta vía puede ofrecer una ventaja de tolerabilidad y merece seguir estudiándose. No significa que sea más eficaz ni que produzca mejores resultados terapéuticos. La investigación tampoco permite trasladar sus resultados a personas con depresión, aunque la psilocibina sí ha sido investigada previamente en ese ámbito.

La vía sublingual ofreció otra pieza del puzle. Fue bien tolerada, pero alcanzó aparentemente una exposición menor al compuesto, por lo que los autores consideran que no puede compararse en igualdad de condiciones con las formulaciones orales. Ese límite reduce por ahora las conclusiones posibles sobre cuál sería la mejor forma de administrar psilocina.

El trabajo retoma además una línea de investigación con pocos antecedentes modernos. Entre las referencias figura un estudio de 1962 que comparó psilocina con psilocibina, mescalina y LSD. Desde entonces, buena parte de la investigación psicodélica se ha concentrado en la psilocibina y en otros compuestos relacionados presentes en hongos psilocíbicos.

El ensayo también exige leer sus resultados teniendo en cuenta los vínculos con la industria. Dos de los autores están afiliados a Filament Health, una empresa canadiense con sede en Burnaby, Columbia Británica, que suministró los compuestos utilizados en el estudio. La posible ventaja de tolerabilidad observada deberá confirmarse en muestras mayores e independientes.

Después de décadas de protagonismo casi exclusivo de la psilocibina, estudiar directamente la psilocina amplía las opciones que pueden compararse. Por ahora, el hallazgo no es una nueva terapia contra la depresión, sino una señal preliminar de que distintas formulaciones de una misma familia de compuestos pueden producir perfiles de tolerabilidad diferentes.

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