Pasar al contenido principal

Brasil, Chile y Colombia registran nuevas señales de drogas sintéticas

Datos de Brasil, Chile y Colombia muestran nuevas señales relacionadas con la ketamina, el tusi y los opioides sintéticos en mercados históricamente dominados por otras sustancias. Los registros apuntan a cambios que requieren mejores sistemas de vigilancia, análisis de sustancias y respuestas de reducción de daños.

Una perspectiva publicada en Harm Reduction Journal reunió encuestas de consumo, incautaciones, análisis forenses, sistemas de alerta y estudios de aguas residuales de Brasil, Chile y Colombia. Sus autores identifican movimientos convergentes alrededor de la ketamina, el tusi y algunos opioides sintéticos, aunque advierten que trabajan con datos heterogéneos, preliminares y sin una medición comparable para toda la región.

Esa diversidad metodológica impide sumar los resultados como si pertenecieran a una sola estadística. Una incautación depende también de la actividad policial, una encuesta recoge consumos declarados y las aguas residuales ofrecen información sobre un territorio en un periodo determinado. En conjunto, estos indicadores funcionan como señales tempranas, pero no demuestran que las drogas sintéticas estén reemplazando de forma generalizada a la cocaína, el cannabis u otras sustancias.

En Chile, la Encuesta Nacional en Población General de SENDA registró que el consumo de opioides sin prescripción alguna vez en la vida pasó del 0,4 % en 2002 al 1,5 % en 2022. La cifra no distingue sustancias sintéticas ni mide su disponibilidad. Un estudio centinela de aguas residuales también detectó ketamina en Concepción entre 2022 y 2024, un resultado local que no representa por sí solo al país.

El panorama brasileño tampoco describe un ascenso lineal. El informe de drogas sintéticas de la Policía Federal contabilizó 533 identificaciones en 2024, frente a 965 en 2023, aunque aumentaron las detecciones de opioides sintéticos y nitazenos. En Colombia, el Observatorio de Drogas documentó hallazgos puntuales de fentanilo y sus análogos, pero señaló que su presencia en la oferta ilícita sigue siendo reducida. Una alerta de 2022 sobre β-hidroxitiofentanilo correspondió a una sola muestra y no demuestra una circulación amplia.

Los resultados invitan a precisar el alcance de las advertencias sobre un posible punto de inflexión del fentanilo en América Latina. Detectar una sustancia no permite establecer por sí mismo su prevalencia, y los datos disponibles siguen mostrando diferencias importantes entre países, ciudades y fuentes de información.

Otra señal compartida es el tusi, nombre utilizado para mezclas de composición variable que suelen contener ketamina, MDMA y otras sustancias. No debe identificarse con el 2C-B, una molécula específica que puede estar ausente de los productos vendidos bajo esa denominación. La variabilidad, observada también en otros mercados de tusi, dificulta anticipar dosis, interacciones y efectos, especialmente donde no existen servicios accesibles de análisis de sustancias.

Los autores recomiendan reforzar los sistemas de alerta temprana, el monitoreo toxicológico y de aguas residuales (una herramienta utilizada para detectar opioides sintéticos en otros países), la capacitación ante sobredosis y el acceso a naloxona. La prioridad no es anunciar una crisis continental con datos todavía fragmentarios, sino producir información comparable y responder a composiciones cambiantes sin restringir el acceso médico a opioides esenciales.

Suscríbete a Cáñamo