Hongos
Ilustración: Oscar Noguera

El hongo

Oswaldo Pérez Cabrera
Este artículo se publicó originalmente en el número 273 de la revista Cáñamo España

Después de una terrible y traumática ruptura amorosa de esas que dejan un hueco en la caja torácica y un legado de ansiedad que sientes como si tuvieras un yunque en el pecho, fue que empecé con las microdosis de hongos. La verdad es que es difícil saber qué tanto me ayudaron a sobreponerme de los ataques de ansiedad, pero es verdad que mejoré. 

De esta especie de hongos, Psilocybe cubensis, existe una gran variedad de cepas. Si bien todas comparten su magia, hay variaciones que se manifiestan principalmente en sus efectos a nivel visual, de creatividad, filosóficos y de intensidad. Por ejemplo, algunos son más visuales, como Moby Dick o Albino, y otros producen efectos más filosóficos, como Golden Teacher. Para un viaje se recomienda una dosis de un gramo para los principiantes o los usuarios esporádicos; esto será suficiente para un viaje de unas cuatro horas. Ahora bien, si se quiere tener una experiencia más fuerte, se pueden comer más. 

Estos hongos contienen de manera natural dos alcaloides psicoactivos: la psilocibina y la psilocina. Estos compuestos químicos no solo están presentes en los Psilocybes, sino también en los Panaeolus, los Copelandia y también en las trufas mágicas. 

Las microdosis se han puesto de moda entre los psiconautas en los últimos años, tanto con hongos como con LSD. Una microdosis de hongos de la variedad más común, Psilocybe cubensis, estaría entre 0,1 y 0,5 g de hongo seco, que sería entre 1/10 y 1/20 de una dosis alucinógena, lo que quiere decir que no sufriremos los efectos alucinógenos pero sí nos da la ventaja de bajar los niveles de ansiedad. Algunos usuarios indican que las microdosis de hongos también podrían servir para aumentar la creatividad, reducir las migrañas y las cefaleas en racimo, aliviar la depresión leve y el dolor y mejorar la capacidad de atención. La investigación sobre microdosificación está en sus inicios. 

Pero ¿qué hay con la legalidad? Hace ya veinte años que me metí mis primeros viajes de hongos. La gente iba a los bosques a buscarlos y se vendían en el mercado negro, generalmente con nuestro dealer de mota. En cambio, hoy en día, en Vancouver existen varios servicios a domicilio que uno puede ordenar en línea en diferentes presentaciones, desde el hongo seco hasta chocolates. Los precios varían de los cinco a los diez dólares el gramo. Esto no quiere decir que sean legales: su posesión está prohibida y puede conllevar penas de algunos meses de cárcel o hasta mil dólares de multa, aunque no se persigue realmente. 

Mientras tanto, en Oregón ya se han juntado las firmas suficientes para que una iniciativa llegue a las boletas en noviembre; ahora solo falta validar las firmas. La Oregon Psilocybin Therapy Initiative, o Initiative Petition #34, ha juntado 164.782 firmas. Si llega a pasar, no significa que habrá setas por doquier, sino que se podrán utilizar los hongos mágicos como herramientas terapéuticas y, sobre todo, hacer estudios científicos serios acerca de su efectividad para combatir trastornos mentales como los mencionados anteriormente. 

En Denver se pasó una ordenanza que descriminaliza la posesión de los hongos alucinógenos el pasado mes de mayo, pidiendo a la policía que lo considerara como una prioridad menor y que no se gastaran recursos en perseguir a sus usuarios. En Oakland, California, se pasó una resolución parecida un mes después. 

Los hongos alucinógenos están prohibidos a nivel federal en Estados Unidos como un narcótico de tipo 1, al que la DEA no ve como una opción medicinal pero sí como una droga peligrosa. Se calcula que unos veinte millones de estadounidenses consumen setas, que comparados con los usuarios de cannabis no es nada, apenas un uno por ciento de la población. Pero si se llegan a demostrar sus cualidades medicinales, su uso podría dispararse. 

El que escribe estas letras hizo una encuesta informal en las redes sociales y quedo sorprendido por la cantidad de amistades que han estado microdoseando para curar su estrés postraumático y sus ansiedades y depresiones, sobre todo en Vancouver, que es una ciudad que produce mucha soledad y tristeza. Todos los que se han automedicado, generalmente por dos semanas, me han referido que se han sentido mejor. 

En el 2006, Roland R. Griffiths –director del Centro de Investigación de la Psicodelia y Conciencia en la Universidad de Medicina John Hopkins– hizo un estudio que publicó en un diario de psicofarmacología, en el cual reportó que los usuarios tuvieron felicidad extrema y alegría con elevaciones en sus percepciones de actitudes positivas, humor, efectos sociales y comportamiento, incluso dos meses después de consumirlos. Los voluntarios de este estudio y mis amigos han reportado también aumentos en su misticismo y estados de conciencia. 

A mí me han ayudado a seguir en este viaje de la vida en el que el pasado es solo un recuerdo y el futuro es siempre incierto. Disfrutar el presente es lo que nos queda.