Países Bajos puso en marcha la fase experimental de su cadena regulada de cannabis el 7 de abril de 2025. El objetivo es comprobar si es viable controlar la producción, distribución y venta de cannabis destinado a los coffeeshops y observar sus efectos sobre salud pública, seguridad y criminalidad. Hasta entonces, la venta minorista podía ser tolerada bajo condiciones estrictas, mientras el cultivo comercial y el abastecimiento seguían fuera de ese marco.
La primera medición de seguimiento, publicada el 9 de septiembre por el Instituto Trimbos y el WODC, compara los diez municipios participantes con otros diez municipios de referencia. Los datos se recogieron principalmente entre septiembre de 2025 y marzo de 2026, por lo que los propios investigadores insisten en que los resultados son todavía preliminares.
Uno de los primeros cambios observados fue la ampliación de la oferta en los coffeeshops participantes, que incorporaron más variedades de hierba, hachís y porros preliados, además de comestibles, productos para vapear y concentrados. La hierba también mostró una caída de precio mayor que en los municipios de comparación, especialmente la producida en Países Bajos. En cambio el hachís aumentó su precio en las ciudades participantes, en un periodo marcado todavía por problemas de disponibilidad y variedad.
El comportamiento de las personas consumidoras, en cambio, apenas varió en los principales indicadores. No se detectaron diferencias claras en la frecuencia de visita a los coffeeshops, los días de consumo al mes o el número de porros consumidos por jornada. Sí aumentó la cantidad media comprada por transacción y mejoró la valoración de su relación calidad-precio, pero el estudio no permite establecer todavía qué significado tendrán esos cambios a largo plazo.
Tampoco aparecen por ahora efectos concluyentes sobre salud, bienestar, consumo problemático, seguridad o convivencia. El mercado no regulado continúa activo y quienes compran fuera de los coffeeshops mencionan, entre otros motivos, precios más bajos, la posibilidad de adquirir mayores cantidades y determinadas preferencias de producto.
El experimento de cadena cerrada introduce además trazabilidad desde el cultivo hasta la venta y una supervisión directa de la calidad del producto. Los actores entrevistados describen una cadena más transparente, aunque el sistema tuvo dificultades técnicas y operativas durante su puesta en marcha.
Esta es solo la primera de cuatro mediciones anuales. La evaluación completa llegará en 2028 y el Gobierno neerlandés prevé decidir en 2029 qué hacer con el modelo. Por ahora, los datos permiten observar cambios en oferta, precios y funcionamiento de la cadena, pero no sostienen todavía conclusiones generales sobre sus efectos sociales o sanitarios.