La revisión publicada en Echocardiography analizó datos de 1.906 deportistas, el 95 % hombres. Entre sus autores figura Matheus de Medeiros Fernandes, de la Universidad Estatal de Rio Grande do Norte, junto con investigadores de otras instituciones brasileñas.
El análisis se apoyó en ecocardiografías, exámenes que utilizan ultrasonidos para observar el corazón en movimiento y evaluar su capacidad de bombeo. Permiten examinar sus cavidades, paredes y válvulas. Los resultados requieren interpretación clínica, porque una anomalía puede tener distintos significados. Por eso, las diferencias identificadas se refieren tanto a la forma del órgano como a su funcionamiento, y no simplemente a la apariencia física de quienes entrenan.
Entre las personas usuarias, los investigadores encontraron mayor masa del ventrículo izquierdo y una menor proporción de sangre expulsada con cada latido. Es decir, un corazón con más masa no necesariamente bombea mejor. El resultado permite distinguir la ganancia muscular buscada en el gimnasio de lo que ocurre en el músculo cardíaco.
Algunas diferencias fueron mayores con más de seis años de consumo, pero la duración no se relacionó con todos los indicadores. Las comparaciones observacionales tampoco demuestran causalidad ni cómo progresa el daño individual. La escasa representación femenina limita las conclusiones sobre mujeres. Los resultados describen diferencias entre grupos, no un pronóstico para cada persona que utiliza estas sustancias.
Los esteroides anabólicos son sustancias derivadas de la testosterona y tienen aplicaciones médicas específicas, pero también se utilizan para aumentar músculo o rendimiento. MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE UU, vincula su uso inadecuado con hipertensión, alteraciones del colesterol, problemas cardíacos, infertilidad y cambios de humor. Además, pueden generar dependencia. Que existan tratamientos que emplean estos fármacos no permite atribuir la misma seguridad a su consumo con fines estéticos sin indicación médica.
Desde una perspectiva de reducción de riesgos, estos resultados aportan información para abordar el consumo sin reducirlo a un juicio sobre el cuerpo. Comprender qué sustancias se utilizan y con qué objetivos permite una conversación sanitaria más precisa que tratar cualquier búsqueda de masa muscular como un problema o presentar todos los usos como equivalentes.
La ganancia muscular es el efecto que se busca, pero no basta para evaluar las consecuencias del consumo. Las diferencias cardíacas identificadas por la revisión brasileña muestran que aumentar la masa de un músculo y preservar su funcionamiento son cuestiones distintas. Aunque falta conocer mejor cómo evolucionan esas alteraciones, la evaluación de los anabolizantes necesita considerar ambas dimensiones.