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‘White submarine’

Gabriel Miró

Abogado

White submarine
Ilustración: Óscar Noguera
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El caso de este mes no trata de cannabis y sus derivados, sino de cocaína; y no tiene que ver con horticultura, sino con una operación de gran envergadura mediante la utilización de un submarino. Sí, un submarino. Los hechos ocurrieron en las costas de Vigo el año 2006. La idea era dar un paso al frente, innovar y no quedarse rezagado en un mundo cada vez más competitivo.

Había mucho nerviosismo al otro lado del Atlántico. Los colombianos y mexicanos estaban perdiendo la confianza en sus antiguos socios preferentes, que tantas alegrías les habían dado gracias a su habilidad para hacer de las rías gallegas la vía de entrada de la cocaína en Europa. Ellos cambiarían las cosas, sí, lo harían, y gracias a una idea brillante: usar un submarino para transportar la sustancia desde el buque nodriza hasta la costa, de modo que no serían vistos y podrían descargar con total tranquilidad. ¿Pero dónde conseguir un submarino? ¿Difícil verdad? Pues sin problema, lo construirían ellos mismos. Sí, uno de ellos, experto en náutica, dio pruebas de que sabía lo que se hacía, así que sus entusiastas colegas financiaron la operación. Iban a ser pioneros, nunca antes se había hecho en España. Innovación y desarrollo, el futuro en sus manos. A los pocos meses, el sumergible estaba construido y listo para hacer las primeras pruebas. El éxito parecía inminente. Enorme capacidad de carga y autonomía de miles de litros de gasoil. Al ver que las cosas iban en serio, el grupo en Galicia decidió adquirir un velero que acompañaría a una prudente distancia al submarino para darle apoyo en caso necesario. Todo estaba listo. Se habló con la gente de Sudamérica y se fijaron las coordenadas del encuentro entre los dos buques. Sin embargo, a la hora de zarpar se dieron problemas mecánicos en el sumergible y se tuvo que cancelar la operación. Los colombianos se volvieron a poner nerviosos, pero se les calmó y prometió que estaría listo en pocos días. Y así fue, o al menos creían ellos. Se volvió a botar el submarino, se hicieron pruebas y todo estaba perfecto. Salió el buque nodriza desde Colombia y salió el yate desde Galicia. También tenía que zarpar el submarino. Pero algo no fue bien. El piloto del sumergible se lo pensó dos veces, no se sintió seguro de recorrer cientos de millas náuticas en un submarino casero y se echó atrás. Abandonó el artefacto y huyó. El submarino se encontró horas después en la Ría de Vigo, con los motores encendidos y con 4.650 litros de gasoil en su interior. Pero este abandono les salvó el pellejo. Estaban totalmente vigilados por la Guardia Civil desde hacía días. Seguro que para la benemérita fue una enorme frustración. Si todo hubiera ido bien habrían decomisado kilos y kilos de cocaína y les hubieran llenado de medallas. Las felicitaciones y los grandes titulares se desvanecían en sus sufridos cerebros: gran golpe al narcotráfico internacional. Pero nada de eso ocurrió. Esperaban estar enfrentándose a una peligrosísima y eficaz organización criminal y, en cambio, se trataba de unos valientes visionarios que querían enriquecerse de por vida gracias a la guerra contra las drogas. Frustrada la operación, los agentes fueron a por los despojos. Les detuvieron a todos y les procesaron, pero Fiscalía no pudo acusar por un delito consumado, ni siquiera por tentativa, ya que no había droga. Así que se tuvo que conformar con acusarles de conspiración para cometer un delito contra la salud pública. Eso sí, pidió condena con agravante de notoria importancia, organización criminal y uso de buque. La Audiencia Provincial de Pontevedra condenó por conspiración, pero únicamente con la agravante de notoria importancia. A pesar de que no existía decomiso de sustancia alguna, se entendía que la cantidad que se preveía importar era superior a 750 g. El Ministerio Fiscal recurrió al Tribunal Supremo, como lo hicieron las defensas, y este Tribunal estimó únicamente el recurso del fiscal, y condenó a los acusados a penas de entre dos años y tres meses a tres años y nueve meses, considerando que sí existía organización criminal y que el uso de submarino es equiparable al uso de buque. En cualquier caso, tuvieron mucha suerte de que el piloto del sumergible decidiera abortar la operación, si no lo hubiera hecho les habrían cazado con las manos en la masa y les hubieran caído más de veinte años de prisión por delito consumado. No hay mal que por bien no venga.

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