Los PFAS, sustancias per y polifluoroalquiladas, preocupan por su persistencia –se degradan mal, se desplazan con el agua y pueden permanecer durante décadas– y por su vínculo histórico con actividades industriales y áreas logísticas. La Comisión Europea ha advertido del impacto económico del problema y, si la contaminación continúa sin medidas suficientes, el coste social agregado en la UE podría rondar los 440.000 millones de euros hasta 2050.
El ensayo de Gante apuesta por tratar el suelo fuera de la zona contaminada. El suelo se excava y se traslada a un invernadero de unos 100 m², donde se tratan alrededor de 100 m³ de material. Allí, el cáñamo crece con riego, temperatura e iluminación regulados y con sensores que siguen variables como la humedad del suelo y el CO₂.
El núcleo del diseño es un “sistema cerrado”. El agua –recolectada de lluvia– se capta y se reutiliza dentro del circuito para minimizar fugas. La salida principal es la biomasa cosechada, que es retirada para una eliminación gestionada por la presencia de contaminantes. Para impulsar el proceso, se añaden aditivos orientados a ligar o movilizar PFAS, estimular la actividad microbiana y mejorar la estructura del suelo. El invernadero se divide en dos compartimentos idénticos pero independientes, con el objetivo de comparar condiciones de tratamiento y resultados.
La idea de usar cáñamo para suelos con PFAS no es completamente nueva en Bélgica. En 2024, investigadores de la Universidad de Gante ensayaron el cultivo en Lillo, un área portuaria vinculada a Amberes, dentro de una iniciativa local que proyectaba recuperar el terreno y levantar una nueva estación de bomberos. También está el caso de la multinacional 3M que cultivó cáñamo en un emplazamiento de Amberes para reducir PFAS en la capa superior del suelo y ayudar a purificar aguas subterráneas.
La promesa –y el límite– de la fitorremediación se juega en el control, pero obliga a responder cuál es el destino que tendrá la biomasa, cómo se evita el paso a cadenas tróficas y con qué métricas se declara “limpio” un suelo donde la mezcla de PFAS varía caso a caso. El piloto de Gante, con su circuito cerrado, apunta a esa pregunta ya que descontaminar no puede equivaler a trasladar el riesgo a otro territorio.
Jo Brouns, Ministro flamenco de Agricultura y Medio Ambiente.