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Sasha

El último trócolo

Alexander Shulgin, “Sasha”, es, en mi inmodesta opinión, la personalidad más sabia, radical e influyente en la historia de las drogas. Por eso toca recordarle. 

Hola. Junio, para mí, es el mes de Alexander Shulgin, “Sasha”, para sus amigos, que eran muchos. ¡Como para no serlo! Me acompañará hasta la tumba la pena de no haberle conocido ni haberle podido dar las gracias in person. Pese al renombre y el reconocimiento que tienen otros, como Hofmann, Shulgin es, en mi inmodesta opinión, la personalidad más sabia, radical e influyente en la historia de las drogas. Por eso toca recordarle. 

Digo que es su mes, porque Alexander Theodore Shulgin, aunque de ancestros rusos, tuvo la suerte de nacer en Berkeley, California, tierra de librepensadores, en junio de 1925, y murió también en California y también en el mes de junio, en la localidad de Lafayette, hace ahora diez años. 

El superdotado Sasha, miembro activo del club Mensa de San Francisco, fue un auténtico mago de moléculas, radicales y alcaloides. El momento decisivo de su vida aconteció a finales de los años cincuenta, tras ingerir 400 mg de mescalina. No es nada nuevo, a muchos, generación tras generación, cultura tras cultura, nos ha sucedido. El primer gran pedo de cualquiera de nosotros es absolutamente irrelevante para el devenir del género humano, no así aquel pedazo de ciego que se pilló Sasha. Como cualquiera de nosotros, Sasha se sintió sobrecogido a la par que maravillado al sentir la expansión de su conciencia hacia límites infinitos. A diferencia de cualquiera de nosotros, Sasha decidió dedicar todo lo que le quedara de vida a entender y explicar aquello. Y, además, lo hizo. Lo primero que tuvo claro, como cualquiera de nosotros, es que aquella explosión de entendimiento, aquel acceso instantáneo al universo interconectado, aquella iluminación portentosa, aquella risa cósmica, no estaba en la sustancia ingerida, sino en el interior de su cerebro; pero también supo, sin lugar a dudas, que, de algún modo, aquella sustancia permitía abrir las puertas que ocultaban tamaña magnificencia. 

Siendo un supertalento natural para la química orgánica, Shulgin pronto patentó un exitoso pesticida para la compañía que le había contratado. Gracias a eso y a que un buen amigo era un preboste de la DEA, pudo Sasha trabajar con libertad en su laboratorio durante décadas y manejar drogas incluidas en la penosa Lista I de sustancias prohibidas incluso para experimentación científica, asesorando a la DEA. Sustancias prohibidas como la mescalina, un alcaloide presente en los cactus de la clase Lophophora, especialmente el williamsii, y en los de la clase Echinopsis, especialmente el pachanoi. Esta es la fórmula de la mescalina: C11H17NO3. Se trata de una feniletilamina, de hecho, es la feniletilamina arquetípica. La de las feniletilaminas es una familia química amplia y maravillosa, que el hechicero Shulgin se encargó de conocer, desvelar y entregar al mundo: moviendo grupos metilos, fenilos, hidroxilos o metoxilos, trasteando con los carbonos, sustituyendo e incorporando anillos bencénicos, haciendo desaparecer y aparecer átomos de nitrógeno, de bromo, de azufre o de selenio; imaginando, descubriendo, redescubriendo y creando nuevas sustancias. Feniletilaminas, en concreto, ciento setenta y nueve, de la MDMA al DOB, pasando por una larga lista de golosinas como el 2CB, el 2CI, el 2C-T-7 y todo tipo de rarezas psicoactivas y maravillas psiquedélicas, como TOMSO, GANESHA o el MDE. 

Para explicarnos todo ello se autoeditó PIHKAL (‘Feniletilaminas que he conocido y amado’, por sus siglas inglesas), un tomaco de mil páginas de apretadísima letra, un compendio práctico de cómo realizar la síntesis química de esas ciento setenta y nueve sustancias y muchos de sus homólogos y análogos, así como los efectos de cada una, rigurosamente clasificados por dosis y comprobados por el propio Sasha, su señora y un selecto y pionero grupo de científicos toxicómanos. Un libro extraordinario y emocionante, asombroso y edificante. Una biblia y un tesoro. Lo mismo que su continuación, TIHKAL (‘Triptaminas que he conocido y amado’), un glorioso mamotreto en el que describe y detalla todo lo concerniente a la familia de las triptaminas, explicando la síntesis química y los efectos de otras cincuenta y cinco sustancias mágicas, con manjares como la DMT, la alfa-etil-T, el 5-MeO-DMT, el 5-MeO-DIPT y la DET. Todo lo dicho para PIHKAL vale para TIHKAL: otro impagable obsequio para la humanidad. 

En el 2008, a Sasha le dio un ictus, pero aguantó, tranquilo y rodeado por su gente, hasta el 2014. El hombre que más cantidad y variedad de sustancias psicoactivas ha consumido en la historia de nuestra especie, murió a dos semanas de cumplir ochenta y nueve años. Sabio y feliz. Qué majo el Sasha: honrémosle degustando alguna de las ambrosías que nos regaló. Adiós. 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #318

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